Ayer, mi insomnio vino a hablarme, de ti y de mí…
Me dijo que estaba un poco extraviada, como construyendo mi propio punto de inflexión. Le sonreí y le confesé que andaba perdida, y que esa sensación lejos de asustarme me gustaba, tal vez más de lo que debería gustarme.
Pasaron unos minutos y le pregunté si tenía algo que decirme de ti, se mostró esquivo y solo me dijo ‘’él lo está disfrutando’’. Le devolví la mirada y asentí con la cabeza, ‘’eso ya lo tenía claro’’ –le dije-.
Al cabo de unas horas de charla, se aventuró a preguntarme de qué iba esto, si era feliz a tú lado y contigo –que son dos cosas distintas-. Lancé un suspiro, y le dije que sí… y comencé a entretejerle una serie de anécdotas reales e imaginarias, como que no dejo de soñar con tus manos y que la playa ya no será lo mismo el día en que te vayas.
Me acomodé en la cama para hacerle sitio, y le conté lo mucho que me gustas, y que a veces me imagino como sería perdernos en algún lugar, o amanecer juntos en un campamento lejos de todo y de todos.
Mi insomnio no paraba de hacer caras, y de cuando en cuando me decía ‘’va a llegar un día en el que duermas con él y yo ya no tenga cabida aquí’’.
Vi como se le escapaba una lágrima, sonreí con un poco de complicidad y le dije, ‘’pase lo que pase tú estarás aquí, que sé de buena fuente que ahora es que me vienen noches en vela sin él’’.
Seguí mi narración emocionada, contándole las ganas que tengo de caminar de la mano contigo en alguna playa solitaria, de sentarnos en la arena y hacernos fotos de perfil. Que tengo necesidad de tus besos y de tus abrazos. Le hablé de los conciertos, de esa sensación de sentirnos solos pero rodeados de todo el mundo, de los silencios compartidos, de los te quiero que aún no decimos, y de las ganas…
Le confesé que tengo miedo, que me tengo miedo, que nos tengo miedo.
Que tengo miedo de quedarme prendada de ti, y que tengo miedo de que nos queramos.
Tengo miedo de mí sin ti y de este cuándo-dónde en el que estamos.
Con mi risa nerviosa le dije que el miedo estaba porque no sabía si mi ‘’me gustas’’ era similar al tuyo, que ya estoy cansada de no estar en la misma página, pero que sabía –al menos- que tú y yo estamos en el mismo libro.
Me quitó el cabello de la cara, y me dijo, ‘’están en el mismo libro, y no dudes que están escribiendo a dos voces la historia de esta página’’.
Le pedí disculpas, sabía que para él no era fácil escuchar esta historia, sabía que él seguía a mi lado hasta que alguien lo reemplazara… sabía que estaba harto de mis historias de amor y de nuestra soledad compartida.
Sabía que mi insomnio quería irse, pero que no quería dejarme sola, que son sentimientos muy diferentes.
‘’Uno puede tener ganas de irse de algún sitio, eso es comprensible… pero eso no indica que uno quiera dejar al otro sumido en una soledad impuesta y no deseada’’.
Lo abracé, y le dije al oído… ''anda, déjame que te acompañe que no es tiempo de andar solo''.
Me soltó, y dijo: ‘’duérmete, que ya mañana vienen por ti’’.
Desperté y ya el insomnio se había ido, me había dejado una nota en la mesa de noche que decía ‘’volveré el día en que él se vaya’’.





