sábado, 31 de marzo de 2012

Ella y el. Saber/Aparentar

El asunto con Ella es que sabe mucho más de lo que aparenta

Esa actitud de niña inexperta que adopta cada vez que EL hace acto de presencia responde solo al pánico que le tiene al amor. A enamorarse, o peor aún, a que se enamoren de ella, y que ella sea capaz de amarle de vuelta.

Ella sabe que siempre corre el riesgo de enamorarse, y que ese parapeto de mujer ''en control, carente de emociones, cero cariñosa'', no es más que una fachada a punto de desmoronarse. Una fachada que solo necesita a un EL para tambalearse.

EL, por su parte tiene miedo, un miedo que se escribe con eme de México, y de ''mejor no, gracias''. El miedo que tiene EL, está justificado, digamos que a diferencia de Ella que no cree -ni un solo poquito- en las relaciones, EL ha pasado la mitad de su vida involucrado en una relación de pareja estable, de celebrar aniversarios, de planear vacaciones juntos, pero como todo, un buen día se levantó y se vió viviendo una mentira, un parapeto pues.

Y así estaban las cosas cuando Ella y EL se encontraron, ambos cargando sus respectivos parapetos, con ganas de mandar todo al mismísimo carajo y comenzar de cero.

Y se dieron permiso, claro está, de pretender no estar tan mal, estar normal, de fingir que podían llegar a algo casual, valiéndose de esas trampas que la distancia pone en el camino de dos extraños que juegan a estar juntos, revueltos, en un código postal distinto, en un lugar donde todo está permitido.

Ella solo quería querer, creer que a las 9 o a las 6 de la tarde podían llegar a quererla, así como estaba, remendada de tantas malas relaciones, fatigada de ir de cama en cama, negada a seguir follando sin contemplación.

EL, en cambio ya había querido, y lo habían querido de vuelta, y estaba totalmente negado a querer de nuevo. 

Pero EL, sabía que Ella era una tipa diferente, con otro nombre, otro cuerpo y distintas ganas de reír.

Y sí, es cierto, ella sabe aparentar, pero con él es tan transparente que ya ninguna artimaña le resulta efectiva. Pero EL, sabe a ciencia cierta que no tienen que cuidarse las apariencias.



viernes, 30 de marzo de 2012

Ella y el. La casa siempre gana.

Ella y EL están en el mismo libro. En la misma página, en una historia que está empezando a escribirse. Una historia en la que Ella y EL son protagonistas, pero que la trama aún no está del todo definida.

Ella y EL comenzaron este idilio en un código postal diferente, donde las reglas son distintas, donde amanece a deshoras, donde Ella podía salir con la ropa del día anterior, y EL se sentía cómodo durmiendo a su lado. EL tenía un pasado que no estaba tan resuelto como pensaba. Ella cargaba un equipaje emocional con el que se podían llenar dos maletas y escribir 4 libros. 

EL y Ella estaban juntos, revueltos, separados.

EL la quería, sí, la quería en México DF a eso de las 5:30. La quería sobre Reforma a golpe de 12 de la noche. La quería en el hotel, de madrugada. La quiso a las 9am de un domingo cualquiera, en unas sábanas frías y ajenas.

Ella, ella lo quiso. Lo quiso un domingo a las 7am encima de un taxi saliendo de San Andrés, y lo quiso en la mesa de un Sanborns a eso de las 3pm de un lunes que parecía una eternidad. Ella, ella lo quiso, lo deseó con los paréntesis de las piernas cuando rondaban las 10 de la noche de un sábado de farra. Ella lo quiso, sí, bajo un cielo que era demasiado mexicano para pertenecerle a alguien.

Se quisieron, claro está. Con las manos, los dedos, los labios, con la piel. Con la madurez necesaria para decir ''ya basta'', ''aquí no'', ''espérate''. 

Se quisieron, con todos los sentidos, y a veces con la razón.

Ella sabía muy bien en lo que se estaba metiendo. EL, bueno, EL suponía de antemano que las cosas iban por buen camino. EL, decidió apostar, apostarse, apostarle a Ella, apostarle a esto. Ella, se metió en este juego con la mano que tenía para jugar, no la mejor mano -es verdad-, pero con su cara impertérrita y sus artimañas, por si la jugada no sale tan bien y hay que engañarlo (a EL).

Ella, Ella sabe que pase lo que pase, aún cuando la amen en Caracas, a eso de las 6:30 de la tarde, en este juego la casa siempre gana.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Ella. EL.

Ella se había habituado al zapping afectivo, lleno de encuentros casuales e intermitentes. A las llamadas en horario de burdel, a los mensajes inapropiados llenos de ganas de dejar mordidas en los hombros.

Ella, se había acostumbrado a despertar sola, en la mitad de una cama completamente hipócrita. Estaba cómoda en ese ''cuando-donde'' en el que no hay segunda persona del plural, en un sitio en el que no hay cabida para el ''nosotros''. Una especie de ''no-relación'' en el que solo había sexo, pasiones y uno que otro gesto que raya en el ''cariño acomodaticio de dos soledades juntas''.

Ella ya era una maestra en el arte de follar sin apegarse, de coger sin agarrarse cariño, sin soltar ''te quieros inapropiados'', sin abrazarse después de acabar, sin quedarse a dormir con el incauto de turno. Ella, ya era experta en el asunto de ''en mi casa, en 15minutos. Ve preparado''. Sabía cuando era el momento oportuno para vestirse, fumarse el último cigarro e irse.

Ella, tenía tanto tiempo en el ''follar'' que había olvidado que existían otras cosas igual de placenteras. Haía olvidado lo que era el sexo tierno, de ''me gustas mucho y quiero prolongarlo'', de ''quédate aquí, a mi lado'', de '' vamos a dormir juntos''.

Ella, incrédula y cara dura como era, desconfiaba de cualquiera que se acercara con esas intenciones. Pero como no hay ciclo que no termine, ni fecha que no se cumpla, un buen día apareció EL.

EL, no era para nada el prototipo de folla-amigo con el que ella solía interactuar, no se parecía en nada a cualquier ''sex partner'' que se le pudiera antojar a Ella, más bien era el típico chico con el que se podía compartir un café y unas risas a todo volumen. EL tenía más pinta de mejor amigo-paño de lágrimas que de amante.

EL supo colarse poco a poco, primero escuchando las anécdotas que ella narraba sobre las ganas que le tenía a ese pobre pendejo con pinta de conquistador venido a menos. Después, EL, se enfocaba en hablarle de cualquier cosa, en acercarse en plan de ''no me atraes ni un solo poquito''. Luego, una noche, en la que ELLOS eran los únicos sobrios, les tocó compartir un taxi, que a falta de espacio sentó a Ella encima de las piernas de EL, mientras EL le sujetaba la mano fuertemente.

Después de ese día, Ella, que sabía leer muy bien las señales, decidió ir a por EL. Conquistarlo, metérsele por los ojos, por los poros, en la cabeza. Ella, que bastante bien se le daba eso de seducir, lo invitó a quedarse con ella, a pasar la noche, a ver que sucedía, con la esperanza de que se cumpliera su teoría, de que EL no fuera la excepción que confirmase la regla.

Pero Ella, estaba totalmente equivocada. EL, era más que un sexo esperando ser bien recibido. EL era todo sonrisas, piropos, cosquillas, era naturalidad en su máxima expresión, era complicidad, ternura. EL era como volver a tener quince años, y permitirse, en la libertad de una ciudad ajena, ser toda risas en la calle, ser besos de buenos días, abrazos de ''es hora de dormir''. Bailes impropios de ''vámonos ya a estar solos''.

EL llegó, no sabe aún si para quedarse o no.

Ella está aquí, esperándolo... para ver si se queda -del todo- a su lado.