jueves, 26 de agosto de 2010
De este lado de la libertad

Quisiera esperarte de este lado de la libertad,
de la libertad que se representa teniendo unos veintipocos
y un poco más de veinte tipos -de amores-
acumulados entre la piel, las ganas
y las sábanas arrugadas de las camas
que se vuelven oficiales verano tras verano.
Quisiera darme un regalo que no me recuerde a la tristeza, al pasado tan pisado y a veces tan mal vivido.
Telepatía
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Déjame proponerte algo. No pienses nada indecente, no te apresures. Lo único que quiero es saber si tú y yo podemos jugar a leernos la mente, a saber que dice cada gesto, a entender que significa cada silencio. Quiero saber si nos conocemos tanto como para entendernos sin hablar. Porque yo siempre hablo y tú solo escuchas y porque pedirte que cambiemos los roles será inútil, yo me quedaré quietecita tratando de oírte y tú solo resoplarás un ‘’bah’’ –te conozco-.
Solo quiero que nos miremos, largo y tendido, como las veces que te miro a través del retrovisor y te veo así, inalcanzable, distorsionado y cochinamente accesible. Como las veces que me miras por el vidrio frontal del carro todos los días y te parezco una visión matutina y distante.
Me gustaría que saborearas las primeras palabras que me dijiste, la firma desteñida que dejaste en una de mis camisetas, los textos que te he escrito de manera pública y notoria, pero que en privado me avergüenzan. Quisiera que con solo un gesto, un beso o una mirada, que con una caricia furtiva dijeras todo aquello que no has dicho porque tú mismo te lo impides.
Grítame al oído que deje de frenarme, pídeme en silencio o en susurros que deje las fronteras a un lado. Mentalmente retrocede el tiempo y cambia mi primera vez. Vuelve al inicio de los tiempos y borra las religiones, las barreras absurdas que insisten en separarnos, pero créalas de nuevo apenas te diga el te amo que he callado –alguno de los dos debe mantener la cordura-.
