Te conocí hace ya no sé cuántos días, (traté de no llevar la cuenta así como para no apurar las cosas, ni encasillarnos en matemáticas ni días de calendario, que bastante mal que nos hacen las cifras).
Fue así, entre jugueteo y casualidad.
Ese día no se porque carajo me empeciné en ir a un toque de un grupo cualquiera en vaya a saber que terraza de esta ciudad, mi Ciudad de la Furia.
Me medio arreglé, tampoco quería esforzarme tanto. Llegué, entré, saludé… tanteé el terreno, y nada. Ni un solo prospecto.
Me senté tras mi trago y empecé a jugar distraídamente con el encendedor, una de mis amigas empezó a hablar de los músicos y de cómo eran todo un gentilicio, de sus peculiaridades, y me dijo ‘’el baterista es lindo’’.
Me reí, y pensé ‘’vaya vainas que tiene mi amiga’’.
Pasaron un par de minutos o un par de tragos hasta que te ví, sentado en un banquito hablando con el vocalista y el guitarrista de la banda y ahí me cayó el veinte del asunto (yo ya conocía a la mitad de la banda…solo me faltaba conocerte a ti). Esperé que acabara el toque, me retoqué el labial rojo un par de veces, sonreí y traté –sin éxito- que te fijarás un poquito en mi.
Aborté la misión y me dediqué a disfrutar la noche con mis amigas, con mi actitud de ‘’no me importa nada/ tú te lo pierdes/ no pienso mover ni un dedo/’’, me llegaron un par de tragos a la mesa, los acepté y en el medio de la confusión te vi de nuevo, estabas recogiendo tus instrumentos, ibas y venías en un vaivén casi musical cargando cajas y demás periquitos sonoros.
Ya estabas casi listo para irte y en un ataque de valentía etílico decidí voltearme y presentarme, me dijiste tu nombre y yo fui a sentarme. Apenas llegué a la mesa otra de mis amigas me dijo ‘’Te veo lenta, devuélvete’’, y movida -no sé si por el ron, los cigarros o lo lindo que me parecías- hice que me pidieras el número.
Venía ya caminando con cara de ‘’al menos el hombre tiene mi número’’, cuando empezó mi subconsciente a sabotear, vino otro ron, otro trago y medio cigarro y mi celular vibró solo en la mesa.
Lo cogí despreocupadamente pensando en que tal vez sería la carcelera de mi madre preguntando a que horas llegaría a casa cuando vi que era un sms del músico en cuestión, o tuyo, para empezar a tutearte como es debido.
Y traté durante todo este tiempo de no escribir sobre ti, ni sobre nuestras maravillosas y escasas salidas, y traté de no pensar en tu forma de mirar y en tus puntos de vista tan radicales, ni en tu barba ni en el hecho de que le vayas al Barça.
Traté –sin éxito- de que te desencantaras de mi, para así yo evitarme el sustico de que me gustes más de la cuenta.
Pero sencillamente es un intento fallido.
Me gustas, y por más que trate de alejarte si quiero tenerte a mi lado. No sé por cuánto tiempo, pero tenerte a mi lado. Tal vez duremos lo que dura una canción de Pedro Aznar o tal vez seas todo un playlist en mi ipod…no lo sé.
Quiero que seas -por los momentos- mi toque acústico... mi disco unplugged...
Solo sé que me gustas, y que eso –al menos ahora- es suficiente.

