Y te fuiste, y no tuve el coraje para verte partir.
Siempre se me han dado mal las despedidas, y sabes de sobra que cuando me pongo nerviosa hablo de temas inconexos, y cruzo y descruzo las piernas y no sé que diablos hacer con mis manos aún cerradas de tanto apretar.
Sabes que me muerdo el labio inferior tratando de no hablar de más y de no decir cosas que -honestamente- ninguno de los dos quiere escuchar.
Porque sí, ambos lo sabíamos... esto era transitorio, temporal... todo lo contrario a perenne o ad perpetuam.
Pero el hecho de que lo supiese con anticipación no me hizo manejarlo, ni me ha hecho más fácil el superar-lo.Ni el superar-te.
Sabes de sobra que soy adicta al autosabotaje y a los comportamientos autodestructivos, y que tú no ibas a ser la excepción. Por más especial que fuese, que fueras... que eres, mi instinto destructor y vicioso no iba a calmarse con tu partida.
Y te fuiste sí, y yo comencé mi festín de locuras y excesos.
De fiestas hasta la madrugada, de tragos, de vestidos cortos, de cantar a todo pulmón, de labios rojos. De besos apurados contra la pared de un antro, de llanto escondido, de manoseos impropios.
Caí en un zapping afectivo lleno de encuentros casuales e intermitentes, de sexo sin sentimientos, de ''nomeimportanadasolovoyadivertirme''.
Te fuiste y fue como si me hubiera antojado de subirme a una montaña rusa ebria e intoxicada de barbitúricos, y que mi carrito de velocidades fuese un hombre -el menos indicado para este momento- y yo sabía que las montañas rusas me ponen indispuesta y me dan ganas de vomitar, y cuando me bajo termino hecha mierda y maldiciendo el momento en el que decidí subirme a una... pero es que coño...
Esos 30 segundos que dura el paseíto a toda velocidad por las alturas es tan intoxicante y orgásmico que me hace querer subirme, una y otra vez... hasta que tu vuelvas, o llegue alguien que me impida subirme a ella y me lleve de la mano a una atracción más segura dentro de la Feria del Amor...
