jueves, 26 de agosto de 2010

Dejar de pensar

Dejar la gris monotonía, por este sin vivir constante...

Dejar la paz en que vivía, por este infierno delirante...

Lo admito a veces las hormonas le ganan la batalla a todos mis miedos, a mis elucubraciones, a mis razonamientos lógicos. A veces las ganas superan todas las fronteras y caigo, ruedo, juego, muerdo y pierdo... A veces entiendo que me es muy difícil seguir pensando, y que debo dejarme llevar...simplemente explorar, o lo que es lo mismo; sentir sin pensar, solo dejarse llevar...



De este lado de la libertad


Quisiera esperarte de este lado de la libertad,

de la libertad que se representa teniendo unos veintipocos

y un poco más de veinte tipos -de amores-

acumulados entre la piel, las ganas

y las sábanas arrugadas de las camas

que se vuelven oficiales verano tras verano.


Quisiera darme un regalo que no me recuerde a la tristeza, al pasado tan pisado y a veces tan mal vivido.

Telepatía


Déjame proponerte algo. No pienses nada indecente, no te apresures. Lo único que quiero es saber si tú y yo podemos jugar a leernos la mente, a saber que dice cada gesto, a entender que significa cada silencio. Quiero saber si nos conocemos tanto como para entendernos sin hablar. Porque yo siempre hablo y tú solo escuchas y porque pedirte que cambiemos los roles será inútil, yo me quedaré quietecita tratando de oírte y tú solo resoplarás un ‘’bah’’ –te conozco-.

Si quieres nos sentamos en la mesita esa que queda en el parque de tú casa, para que no salgas tanto de tu zona de confort y dejes caer ese velo de misterio que durante 7 años ha estado entre los dos, sabes que sigo sin entender si el velo es un telón o un abismo.

Solo quiero que nos miremos, largo y tendido, como las veces que te miro a través del retrovisor y te veo así, inalcanzable, distorsionado y cochinamente accesible. Como las veces que me miras por el vidrio frontal del carro todos los días y te parezco una visión matutina y distante.

Quiero que recuerdes que la esquina exterior de mis ojos mira todo con reproche, que aunque no quiera te tengo fusilado en mis pupilas y que tú nombre de contacto se me grabó en idioma braille a los lados de mi torso que solo han sido abrazados por ti después de días duros y tristes. Porque inexplicablemente tus abrazos solo me llegan en época de duelo, en los momentos festivos siempre me faltan.

Me gustaría que saborearas las primeras palabras que me dijiste, la firma desteñida que dejaste en una de mis camisetas, los textos que te he escrito de manera pública y notoria, pero que en privado me avergüenzan. Quisiera que con solo un gesto, un beso o una mirada, que con una caricia furtiva dijeras todo aquello que no has dicho porque tú mismo te lo impides.

También quisiera que me agarraras la mano como la vez en la que me hiciste tocar la herida que te hiciste después de un paradón al estilo Casillas, o como aquella vez que me hiciste rozar tu barba, para luego volverme adicta a acariciarte la parte posterior del cuello cuando manejas, sabes que es mi manera de recordarte –en silencio- que de una u otra manera mis huellas dactilares están escondidas por ahí.

Déjame entenderte por un minuto o por cinco, déjame recordarte que no dejaré de quererte nunca, y que esto que tenemos es un suplicio kármico, es un capítulo de mi libro que seguirá sin concretarse.

Grítame al oído que deje de frenarme, pídeme en silencio o en susurros que deje las fronteras a un lado. Mentalmente retrocede el tiempo y cambia mi primera vez. Vuelve al inicio de los tiempos y borra las religiones, las barreras absurdas que insisten en separarnos, pero créalas de nuevo apenas te diga el te amo que he callado –alguno de los dos debe mantener la cordura-.

Hazme tuya a base de miradas a corta y larga distancia. Deséame como si fuese la única mujer del mundo. Hazme creer que soy para ti un capricho de tu sistema Neuro Endocrino de Facto y no la musa silente de todos tus desvelos.