sábado, 15 de enero de 2011

Idas.

Y te fuiste. Sin dar un portazo, sin dejarme tú voz arrepentida en el contestador. Te fuiste, casi tan rápido como viniste. Sin excusas, sin un ''te echaré de menos''. Te fuiste sin siquiera mirar atrás, sin valorar nada de lo que vivimos/hablamos/pensamos/sentimos


Te fuiste y yo ni siquiera quise verte partir.

Te fuiste, y no pensé que te irías así, no creí posible que lo mucho/poco que vivimos pudiera pasarse tan rapido como pasas las hojas de los contratos aburridos que te toca leer en tú oficina. Creí que tantos ''we're meant to be'' no eran palabras vacías ni excusas para tenerme entre tus piernas.

Te fuiste. Me quedé. Te fuiste porque estás cómodo corriendo más aprisa que el amor. Me quedé porque no tuve el valor de asumirme contigo, de saberme a tú lado. Te fuiste creyéndome cobarde y demasiado niña. Me quedé sabiéndome tan mujer que te arrecha no haberme tenido.

Te fuiste sin mirar atrás porque desde el inicio no te entregaste sin medida, aún cuando crees que fui yo la que lo dió todo a cuenta gotas

Te fuiste dándome una frase lapidaria, de esas tantas que  me dijiste durante la cena del domingo, pero que fingimos olvidar durante la mañana del lunes; ''No eres la chica correcta para mi''. ¿Es que acaso sabes diferenciar quién soy y si soy o no correcta?.

Te fuiste, y apenas llegaste descubriste que tienes un apartamento vacío, una bandeja de correo de entrada que añora mis mensajes y un montón de cuentas por pagar.Me quedé, rodeada de cosas que no entiendo, con un sentimiento de quererte tanto y que tú no lo merezcas. 


Te fuiste porque no quieres invertir tiempo en amar a alguien. Me quedé porque tengo todo el tiempo del mundo para esperarte y convencerte. 

Te fuiste sin sentirte culpable, porque no eres el ''malo'' de este cuento. Me quedé porque para ti ha sido más fácil creerme la ''mala'' que saberme perfecta para ti.


Te fuiste y se que en alguna noche recordarás mis labios en tú cuello, mis manos jugueteando al sur de tú cinturón, mis palabras susurradas en tú oido, mi camisa regada en el asiento de tú carro, tús llamadas a las tres de la mañana, nuestras miradas lascivas, y los planes a futuro. Te fuiste y sé que aún quieres jugar a la casita conmigo, aún cuando lo niegues con todas tús fuerzas. Porque para un hombre es terrible tener que admitir que sucumbió a una niña que es más mujer de lo que creía.


Te fuiste negado a creerme. Me quedé creyéndote posible.

Así que tal vez me encuentres, de frente...en el momento en que menos me merezcas. Pero tranquilo, que aún cuando tú no tengas tiempo, yo tendré de sobra para darte y hacer que creas en ésto como el creyente que se sienta domingo a domingo a escuchar un sermón.

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