domingo, 21 de agosto de 2011

Quiero contarte cuentos.


Quiero contarte cuentos.
(para que no te olvides de mi).

Llevo bastante tiempo escondiéndome detrás de una cantidad de personajes que me invento.

Tal vez los creo para sentirme más interesante, para no ser solo ”la chica que escribe”

Para poder esa que es lo suficientemente buena como para presentar en tu casa y lo suficientemente tranquila como para poder estar con ella. O tal vez los creo para sentirme atractiva, para ser como esas ”femme fatale” de las historias. Para ser la mujer seductora que logra todo lo que quiere, en tacones y además se queda con el chico de la película. O quizás es que me creo un personaje que me permita ser más que la chica simpática de lentes y look Tina Fey. No lo sé.

El caso es que estos personajes existen, y me hacen sentir un poco menos sola.

Creo que la culpa la tienen -en parte- todos los libros y películas que me han enseñado a creer en las casualidades, en la magia, en la ficción y en el destino. Supongo que -a veces- es más fácil escribir sobre lo que anhelo, sobre como me gustaría ser si pudiera nacer de nuevo, o sobre aquello que he querido hacer/decir y por cobarde no he hecho.

Sé que si viajásemos al pasado y dejásemos el miedo a un lado todas las casualidades de las que escribo tendrían cabida. En serio.

Pero estamos aquí, y no en el pasado, por lo que todo esto son puras conjeturas. Y odio que solo sean eso, conjeturas.

Lo que pasa es que durante mucho tiempo he creído -ciegamente- en las historias que leo, en las películas y en alguna que otra canción en la que me he visto reflejada, y es verdad, son cosas que solo ocurren en los mundos de ficción. Pero eso no impide que yo no quiera un poco de esa felicidad para mí.

Yo creo que ahora podría enamorarme de cualquiera que cometiera la insensatez de regalarme un libro, de contarme un cuento. De tomarme de la mano y llevarme como se lleva a un ciego por un museo, de cerrarme los ojos y describirme con palabras alguna pintura. 

Podría enamorarme de alguien que me llevara a bailar y me dejara desatarme como las diosas.

Pudiera enamorarme de alguien que un buen día me llamó y decidió llevarme por ahí, sin ruta planificada, por el solo hecho de querer estar conmigo. 

Y le diría, a ese alguien que es la excepción a la reglaLa excepción a todas mis reglas, incluso a aquella que reza ”prohibido enamorarse”

Por eso digo que podría enamorarme de cualquiera, pero ”cualquiera” no ha llegado aún.
Así que tengo a mis personajes, para ser yo en todos y cada uno de ellos.

Porque todos están llenos de ese ”yo no se qué” que me hace interesante, que me hace distinta, que me llena de ”magia”, por eso es que escribo. Para crearme, para entenderme… para tratar de conocerme y conocerle.

Y mis personajes tienen 3 cosas en común. Me enseñaron a sonreírle al pasado. A vivir el presente. Y a no planear el futuro.

sábado, 20 de agosto de 2011

Quédate.

Quédate allí...


disfrutando de tu vida





libertad.


Quédate allí...


-donde no existe explicación-





nos sobran teorías del amor.


Quédate allí,


en el punto


donde todo comenzó.

(G. ''Quédate'')

lunes, 1 de agosto de 2011

El comienzo del final

El amor suele empezar así, de la nada. 

Nace en un gesto, una llamada, un beso... se empieza a sentir al minuto uno de la primera cita o en la hora número dos del primer año junto a alguien.

 El amor tiene mil maneras distintas de empezar

Viene acompañado de un sinnúmero de síntomas que lo delatan, el corazón acelerado, las mariposas en el estómago, las canciones románticas, las sonrisas inapropiadas, los suspiros espontáneos... los nervios y ese yo no se qué que se aloja entre el pecho, el pulmón izquierdo y las piernas a medio cerrar/abrir.

Así como empieza, intempestivo, imprevisto, incontrolable... así es como suele irse

A veces se va en la mitad de un bofetón, después de una gritería inmensa, luego de algún desengaño, después de un par de discusiones y unas cuántas lágrimas. A veces el amor se marcha dando un portazo y otras tantas se va en un acto de cobardía, en un mensaje de texto o en una nota casi suicida en la mesa de noche del desdichado de turno.

El amor empieza y termina, de miles de maneras distintas. Hay tantos comienzos/finales, tantos saludos/despedidas como enamorados hay en este mundo.

Es verdad, yo no tengo idea de como empieza el amor, hasta ahora solo he especulado basándome en uno que otro comienzo amoroso que he tenido, y ¡bah! que tampoco sé a ciencia cierta como termina. Creo que eso depende de cada amor. 

Lo único que sé, es que el amor nunca suele irse limpiamente, sin aspavientos. 

El amor se va como los tornados, los terremotos, dejando tras de sí una estela de residuos y desechos que son imposibles de obviar.

El amor, cuando decide irse, deja un montón de basura, deja un desastre lleno de rencores, malos rollos, malos entendidos, discusiones, problemas, esperanzas, momentos y sobre todo recuerdos. 

El amor al irse deja recuerdos, buenos, malos, regulares... deja recuerdos en todos lados, en la mente, en el corazón, en la gaveta del escritorio, en la computadora de la sala, en la contestadora... deja fotos, portarretratos, cartas, canciones... películas. 

El amor es incapaz de llevarse consigo su lastre

Porque el amor cuando decide irse ni siquiera se lleva una muda de ropa. Caprichoso se levanta, abre la puerta y se larga, pretendiendo que uno se quede atrás mirando el apartamento del corazón inundado de recuerdos. 

El amor se larga y espera que uno solo se haga cargo de todo lo que éste deja atrás.

Además el amor suele terminarse en tiempos distintos, con diferente intensidad. 

El amor se acaba de manera distinta para cada miembro de la ahora disoluta pareja. Uno sufre, el otro tal vez se siente aliviado. Uno queda con mucho tiempo desocupado, y otro gana libertad. Uno queda con más seguridad y otro lleno de dudas. Uno queda más hundido, y el otro con un poco más de fuerza... 

Solo sé que hay que estar muy seguros de que el amor se ha ido antes de tirar la toalla.

 Uno tiene que asomarse por la puerta y ver realmente que el amor salió, que no tiene ni un ápice de ganas de volver, que se fue para no regresar jamás. Porque si algo sé es que no hay nada peor que limpiar el apartamento del corazón de los despojos del amor, haber roto las cartas, las fotos, los recuerdos, y que el amor se presente luego, a derribar la puerta para reclamar sus cosas. Para reclamarnos.

Porque a veces el amor se va y se instalan la decepción y la desolación, y luego éste no tiene como volver a incluirse en nuestra vida.

Pero lo único cierto es que cuando el amor se va del todo, viene la desintoxicación, el reconocimiento, la sanación, que a veces es producto de horas de catarsis o de sesiones románticas  con el sacaclavos de turno, eso depende, pero la desintoxicación llega, y de repente el amor y su desastre ya no forman parte de nuestra vida...

Y así, sin darnos cuenta todo vuelve a empezar.