Y empieza diciembre, y con él la época de las listas, los regalos, los conteos, las fiestas. Las horas de música y risas, las colas para los sueños y los descuentos. Con diciembre llegan los días de melancolía y de escapatorias, las canciones para bailar y los momentos en los que las cámaras son insuficientes para captar tanta felicidad.Llegan las reuniones infinitas, la gente que está lejos, las excusas para beber todos los días. El ambiente festivo se apodera hasta de las oficinas más serias y las sonrisas de los niños pareciesen el fondo de pantalla de todas las miradas.
Y yo no soy una niña y aún sigo disfrutando diciembre.
Esos episodios familiares de poner el arbolito, armar el nacimiento, oír musiquita decembrina y reírse como locos de las ocurrencias de otras épocas. Yo amo diciembre porque me sabe a familia.
A mí, diciembre me suena a gaitas, a canciones cantadas tantas veces en las misas navideñas del colegio, a abrazos interminables, a besos de despedida. A solidaridad y a entrega, a viajes inesperados, a salidas improvisadas.
Diciembre tiene la peculiaridad de hacer que todo sea más bonito y llevadero, abunda la escarcha, el sueño profundo, las luces titilantes, los dulces y el frío. En este mes todo se perdona, o se olvida, o al menos se archiva en un lugar de la memoria blanco y cuadrado como la ceguera del maestro Saramago.
Diciembre es como el tío bonachón y rumbero de todas las familias, el que echa chistes, el que sabe refranes cómicos y populares, el que siempre tiene un regalo adecuado para todos, el que llama todo el mes para cerciorarse de que nos veremos el 25. Es ese tío que te llama a media mañana del 24 para recordarte la pea que agarrarán después. Al menos así es diciembre para mí.
Diciembre es como el tío bonachón y rumbero de todas las familias, el que echa chistes, el que sabe refranes cómicos y populares, el que siempre tiene un regalo adecuado para todos, el que llama todo el mes para cerciorarse de que nos veremos el 25. Es ese tío que te llama a media mañana del 24 para recordarte la pea que agarrarán después. Al menos así es diciembre para mí.
En diciembre se me juntan las ganas, se me aviva la esperanza, se me quitan los complejos, se evaporan las pesadillas.
En diciembre todas las distancias me parecen cercanas y todos los caminos me llevan a ti, y ya sabes que las distancias y los cuerpos desnudos se hicieron para recorrerse.
En diciembre todas las distancias me parecen cercanas y todos los caminos me llevan a ti, y ya sabes que las distancias y los cuerpos desnudos se hicieron para recorrerse.
Diciembre se mezcla con mi cumpleaños, con los presentes recibidos y las palabras nunca dichas. En diciembre se me revuelven los secretos y confieso los más lascivos deseos. En diciembre todas las excusas son válidas, todas las intenciones son buenas.
Se cometen más excesos y menos faltas, más personas se acuestan, otras tantas son besadas, pero a muy pocas las dejan en diciembre. Ya saben la gente que no hay peor cosa que una navidad solitaria.
Según las estadísticas nos arreglamos más y estamos listos y dispuestos como los scouts para cualquier evento.
¿Si diciembre es todo eso...por qué solo dura 31 días?





