jueves, 30 de junio de 2011

Conversaciones insomnes.

Ayer, mi insomnio vino a hablarme, de ti y de mí…

Me dijo que estaba un poco extraviada, como construyendo mi propio punto de inflexión. Le sonreí y le confesé que andaba perdida, y que esa sensación lejos de asustarme me gustaba, tal vez más de lo que debería gustarme.

Pasaron unos minutos y le pregunté si tenía algo que decirme de ti, se mostró esquivo y solo me dijo ‘’él lo está disfrutando’’. Le devolví la mirada y asentí con la cabeza, ‘’eso ya lo tenía claro’’ –le dije-.

Al cabo de unas horas de charla, se aventuró a preguntarme de qué iba esto, si era feliz a tú lado y contigo –que son dos cosas distintas-. Lancé un suspiro, y le dije que sí… y comencé a entretejerle una serie de anécdotas reales e imaginarias, como que no dejo de soñar con tus manos y que la playa ya no será lo mismo el día en que te vayas.

Me acomodé en la cama para hacerle sitio, y le conté lo mucho que me gustas, y que a veces me imagino como sería perdernos en algún lugar, o amanecer juntos en un campamento lejos de todo y de todos.

Mi insomnio no paraba de hacer caras, y de cuando en cuando me decía ‘’va a llegar un día en el que duermas con él y yo ya no tenga cabida aquí’’.

Vi como se le escapaba una lágrima, sonreí con un poco de complicidad y le dije, ‘’pase lo que pase tú estarás aquí, que sé de buena fuente que ahora es que me vienen noches en vela sin él’’.

Seguí mi narración emocionada, contándole las ganas que tengo de caminar de la mano contigo en alguna playa solitaria, de sentarnos en la arena y hacernos fotos de perfil. Que tengo necesidad de tus besos y de tus abrazos. Le hablé de los conciertos, de esa sensación de sentirnos solos pero rodeados de todo el mundo, de los silencios compartidos, de los te quiero que aún no decimos, y de las ganas…

Le confesé que tengo miedo, que me tengo miedo, que nos tengo miedo.

Que tengo miedo de quedarme prendada de ti, y que tengo miedo de que nos queramos.

Tengo miedo de mí sin ti y de este cuándo-dónde en el que estamos.

Con mi risa nerviosa le dije que el miedo estaba porque no sabía si mi ‘’me gustas’’ era similar al tuyo, que ya estoy cansada de no estar en la misma página, pero que sabía –al menos- que tú y yo estamos en el mismo libro.

Me quitó el cabello de la cara, y me dijo, ‘’están en el mismo libro, y no dudes que están escribiendo a dos voces la historia de esta página’’.

Le pedí disculpas, sabía que para él no era fácil escuchar esta historia, sabía que él seguía a mi lado hasta que alguien lo reemplazara… sabía que estaba harto de mis historias de amor y de nuestra soledad compartida. 

Sabía que mi insomnio quería irse, pero que no quería dejarme sola, que son sentimientos muy diferentes.

‘’Uno puede tener ganas de irse de algún sitio, eso es comprensible… pero eso no indica que uno quiera dejar al otro sumido en una soledad impuesta y no deseada’’.

Lo abracé, y le dije al oído… ''anda, déjame que te acompañe que no es tiempo de andar solo''.

Me soltó, y dijo: ‘’duérmete, que ya mañana vienen por ti’’.

Desperté y ya el insomnio se había ido, me había dejado una nota en la mesa de noche que decía ‘’volveré el día en que él se vaya’’.

Y estoy aquí, aferrada a que ese día no llegue nunca.








martes, 28 de junio de 2011

Vine a hablar de ti.


Vine a hablar de ti.

De tú manera tan peculiar de saber cuando estoy disimulando, de la música que te gusta oír y que a más nadie parece gustarle. Vine a hablar de ti, de esa cualidad innata de pedirle más a la vida, de esa fobia confesa a la mediocridad.

Vine a hablar de ese modo de mirar que tienes, que me desviste sin pudor. Vine a hablar de tú tono de voz y de cómo te ríes en silencio cuando sabes que estoy a punto de decirte una imprudencia.

Vine a hablar de lo experto que eres haciendo los cambios del carro con una sola mano, para poder sujetar la mía cuando manejas. Vine a hablar de lo bien que cumples tu rol de despertador cuando tienes que levantarme para ir a algún sitio.

Vine a hablar de tú amor por los niños, por los perros y por las actividades al aire libre.

Vine a hablar de tu premisa de ‘’vivir y dejar vivir’’ que tanto me gusta.

 Vine a hablar de tu drama circundante, ese que está siempre presente y del que no quisiera hablar más nunca.

Vine a hablar de tus propuestas de citas, de las colas que te has aguantado para verme. De los primeros besos tímidos, de los pines que nunca llegan. De las películas a larga distancia.

Vine a hablarte de los conciertos a los que me llevas, de las canciones que cantas a todo pulmón, de la vez que te quedaste dormido en la playa, de lo perfecta de tu espalda, de lo bonitas que son tus manos.

Vine a hablar de los dos en esa playa medio solitaria, de lo natural que se siente todo. De lo mucho que disfrutas mi compañía.

 Vine a hablar de ti, y de mí… y de lo maravilloso que es que contigo esté yo, y no ella.

Vine a hablar de tu cuarto y de tu carro, que han sido cómplices de todos estos encuentros. Vine a hablar de tus conocidos y ventajas en aquel bar, de todas las veces que me preguntas ‘’ ¿estás bien?’’, de los cigarros de doña que a veces te toca fumar.

Vine a hablar del hecho de que no te apene presentarme a tus amigos, de que aún quieras agarrarme la mano en público. Vine a hablar de ti abrazándome por la espalda mientras oíamos a Masseratti2LTS.

Vine a hablar de lo bien que besas, de lo mucho que me gustas, de lo caduco que siento que es todo esto.

 De tu escasez de palabras y tu exceso de acciones. De que aún a pesar del poco tiempo sepas complacerme.

Vine a hablar de lo relajado que eres. De tu sistema de creencias en el que todo está bien porque todos los días valen la pena. De los emoticonos que pones en nuestras conversaciones y que yo suelo interpretar en frases elaboradas que sé que piensas pero que no dices. Vine a hablar de los reportes, de los ‘’ya llegué’’, ‘’voy saliendo’’, ‘’baja’’ que sueles escribirme un día sí y uno no.

Vine a hablar de las veces que me has dicho que deje la inseguridad allí, al lado de la ropa que me quitas, que esto se siente bien y que no hay porque preocuparse.

Vine a hablar de tus ganas de hacer el verano un poco más largo.

lunes, 20 de junio de 2011

Dar, recibir-

Es mejor dar que recibir. Al menos eso es lo que creo; por eso yo quiero dando, porque no concibo otra manera de querer.

Y sí, es una posición absurda y hasta incomprensible, porque nadie va a apostarle a una situación en la cual no pueda sacar alguna ventaja. Porque nadie va a arriesgarse para no recibir nada a cambio. 

Nadie da sin recibir, porque somos en esencia interesados.

Por eso es que sé que esto va a funcionar. Porque yo estoy dispuesta a dar, a darte un romance sin dramas, sin conflictos, y tú estás dispuesto a recibir mis besos, mis comentarios inesperados, mis sonrisas inapropiadas... en fin, estás dispuesto a recibir-me.

Quiero que sepas entonces que esto va en un esquema ganar-ganar, esquema que solo tenemos que entender  tú y yo. 

Un esquema de juego en el que tú pretendes no involucrarte y en el que yo finjo que no voy a quererte.

Porque mi interés no es que te quedes, no. Mi interés es más sencillo, es que te interese estar a mi lado hasta que el avión realice su último llamado.

Y que sepas pues, que ''voy a volver a esperarte, aunque no vuelvas del todo''.

sábado, 18 de junio de 2011

Adverbios.

Déjame ser tu adverbio de lugar.


Tú aquí. Mi allá.

viernes, 17 de junio de 2011

Cuenta ascendente, más nunca regresiva.


Uno, el segundo que tomó propiciar el encuentro.
Dos las veces que algo interfiere con nuestros planes de vernos.
Tres, las ‘’citas’’ que hemos tenido.
Cuatro, las madrugadas de sueño invertido en hablarte de mi vida.
Cinco los meses que tengo imaginándote a distancia.
Pero ahora estás aquí.
Y ‘’Si quieres, hacemos el verano algo más largo''

Seis los textos –sobre ti- que he dejado a medio terminar.
Siete, las letras que te nombran.
Ocho los pecados que cometo cuando intento no besarte.
Nueve son los segundos que me tardo en responderte.
Diez los lunares escondidos en mi espalda deseosos de las caricias de tus manos.

Once aquellos mensajes clandestinos enviados.
Doce, las señales que te di antes de besarte.
Trece las canciones que escuchamos en ese concierto gratuito.
Catorce las miradas de reojo que te lancé ese domingo.
Quince las cervezas que separaban mis ganas de tu cuerpo.

Diecisés las veces que te dije que te quería conmigo.
Pero ahora estás aquí.
‘’Si quieres, hacemos el verano algo más largo''.

Diecisiete películas que quiero compartir contigo.
Dieciocho los planes que tengo para ambos.
Diecinueve días estuvo ella tratando de perseguirte.
Veinte las anécdotas intercambiadas entre cervezas y gotas de lluvia.
Veintiuno, los años que tengo cumpliendo en la misma fecha.
Veintidós los motivos que quiero darte 
para que me digas que
 ahora estás aquí…

Y que quieres hacer el verano algo más largo.

lunes, 13 de junio de 2011

Confesión(no tengo idea porque número vamos)

Quiero decirte que me gusta saber que no tenemos -casi- nada en común.

 Porque así, el día en que te subas a tu avión no andaré mortificada recordando todo aquello que ''nos une''. Entonces aunque esto está condenado por un ''boleto aéreo'' yo no ando haciéndome expectativas al respecto.

Así que te propongo algo. Vamos a tratar de no tener un lugar que sea ''nuestro'' ni una canción que nos ''identifique'', no tengamos sobrenombres ni saludos tiernos. Sencillamente seamos tú y yo, sin siquiera pretender llegar a un ''nosotros''.

Sigamos improvisando los planes, que puedo agarrarle el gusto a tanta incertidumbre. 

A los mensajes cifrados de ''Tú.Yo. Almuerzo. Tal Sitio. 1pm''. Sigamos así, que hasta ahora todo ha salido bien. 

Yo prometo no acostumbrarme a nuestras charlas de madrugada. Ni a nuestro amor por los niños. Ni a tu casa, a tus cuadros, ni a tus perros. 

Prometo que me habituaré al ''hanging out'' sin pretender siquiera llegar al ''dating''.

Me gusta que te guste tanto la cerveza como a mí, y que aún cuando frecuentemos los ''mismos sitios'' no los llamemos ''nuestros sitios''

Tenemos prohibido hacer listas de las cosas que nos faltan por hacer antes de que te vayas, mejor hagámoslas y luego tú las tachas, cuando ya estés lejos de aquí.


No puedes decirme de nuevo que te conozco más que tanta gente. No puedes. No vuelvas a pedirme permiso para besarme. 

No hagamos planes para ''mañana'' entendiendo que, las cosas de mañana siempre se conjugan a futuro, y que eso -al menos por ahora- no nos compete a nosotros.

Mejor dejamos todo eso para cuando nos sepamos de memoria las carreteras de nuestros cuerpos.

Y sí, no tenemos -por ahora- muchas cosas en común, salvo que me encantan tus manos, y casi toda la música que escuchas. Incluso hasta me parece atractivo el modo en el que te haces una cola en el cabello cuando te ataca el calor. Me gusta que ambos seamos unos ''quejicos de profesión'' y que podamos comer de todo, sin pudor ni vergüenza.

 Me gusta saber que no crees en el drama aún cuando yo -a veces- lo encuentro excitante. 

Y que como dice Fito ''cuando vos decidís elegir la razón, yo prefiero siempre un poco de caos''.  


Además ya sabes que me encanta cantar en la ducha, y yo sé que te molesta la gente que lo hace.

 Sé también  que siempre ves el lado positivo de las cosas y que eso no te hace ser ''pendejo'', sino optimista. 

Es importante saber que mantengo la calma cuando tú -por despistado- la pierdes y que podemos estar en el mismo sitio cerquita y que seas incapaz de captar mis señas evidentes que dicen ''deberías besarme''

Que sepas, sin lugar a dudas que me gusta gustarte... y que le tenemos el mismo miedo a los aviones. Yo tengo cuando despegan y tú... cuando aterrizan.

Tengo ganas de quererte y de que lo hagas.(al menos hasta que hagan el último llamado al vuelo con destino a tú sabes dónde).

viernes, 10 de junio de 2011

Un poco de Realidad.

Fulano, en algún momento de valentía o de estupidez visualicé mi futuro contigo. Lo transformé en una carta que fue leída por 800 personas cuando tenía apenas 21 años. En ese momento, Fulano… era romántica e idealista. Ahora no lo soy.

Hoy estoy frente a ti, y frente a todas estas personas sin ser ni un poco romántica, ni idealista. Hoy estoy aquí segura y confiada, segura de amarte con todo lo que soy y lo que tengo, con lo que he vivido y con lo que aún sueño.

 Estoy confiada Fulano, en que tú y yo hacemos un buen equipo.

 Un equipo que tiene la fortaleza para superar las pruebas que la vida nos coloca día a día, pero con la certeza de que hay momentos para luchar juntos y otros momentos en los que cada uno tendrá que elegir su batalla, pues para algo somos un equipo.

Fulano, no vine a hablarte ni a narrarles a ellos el momento en que supe a ciencia cierta que quería compartir mi vida contigo, ni vine a decirte a ti que esto será hasta que la muerte nos separe, porque mi amor, no puedo prometerte una eternidad, porque somos tiempo y espacio, solo puedo prometer amarte, tratarte con todo el respeto del mundo y darte todo aquello que pueda hacerte un hombre feliz.

El amor que te tengo es tolerante, comprensivo y paciente. Está lleno de bondad, de cariño y de ese yo no sé que que me hace mirarte con la misma devoción que el primer día. 

Solo tengo para ofrecerte mi amor, que está dispuesto a llenarte de felicidad, de buenos momentos para soportar los malos tiempos, que sirva para darte ánimos y ‘’para ser tu sostén cuando la vida te duela’’.

Supe que me casaría contigo en ese instante en el que descubrí que siempre ‘’estás dispuesto a pedirle más a la vida’’. Imagínate, yo... que pasé media vida pensando en que el día de ''sí,acepto'' no me llegaría nunca. Las vueltas que da la vida Fulano. 

Te ví, te conocí, nos hicimos novios...y el día menos pensando me dí cuenta de eso, de que eres ese que quiero ver todas las mañanas, que es contigo con quién quiero compartir mis alegrías, mis derrotas. Y me encanta sabernos ciertos y distintos, me encanta que tengamos todo/nada en común, que tengamos tantas cosas similares y a la vez tantas diferencias. Porque contigo todos los días es verano, o de noche... porque contigo el mundo gira un poco más deprisa, o soy yo que de tanto pasarlo bien a tu lado siento que va más rápido todo.

Quiero decirte, Fulano que mi amor está dispuesto a secarte las lágrimas, a atesorarte los sueños, a guardarte las caricias en la caja del recuerdo, a llenarte el día de listas y de risas. Mi amor está aquí, diciéndote delante de la gente todo lo que en la intimidad ya te he hecho saber, porque no me avergüenzo de quererte, ni de querernos. Porque quiero ir por la calle de tu brazo y saber con tan solo mirarme la mano derecha y ver este anillo que en algún lugar estás tú, y que estamos juntos en esto.

No te prometo una ‘’familia perfecta’’, para nada. Prometo darte una familia en toda la extensión de la palabra, con nuestros enfados casuales, con una que otra rutina, con un par de discusiones tontas y con mucha realidad.

Tal vez eso es lo único que puedo prometerte. Un poco de realidad, una realidad que día a día construiremos juntos, una realidad que se ve materializada hoy en este anillo, que será el signo inequívoco de nuestra relación, de nuestra unión, de la consolidación de todo aquello que durante todo este tiempo hemos comenzado a dibujar.

Así que heme aquí. Confiada y segura. LLena de realidad.

sábado, 4 de junio de 2011

Certeza.





Contigo tengo la certeza de haber encontrado algo especial. Pero para nada definitivo

Quizás.

Volvamos a ese tiempo donde los días eran solo segundos,
y


las horas se convertían en besos...


Volvamos a eso, porque ahora todo es un quizás...


y los quizás no son siquiera unidades de tiempo.

miércoles, 1 de junio de 2011

Mala memoria

Solía tener mala memoria, era una maldición/bendición con la que llevaba 21 años viviendo. Hasta que apareciste tú. Y la mala memoria se me fue a la mierda.

Mi mala memoria estaba allí por una razón elemental, ‘’si no me acuerdo no pasó’’, ‘’si no te recuerdo la vida sigue’’, ‘’si no conservo detalles en el lóbulo temporal podrás desaparecerte sin dejar huella’’.

Mi mala memoria era mi mecanismo de defensa.

Era lo que me libraba de estar pensando demás, de llenarme la cabeza de ideas, planes y proyectos ‘’ a futuro’’, de ‘’vida en pareja’’.

Pero llegaste tú, e instalaste un cuarto de servicio en mi cabeza.

 Al inicio no le presté atención, era un espacio tan pequeño el que ocupabas que me daba hasta lástima desalojarte de allí.

 Y te fuiste poniendo cómodo.

Mudaste tus canciones, tus discos, tus instrumentos… Colocaste un par de afiches del Barcelona, y un futón. Y pensé ‘’déjalo, un par de cositas-recuerdos, no le hacen daño a nadie’’.

Al menos eso creía.

Pasaron un par de meses y ya el cuartito te quedaba pequeño, por lo que astutamente moviste un par de paredes, agregaste un anexo y ya te habías construido un apartamento tipo estudio en mi memoria. Con balcón, vista al Ávila, espacio para un piano, una batería y para todos aquellos eventos que hemos protagonizado juntos.

Y me dio ternura. Sí, ternura.

Podía verte allí practicando solfeo, haciendo anotaciones en partituras, quejándote del ‘’doble pedal’’ de la batería. Gritando goles del Barça eufórico. Y te dejé en paz.

Como quien quiere y no quiere la cosa empecé a acomodarte los muebles, a aparecerme todas las noches en tu apartamento dentro de mi memoria, a hacerte ‘’la visita’’.

Empecé a acostumbrarme a tu presencia. Peor aún, empecé a acostumbrarme a tus recuerdos.

Hasta hoy, que me dio un yo no sé que entre el pecho, el pulmón izquierdo y el lóbulo temporal y sentí la necesidad imperiosa de darte un ultimátum.

A ti y a tus recuerdos. Un aviso de desalojo, o un recibo de condominio, no lo sé.

Si te quedas, es hora de que pagues. Que tu memorabilia no puede ocuparme espacio de gratis, ni en el apartamento de mi cabeza, ni en el maletero de mi corazón.

Si te vas, pues fírmame el desalojo, y entrégame las llaves del apartamento sin hacer muchas concesiones, sin un ‘’pobrecita’’, sin la gritería que antecede a un fiasco.

Así que pase lo que pase, te quedes o te vayas, házmelo saber, que no puedo hacer nada bien con esta incertidumbre.