miércoles, 20 de mayo de 2009

A Benedetti...Gracias, Mario...







Lo comencé a leer a la edad de 10 años, gracias a todos los libros de él que mi madre atesoraba como recuerdo de su amistad con el Gran Mario, y decídi en homenaje al Grande, y en agradecimiento a mi madre por enseñarme los caminos, ''las tácticas y las estrategias'', ''los tratos'', ''los test de las alergias'' y los poemas del sureño.









A tí Mario



y a ella,



por ser tu amiga.






¿Te acordás hermano que tiempos aquellos



cuando sin cortedades ni temor ni vergüenza



se podía decir impunemente pueblo?



cada uno estaba donde correspondía los capos allá arriba/



nosotros aquí abajo



es cierto que no siempre



logró colarse el pueblo en las Constituciones



o en las reformas de las Constituciones



pero sí en el espíritu de las Constituciones/



los diputados y los senadores



todos eran nombrados sin boato



como representantes de ese pueblo






Ahora el requisito indispensable



para obtener curules en los viejos partidos



y algunos de los nuevos es no pronunciar pueblo



es no arrimarse al pueblo



no soñar con el pueblo



incluso hubo un ministro mexicano



(Sabines Dixit) que en el sesenta y ocho



unos meses después de Tlatelolco



dijo / con el pueblo me limpio el culo



después de todo el tipo era sincero






Por otra parte en las obras más doctas



de los historiadores de oficio



el pueblo aún figura en las notas al pie



y en el último tramo de la bibliografía



pero el voquible pueblo/ en general/es contaseña de las catacumbas



de los contactos clandestinos



de las exhumaciones arqueológicas






De vez en cuando surge un erudito



que descubre que Engels dijo pueblo



que Gramsci el Che Guevara y Rosa Luxemburgo



que Mariátegui y Marx y Pablo Iglesias



dijeron pueblo alguna que otra vez



y ciertos profesores



que todavía tienen en sus armarios el pañuelo rojo



llevan a sus alumnos al museo



para que tomen nota disimuladamente



de cómo eran las momias y los pueblos



y claro los muchachos que absorben como esponjas



se levantan sonámbulos en mitad de la noche



y trotan por los blancos corredores



diciendo pueblo saboreando pueblo



mas como en la vigilia vigilada



ya nadie grita ni murmura pueblo



hay en las calles y en plazoletas



en los clubes y colegios privados



en las academias y en las autopistas



una paz algo densa/ a prueba de disturbios



y un silencio compacto/ sin fisuras



algo por el estilo del que encontró Neil Amstrong



cuando anduvo paseando por la luna sin pueblo.