sábado, 29 de enero de 2011

Reencuentros.

Ella y él. Luego de uno que otro encuentro maravilloso y algunos encuentros fallidos volverían a reencontrarse, en marzo, cuando impávida la primavera llega dispuesta a alterarlo todo.

Ella lo esperó detrás de inmigración, en ese espacio en el que tendrían que despedirse y encontrarse en varias ocasiones a lo largo de los años.

Allí estaba él, sonreía a través del plexiglás mientras le entregaba los documentos a la funcionaria de aduana, mientras ella nerviosa, lo miraba de lejos e intentaba –sin éxito-  arreglarse el cabello.

Un minuto, dos, tres… parecía una eternidad el trayecto que separaba el camino entre inmigración y la especie de sala de espera/pasillo/recibidor del aeropuerto, y era tanta la ansiedad que el mundo parecía girar en slow motion. Él la miraba y sonreía más y más a cada paso que lo acercaba a ella, a ella se le iluminaba el mundo al observarlo así, de cerca y tan feliz.

Al final del recorrido él puso la pesada maleta en el suelo y se detuvo frente a ella, a unos escasos centímetros de su rostro, se sonrieron como por primera vez. Ella se puso de puntitas y se colgó del cuello de él, e instantáneamente halló el espacio cóncavo donde alguna vez había reposado tranquila.

Fue un abrazo intenso, de esos que buscan transmitir el amor de meses acumulado entre bits y bytes de un monitor, entre los píxeles y los mensajes de texto, entre correos, dm’s y tweets. Un abrazo que al fin pudiera estremecer cada célula del cuerpo, cada poro de la piel.

Un abrazo que pudiera recordarse en los momentos en los que la globalización y la tecnología ayuden a mantener entre ellos un poquito de pseudo-cotidianidad.

Cuando salieron del aeropuerto rumbo al carro, iban tomados de la mano, él arrastrando la maleta y ella llevando consigo tantos sueños compartidos, se miraron un par de veces más y llegaron al automóvil.

 Ella abrió la compuerta trasera y le dijo a él que subiera el equipaje. Él atento subió la maleta; se miraron una vez más y él dijo; ‘’si quieres manejo’’; ella le respondió con un ‘’estás cansado, deja y yo lo hago’’.

Subieron en silencio, no hacía falta entre los dos mediar ninguna palabra, palabras dichas, gastadas e intercambiadas había entre los dos, y de sobra.

 Ella fue a ajustarse el cinturón de seguridad y en ese instante coincidieron ambos cuerpos, chocaron un poco, hubo un roce extraño entre ella y él, una mirada sensual y la tensión sexual acumulada en los meses empezó a causar estragos.

Empezaron a besarse como si no hubiera mañana, y mientras aumentaba la intensidad de los besos un torrencial aguacero hacía que el cielo se viniese abajo, tal vez para crear atmósfera o para callar los gemidos que próximamente serían la banda sonora de éste encuentro.

Ella se pasó al puesto del copiloto que ocupaba él, sentada a horcajadas se desvistió con la pericia de una bailarina exótica y con la premura de una mujer que lleva mucho tiempo deseando ser amada. 

Volaron camisetas, chaquetas, los botones de la camisa de él se desperdigaron por el piso del carro, se bajaron cierres…manos y labios divagaban por los cuerpos, tocando, besando, sintiendo.

Era verdad, se deseaban, tanto o más que la primera vez que, impacientemente, habían decidido pasar a lo físico.

Al cabo de un rato, él le preguntó ‘’ ¿estás tratando de seducirme?’’. Ella dijo; ‘’No, estoy tratando de amarte de una vez por todas y con todos los sentidos’’; y justo allí encendió el motor.

Frases Sueltas XIV

Si supieras TODO lo que mi imaginación puede hacer contigo,

cuando no estás aquí...

regresarías sin dudarlo.

jueves, 27 de enero de 2011

Frases Sueltas XIII

Y habíamos prometido hacer un roadtrip juntos.Porque es en éstos viajes donde uno se descubre, donde uno es y está

No era un típico viaje por carretera, porque tú y yo no somos de ese estilo. No había carro, ni ruta establecida, ni mapa al cual mirar ,ni exceso de equipaje.

Éramos tú, la moto, la distancia entre east coast and west coast y yo, que iba abrazada a tú cintura, con el cabello al viento y sintiendo el aroma de tú cuerpo, sabiendo que la adrenalina y el deseo generan sensaciones parecidas.

Y justamente así entendí, que aún cuando tenga miedo...no hay otro lugar donde prefiera estar, que allí contigo.

sábado, 22 de enero de 2011

Antojo

Y lo que más deseo esta noche es que amanezcamos así.

Confesiones ante la borra del café.


Una escena común, una ella (preciosa, bajita, vestida de jeans y camiseta blanca, con converse amarillos y lentes de pasta), está frente a frente con un él cualquiera (vestido con un sweater gris oscuro, jeans negros y zapatos deportivos del mismo tono), están en un café anónimo en una ciudad igual a cualquier otra,  esperando sus respectivos cafés. Antes estaban hablando y la chica le había tratado de decir algo a éste él, cuando este la interrumpió para hacer el pedido.

Él: ¿Qué me ibas a decir cuando te interrumpí?

Ella pensó: “que si te miro me transpiran las manos y que si me tocas se me acelera el corazón. Que si te ríes, te iluminas y creo que si en ese momento me filmasen el alma, me vería como una tonta, en technicolor y arcoírica, etérea y volátil. Que a veces me imagino cómo sería despertarme contigo, y reírnos de cosas que nadie entiende. Que no soy tan dura como piensas, ni tan racional como crees. Que me das ganas de decirte lo que siento al estilo chick flick:

Que quiero jugar a las escondidas y decirte cuánto me gustan tus zapatillas y sentarme en el borde de la bañera mientras te bañas y hacerte masajes en el cuello y darte besos, y enjabonarte el cuerpo y mirarte provocativamente mientras te envuelves con la toalla.

 Y que me gustaría  irme contigo a cenar y que no me importe que comas de mi plato, ni que me ayudes a elegir el postre. Y verte en la calle para encontrarnos en alguna estación y hablar del día a día, de nuestras vidas y rituales profesionales. Y tipear tus cartas, y consignar juntos nuestros documentos, y que haya un buzón a nuestro nombre para que justo allí se acumulen las facturas, que las revistas de suscripción lleguen a nombre del Señor y la Señora seguidos por tú apellido.

Y quiero llenarte la vida de  listas, de post-its, de besos dibujados en el cristal empañado del baño mientras te afeitas por las mañanas, y quiero meterte papelitos en el bolsillo de tú saco para que los descubras cuando llegues al trabajo. Y quiero  reírme de tus paranoias y regalarte discos que nunca escucharás y ver películas buenísimas y pésimas y quejarme del programa de radio y sacarte fotos cuando estás durmiendo y levantarme para prepararte café con medialunas y galletitas.

Y, después ir a tomar vino durante la cena de los viernes, y que me enseñes la diferencia entre un Merlot y un Cabernet y dejar que me robes los cigarrillos y que nunca tengas encendedor y contarte lo que vi en la tele la otra noche en la  que te quedaste dormido a la mitad del documental, y recriminártelo con mi voz aniñada, y picándote el ojo, para que sepas que hay entre nosotros mucha química y complicidad. Y ordenarte la ropa por colores, y tratar de ser más organizada, y dejarte siempre una sorpresa en tú mesa de noche. 


Y ayudarte a vestir por las mañanas,y hacerte el nudo de la corbata, y buscarte el maletín y despedirte en la puerta, para arreglarme yo e irme a mi trabajo. Y que los domingos nos levantemos tarde y desayunemos juntos en la terraza, leyéndonos en voz alta los titulares de la prensa, y que andemos en fachas ese día, tú en bóxers y yo en pantaletas y alguna camiseta tuya enorme, y un par de medias porque odias que mis pies se marquen en el piso del apartamento. Y que vayamos al teatro, o a una galería o a una cata de vino todos las semanas para revivir la pasión aunque no nos haga falta.

 Y acompañarte al oculista, al doctor, y hacerte entender cuando salgamos del médico, del banco, y del juzgado que TODO VA A ESTAR BIEN. Y darte la mano fuerte cuando vamos por la calle, y dejar que me abraces por la cintura, y que me des besitos en la punta de la nariz, y que coloques tu mano por mi trasero sin ninguna contemplación.

Y hacer un esfuerzo por  no reírme de tus chistes, ni de tus manías infantiles, y tratar de entender que te encantan las comiquitas y los videojuegos, que no soportas la política en exceso ni que te hable –exclusivamente- de mi vida académica.

 Y que me sea común desearte, y tener ganas de saltarte encima  por las mañanas pero aún así entender que a veces debo dejarte dormir un poco más, porque estás cansado; que debo dejar fluir mis ansias de besarte la espalda y acariciarte la piel y decirte al oído -como durante nuestra primera vez- cuánto amo tus manos, tú cuerpo, la barba de tres días que te dejas, el perfume que te pones, lo bien que besas, ese espacio cóncavo que hace tú mandíbula con tú hombro en el cual mi lengua se divierte tratando de seducirte de manera loca. Y que amo lo inteligente, amable y considerado que eres, y tú tono de voz ronquito, y la cantidad de años que me llevas, y que siempre estés dispuesto a pedirle más a la vida.

Y sentarme a leer un libro y a fumar en la escalera de la casa hasta vuelvas y preocuparme cuando te atrasas y sorprenderme cuando llegas temprano y no me avisas con anticipación.  Y regalarte girasoles e ir a todas tus fiestas corporativas y bailar y bailarte hasta quedar sudada y despeinada, con el vestido pegadito al cuerpo y susurrarte que ya es hora de irnos para divertirnos solos.

Y sentirme culpable cuando peleamos y no tengo razón, y cuando rompo mis promesas y te defraudo; y  sentirme feliz cuando me perdonas, y me besas, y comprendes mis arranques. Y  mirar tus fotos y desear haberte conocido desde siempre y sentir tú voz en mis oídos y sentir tú piel contra mi piel.

Y tener mucho miedo de que te enojes y pongas la cara de ese domingo fatídico, y que me quites la mano de tú cuello y que repitas la frase ‘’inapropiado’’, y temblar como una niñita porque estás sintiéndote miserable; y tener un temor horrible a que te vayas, o a que algo malo te pase.

Y abrazarte cuando estés ansioso y ser tu sostén cuando la vida te duela, agarrar tú mano con fuerza y mirarte a la cara, y besarte en la frente y que solo con eso sepas que estamos juntos en esto.

Y quiero desearte sólo con olerte y abusar de ti al tocarte y gemir cuando esté a tu lado y gemir cuando estés encima de mi y envolverte toda la noche y morirme de frío cuando me quites la cobija y de calor cuando no lo hagas y añorar el contrapeso que haces en el otro lado de la cama cuando te ausentes por viajes laborales y derretirme cuando sonrías y desintegrarme cuando rías y no entender porqué piensas que te estoy rechazando cuando no lo estoy y preguntarme cómo es posible que pienses que alguna vez podría rechazarte.

 Y preguntarme quién eres pero aceptarte igual y contarte de la niña del bosque encantado, del ángel, de los árboles que hablan y de ésta pobre tonta que voló a través del océano porque te amaba y escribirte poemas y cartas y preguntarme por qué no me crees y tener un sentimiento tan profundo que no encuentre palabras para decirlo y retenerte en la cama cuando te tengas que ir y llorar como un bebé cuando finalmente te vayas.

Y comprarte regalos que no quieras y llevármelos otra vez y suplantarlos con detallitos absurdos que solo un hombre como tú pide y un día cualquiera, dejarme de remilgos infantiles y pedirte que te cases conmigo y que  me digas que sí mirándome a los ojos;y saber que llegaremos a viejos juntos y que nos retiraremos a vivir en un pueblito griego rodeados solo por el mar.


 Y querer todo lo que quieres y pensar que sin ti estoy un poco perdida  y saber que cuando estoy contigo estoy a salvo.

Y contarte lo peor de mí, y aquellas cosas que por temor ni a mi almohada le he confesado e intentar darte lo mejor de mi misma porque tú lo mereces y contestar tus preguntas incómodas aún cuando prefiero no hacerlo y decirte la verdad cuando en realidad no estés preparado para oírla y ser honesta porque sé que tú lo prefieres y pensar que todo se acabó pero aferrarme allí durante diez minutos más hasta que me eches de menos y entiendas que tú  vida sin mi no es lo mismo y te olvides de quién eras sin mi  para así intentar acercarme a ti  porque eres hermoso, y sexy, e inteligente, y caballeroso…en fin porque somos de la misma calaña.

Y quiero aprender a conocerte como me conoces tú, y saber leer los subtítulos que aparecen bajo tus sonrisas, y guardarte las caricias en la caja del recuerdo, y atesorarte los sueños, y desecharte los miedos y hacerte entender que  el esfuerzo que hagamos  vale la pena y hablarte mal en catalán  para que no entiendas mis molestias y así no acumulemos resentimientos y hacer el amor contigo a las tres de la madrugada y de alguna de alguna manera comunicarte algo del irrefrenable amor que te tengo.”

(A lo que ella lo mira, se muerde el labio inferior y dice)

Ella: nada, no tiene importancia.

jueves, 20 de enero de 2011

Me quedé.




me quedé con ganas


de mostrarte pedazos de mi piel,


que la luz del sol no toca.

Frases Sueltas XII

No es el no verte lo que me quita el sueño.


Son las paredes gritando que estoy sola 


y que compre alegrías,


Aceptando lo que venga


obligándome a hacer participar en mi vida a seres extraños,


con la esperanza -vaga- de encontrarte en ellos.

miércoles, 19 de enero de 2011

Juramento

Y yo, que no soy de hacer promesas lo había jurado. Ante la ''moribunda Constitución'', ante el Dios de mis padres, ante el universo entero, un día cualquiera de un julio ordinario lo había jurado, había jurado no volver a enamorarme. Como un pacto, como la tregua que me daba con mi mejor amigo cuando discutíamos en el jardín de infantes. Como todas las veces que dije ''sí, mamá'' para terminar haciendo luego lo que me daba la gana. Como las promesas de los infomerciales que me acompañan en mis noches de insomnio, como los ''por los siglos de los siglos'' y los ''hasta que la muerte los separe''. Lo había jurado.

Como cuando das tú primer beso y pasas toda la noche imaginando la boda perfecta, como los discursos de los políticos para conseguir votantes. Como las declaraciones de los famosos prometiendo tal o cual cosa para enloquecer a los fanáticos. Como el novio maltratador y sus ''nunca más''. Como la novia pendeja y sus ''él va a cambiar/no sabe lo que hace''. Como esas verdades irreductibles. Como aquella premisa que reza ''todo sádico tiene su masoquista''. Como los sermones de los domingos y el Acto de Contrición de un feligrés luego de confesar sus pecados.

Como las dietas en enero, y los lunes, y el ''hoy no salgo''. Como las reincidencias con mi mejor amigo no católico ni apostólico ni romano. Como mi deseo confeso de cogerte, de cogerte la mano, la nuca, el miembro.Como la química innegable que tenemos, como mi mala forma de disimular. Como mis nervios/mis miedos/ mi estupidez. Como tú barba de tres días, como mi respiración entrecortada. Como el sabor entre dulzón y amargo del tinto que compartimos. Como tú título y tú trabajo, tu casa y la carencia total de respeto al factor tiempo.

Yo había jurado, me había jurado, desnuda y frente al espejo que nunca más amaría a nadie, con las vísceras, la piel, los sentidos, la mente y el maldito corazón.

Era un juramento, válido, lícito y posible,como las Obligaciones legalmente contraídas. Al menos hasta que te vi.

Era sábado, hacía frío y todo estaba cerrado, como para que el karma nos jodiera aún más los putos planes. Y había jurado no enamorarme de ti, de la idea de ti, de ningún otro. Pero por alguna razón me abalancé sobre ti y te besé, te manosée y te confesé todo lo que me pasaba contigo. 

Y mandé al mismísimo infierno aquel juramento.

Todo pasó deprisa o no pasó mucho si nos ponemos técnicos. Pero pasó, como mi mano en tú entrepierna, como las tuyas entre mi nuca, mi nunca y mi espalda. Como las llamadas a las 3 de la mañana, como los mensajes compartidos, como el sexting indebido. Como los te-extraño/no te vayas nunca/ vuelve/ y todas las cosas que dije para convencerte. Como mi forma ingenua de seducirte, como la ventaja que me llevas. Como el hecho de que conozcas de sobra mi debilidad, que se llama como tú y me atormenta los sentidos.

Y tú estás lejos, y yo estoy aquí. Con un juramento roto, un corazón que -inexplicablemente- ama, con mis ganas acumuladas entre mi sur atrasado y tú norte liberal. 

Estoy aquí, con mi juramento roto, y tú sigues del lado incorrecto del mar.

Frases Sueltas XI

El tiempo corre y los sentimientos caducan


 ¿o prescriben?.

(Maldita confusión entre caducidad y prescripción).

sábado, 15 de enero de 2011

Lo siento

Lo siento.

Siento mis temores, mis dudas y mis malas decisiones. Los mensajes no respondidos, las llamadas perdidas, las excusas.

Siento fingir ser una mujer cuando aún tengo tanto por aprender. Siento haberte hecho parte de mis planes sin saber, siento la distancia y la globalización que llenó de pseudocotidianidad nuestra nunca concretada relación. 

Siento los correos, las fotos y los tweets, las promesas incumplidas y los intentos -fallidos- de cambiar.

Siento que cambies mi piel por otra que no tenga nada que decir.

Siento las escasas salidas, y lo apresurada que fui. Siento los celos y las archienemigas inventadas y mantenidas por mi, como un pretexto para no entregarme más a ti.

Siento los husos horarios, los códigos postales y mi creencia errada de que el tiempo todo lo puede.

Siento las lágrimas que empañaron mis ojos la penúltima vez que pude verte a la cara, siento las horas perdidas y los días que pasaste esperándome incondicionalmente.

Siento que estés lejos, pero más aún siento que estando cerca te alejé. 

Siento ser tan temerosa, tan incrédula o tan pendeja. Siento el no sentirme capaz de ser amada. Siento el no haber apostado todo por ti, por temor a que fueras como él.

Siento demasiado haber pensado que podías ser un él cuando eres el mejor hombre que he conocido en años.

Siento que siendo el mejor hombre que ha pasado por mi vida haya sido incapaz de enamorarte, retenerte y darte aquello que no te di en el verano; una excusa para que volvieras.

Siento haberte pedido entre mi soberbia y mi inmadurez que te desaparezcas, cuando lo único que quiero es retroceder los días para estar contigo.

Siento no haberme creído los planes hechos por ti, las ganas de jugar a la casita, el futuro juntos y las escapadas románticas. 

Siento no haber estado allí en el verano, ni en las navidades.

Siento que entre los dos solo haya habido un sábado estupendo, un jueves corriente, un domingo nefasto y un lunes extraño.

Siento que dos o tres meses de coqueteo y propuestas indecentes , de canciones dedicadas, conversas interminables solo los haya traducido en cuatro días, un día memorable y otros tres mediocres.

Siento que aún haya un vestido y un usuario en ProNovias y un papelito escrito con mi propuesta de amarte siempre-siempre.

Siento que éste será otro post incompleto...

Idas.

Y te fuiste. Sin dar un portazo, sin dejarme tú voz arrepentida en el contestador. Te fuiste, casi tan rápido como viniste. Sin excusas, sin un ''te echaré de menos''. Te fuiste sin siquiera mirar atrás, sin valorar nada de lo que vivimos/hablamos/pensamos/sentimos


Te fuiste y yo ni siquiera quise verte partir.

Te fuiste, y no pensé que te irías así, no creí posible que lo mucho/poco que vivimos pudiera pasarse tan rapido como pasas las hojas de los contratos aburridos que te toca leer en tú oficina. Creí que tantos ''we're meant to be'' no eran palabras vacías ni excusas para tenerme entre tus piernas.

Te fuiste. Me quedé. Te fuiste porque estás cómodo corriendo más aprisa que el amor. Me quedé porque no tuve el valor de asumirme contigo, de saberme a tú lado. Te fuiste creyéndome cobarde y demasiado niña. Me quedé sabiéndome tan mujer que te arrecha no haberme tenido.

Te fuiste sin mirar atrás porque desde el inicio no te entregaste sin medida, aún cuando crees que fui yo la que lo dió todo a cuenta gotas

Te fuiste dándome una frase lapidaria, de esas tantas que  me dijiste durante la cena del domingo, pero que fingimos olvidar durante la mañana del lunes; ''No eres la chica correcta para mi''. ¿Es que acaso sabes diferenciar quién soy y si soy o no correcta?.

Te fuiste, y apenas llegaste descubriste que tienes un apartamento vacío, una bandeja de correo de entrada que añora mis mensajes y un montón de cuentas por pagar.Me quedé, rodeada de cosas que no entiendo, con un sentimiento de quererte tanto y que tú no lo merezcas. 


Te fuiste porque no quieres invertir tiempo en amar a alguien. Me quedé porque tengo todo el tiempo del mundo para esperarte y convencerte. 

Te fuiste sin sentirte culpable, porque no eres el ''malo'' de este cuento. Me quedé porque para ti ha sido más fácil creerme la ''mala'' que saberme perfecta para ti.


Te fuiste y se que en alguna noche recordarás mis labios en tú cuello, mis manos jugueteando al sur de tú cinturón, mis palabras susurradas en tú oido, mi camisa regada en el asiento de tú carro, tús llamadas a las tres de la mañana, nuestras miradas lascivas, y los planes a futuro. Te fuiste y sé que aún quieres jugar a la casita conmigo, aún cuando lo niegues con todas tús fuerzas. Porque para un hombre es terrible tener que admitir que sucumbió a una niña que es más mujer de lo que creía.


Te fuiste negado a creerme. Me quedé creyéndote posible.

Así que tal vez me encuentres, de frente...en el momento en que menos me merezcas. Pero tranquilo, que aún cuando tú no tengas tiempo, yo tendré de sobra para darte y hacer que creas en ésto como el creyente que se sienta domingo a domingo a escuchar un sermón.

martes, 11 de enero de 2011

ODIOS.

Odio el plagio y la gente que pretende vender ideas de otros como propias. Odio que se abuse del anonimato, y que la gente no asuma su barranco de frente.

Odio la mala ortografía, y la falta de coherencia de alguna gente al hablar. Odio las verborreas de otros y que conjuguen los verbos como ''dijistES, pensastES, hablastES''; odio el ''veníaNOS, estábaNOS'' y demás aberraciones que alguna gente dice de manera natural.

Odio el ''más fino'', las palabras como ''cabello, cachapera, mondongo, sobaco y maruto''. Me parecen niches y ya.

Odio que la gente bote basura a la calle, que no de permiso en el Metro, que escuche su música a todo volumen y atormente al resto de la población que forzosamente debe oírla.

Odio la falta de políticas públicas serias, la gente que se pega a la corneta apenas cambia el semáforo, y los huecos de las calles de Caracas, y los policías acostados que no están debidamente pintados de amarillo. Los ODIO.

Odio el exceso de propaganda política y las cuñas de zapatos Made in Venezuela. Come on, versionar a Justien Bieber en un comercial de cholas SIFRINA'S es terrible, FOR REAL.

Odio que hayan más tetas plásticas que mujeres estudiando para superarse. No tengo nada en contra de las tetas, pero acompáñenlas con algo de materia gris. Odio que le preguntes a alguien '' ¿y tú qué lees?'' y te respondan con libros de Paulo Coelho, Deepak Chopra, Carlos Fraga y toda esa paja del Secreto y la Autoayuda. Señores, los hombres y las mujeres somos del planeta Tierra, dejen de creer en la pendejada de ''son de Marte/Venus'' que por eso estamos como estamos, SOLTEROS y calándonos un poco de dates fallidas.

Odio a los socialistas trasnochados europeos que no son más que unos tarifados para hablar bien del régimen. Sí, amigo de Le Monde Diplomatique es CONTIGO. Odio que los voceros del gobierno no sepan que una doble negación en una oración es una afirmación, sí, Eva Golinger, cuando dijiste que la ''Habilitante no usurpa nada'' dijiste en resumen que lo USURPA TODO. (Two thumbs up pa' la gringa).

Odio que me meta a bañar y después de haberme mojado el pelo descubra que NO hay champú, odio que usen mi ropa sin mi permiso, y que dejen todos los electrodomésticos/equipos electrónicos conectados cuando no se usan.

Odio que Cuevana se guinde, que Twitter no me abra y la gente que escribe pendejadas en Facebook y te taggea en fotos de productos, babe en serio si quisiera COMPRARTE algo te escribiría, no me taggees en tus albums de ''matar tigritos''.

Odio a la Shakira actual, eso de ''LOBA/LOCA/RABIOSA/GORDITA'' es un huge no-no sister... de verdad. Pero aún cuando odio a la nueva Shakira siento que aún todo lo pega, y que a veces me encuentro tan saturada de su musiquita que la canto inconscientemente . (And im crazy but you like it).

Odio que la gente que trabaja en McDonald's sea tan incompetente siempre, y que además te atiendan con cara de culo. Dude, no es mi culpa que estés de ese lado del mostrador, suck it up y se atento con el público, que en esta pelazón al menos tienes un trabajo. (Sad but true).

Odio que se acabe el Nestea, el pudín de chocolate, y el atún en mi casa. Odio quedarme sin saldo/señal en el teléfono. Odio llorar delante de la gente, odio las malas traducciones y las películas dobladas a españoleto.

Odio que la gente que quiero viva lejos, odio las fronteras, los códigos postales, los husos horarios, las visas y todos esos trámites geográficos/administrativos/burocráticos que nos alejan de los que amamos. PUNTO.

Odio cuando hace frío y llueve y me toca estar en clases o en la oficina y no arropadita viendo pelis. Odio cuando el Madrid la caga, odio el malhumor constante de Mourinho, odio a Messi y a Maradroga. Odio que los deportistas,artistas y afines se presten a mariqueras políticas, Pastor Maldonado, El Potro, Dudamel, etc de verdad no lo necesitan, y menos en este país que es full polarizado.

Odio las injusticias, las mentiras, y sentir que todo lo que estudio es una mera utopía. Odio la mediocridad, la gente que cree que con sus ''atributos'' y su dinero pueden pisotear a todo el mundo. Odio a la gente intolerante y las patologías colectivas (por eso odio la estupidez del chavismo y la tesis de que ''lo tienen engañado).

Odio que el ipod se quede sin baterías en un viaje largo de avión o autobús. Odio que no me miren a los ojos, que no me tomen de la mano, y que no me besen con frecuencia. Odio que me subestimen. Odio que el pescado del sushi no esté fresco, odio que el vinotinto no tenga la temperatura exacta. Odio a la gente caletrera y que se copia. Odio la viveza criolla y el ''jugar caribe''.

Odio perder las cosas, odio perder apuestas, odio perder amigos.Odio que las religiones y los países separen a la gente en bandos.Odio los conceptos absolutos, los blancos puros y los negros forro de urna.

 Odio no ganarle la batalla a todos mis miedos, odio ser indecisa, odio no dejarme llevar tanto como antes. Odio las colas de Caracas en días lluviosos, y tener que pasarlas sola. Odio sentirme sola, odio jalar bolas. 

ODIO decir me equivoqué.

Odio amar a distancia, odio querer a medias, odio arrepentirme.

Pero por cada cosa que odio, estoy segura que hay al menos dos que amo con locura, mientras la cuenta sea así vamos tablas. ¿O no?

jueves, 6 de enero de 2011

Dame

Dame. 

Dame todos tus silencios para empacarlos al vacío y así tener como callarme cuando ya no tengamos más nada que hablar.

Dame tus miradas de soslayo para fusilarte en mis pupilas cuando ya no pueda verte más.

Dame tus palabras para usarlas como soundtrack de mis días cuando ya no puedas hablarme en la cotidianidad.

Dame hoy los besos que me has negado, pero olvida que los diste, para cobrártelos después.

Dame los segundos que te sobran para convertirlos en minutos de eternidad contigo.

Dame las caricias que no has dado para que en mi soledad, mis manos tengan como imaginar el roce de tú piel.

Dame las pecas de tu espalda, la sensación de tu barba y todo aquello que aún me niegas por temor a enamorarte.

Dame tú risa nerviosa, tús comentarios subidos de tono, tú carácter inquieto y tu manía de querer a cuenta gotas para poder recordarte y no pensarte como ''uno más''.

Dame lo que quieras, dame lo que niegas. 

Dame lo que sientas, dame lo que piensas. 

Pero dame, que me canso de dar y no recibir.