martes, 23 de octubre de 2012

Frases sueltas XXI

Desnúdate,
que hay tormenta...
y
llueve por no llorar.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Direcciones opuestas

Y eso es lo que tienen los aeropuertos, que unen y separan a la gente, que traen consigo una melancolía de proporciones épicas. Eso, y que tú y yo estamos condenados a tomar malas decisiones, como ésta que hoy nos coloca en caminos paralelos, pero en direcciones completamente opuestas. (Al menos el destino tiene el buen tino de alejarme de ti sin tener la necesidad de verte partir).

Espérame allí, en la puerta número 6, o en la de la 402. En el mismo punto donde todo comenzó.

jueves, 23 de agosto de 2012

Cuéntame un secreto.


Cuéntame un secreto a las 4: 45. Dame un beso mitad mentira/mitad verdad en el tráfico de la hora pico. Abrázame con ternura a medianoche, y desvísteme con pasión al amanecer. Dime eso que quieres decirme desde hace días y que tú alter ego precavido te impide exteriorizar. Bésame hoy como si no hubiera mañana. Atrévete a ser algo distinto conmigo. A hacer las cosas que tu madre te dijo que no hicieras. Escápemonos un sábado después del desayuno, y regresemos el domingo a la hora de la siesta. Haz ruido. Canta, baila, grita. Lánzate al agua sin fijarte si es lo suficientemente profunda. Tómate un descanso y escríbeme. Ve tu película favorita, e imita conmigo la escena que más te gusta. Cierra los ojos, y escucha la ciudad. Las voces de la gente, los sonidos de los carros, los pasos de los transeúntes, la brisa. Brinda contigo, conmigo, por ti, por mi, por ellos. Ríete hasta que quieras llorar. Llora por ese que eras, y que hoy entierras. Vuelve a rendir cuentas con el mar. Dame la mano al cruzar la calle. Memorízame con tus manos como si fuera un texto en braille. Repáralo y que no vuelva a estropearse. Deja de juzgarte tanto. No des más explicaciones. Actúa. Haz lo que yo obedezco. Ten miedo, ten fé, en igual medida. Sigue creyendo en la humanidad. No te decepciones de nada, al menos no ahora. Aspira mi aroma, drógate con él. Déjame ser capaz de bailarte el agua. Créate un personaje, un acento, un motivo. Encierra a los fantasmas.Coquetea con el presente. Ignora todo mi pasado. Subestima mi futuro. Olvida las malas palabras. No revuelvas el pasado. Concédeme un instante. No me sobreestimes. Ven a salvarme desde el otro lado de la cama. Pídele perdón a mi hombro izquierdo. Préstame atención. Devuélveme la risa. Invéntame una guerra que me quepa en las dos manos. Firma tu sentencia. Extráñame los días de lluvia. Córreme de tu vida en un día soleado. Aparta los clichés de nosotros. Aléjame de todos mis lugarescomunes. Deja de escucharme. Cállame a besos. Súplicame. Tenme paciencia. Corrije mis faltas. Expía mis temores. Ignora mis abolladuras, juega con mis costuras descosidas. Dí que soy hermosa, aunque esté rota por todas partes. Tómame. Cree. Crea. No pienses tanto. No pienses más. Vive. Lame tus heridas y continúa. Deja de regodearte en tu miseria. Comparte las migajas de tu vida conmigo, únelas a mis trocitos de felicidad. Vamos a acompañarnos. LLévame contigo. Quédate conmigo. Camina a mi lado. Seamos amigos, y todo lo que queramos; pero mientras tanto, cuéntame un secreto a las  4:45.

viernes, 3 de agosto de 2012

Desvestir o imaginar.


Silencio. 

Un silencio cómplice de un encuentro que ha sido tan ansiado como pospuesto. No hay ruidos, tal vez la respiración de ambos, de manera casi imperceptible para los sentidos. Sentidos que están presentes. Expectantes. Una puerta se cierra, una luz tenue se enciende.Una luz que es lo suficientemente fuerte como para dibujar perfectamente la escena, pero tan sutil que pareciera no estar siquiera iluminándolos. Ella y él. Ella, él y las ganas. El deseo. Es cierto aquello que dicen, en todo encuentro erótico siempre hay un tercero presente; la imaginación. Ambos deseándose, a la expectativa de quitar todo aquello que sobra, queriendo darse un abrazo de esos en los que la ropa, más que nada estorba.

Él se acerca, con cuidado de no romper la magia del momento. Se da cuenta que ella está nerviosa, que una gota de sudor resbala por su cuello, y va a perderse de vista en el medio de sus senos. Con toda la cautela del mundo, el comienza a acariciarle el rostro, con sus manos delínea el borde de su cara, llega a su cuello y se detiene, la mira fijamente. Con lo cerca que están podría abalanzarse sobre ella y darle un beso, pero se contiene -ya habrá tiempo para besarla como es debido-. Con delicadeza baja uno de los tirantes de la camiseta, percibe la redondez de su hombro, acaricia ese espacio perfectamente cónvaco que hace su cuello con el inicio de su busto. Repite el movimiento, de manera casi mecánica, como si obrara por inercia en el hombro izquierdo. La blusa pierde firmeza y se desliza hasta quedar presa en la frontera que hacen los jeans, dejando al descubierto sus pechos, que firmes, esperan el momento en el que él los acaricie. Levanta la mirada, y la mira de nuevo. Los labios de ella están entreabiertos, como si quisiera dejar escapar algo, un grito, un gemido, un suspiro. Pero lo mira, y se reprime. Piensa que tal vez es demasiado pronto para dejar que salga en torrente; el miedo, el verbo y las ganas de sentir.

Él la mira sin parpadear, como fusilándola en sus pupilas. Como queriendo grabar este momento a fuego sobre la córnea y verla y reconocerla aún cuando cierre los ojos.

Un ruido interrumpe la escena. Un bip cada vez más metálico se escucha por toda la habitación. Es el celular de él, sonando, con la respectiva lucecita roja titilando en la pantalla. Rápidamente, y con violencia lo coge: ''Maldito celular'', dice. Revisa el mensaje con ira, hasta que una sonrisa atraviesa su rostro:

''Te he enviado un mail. Espero que estés pasándolo bien.''.

Él se pasa la mano por la cara, de manera descuidad; ''vaya manera de joderme las fantasías''.

sábado, 28 de julio de 2012

Sola, y en celo.

Y valiéndose de las palabras de otro, me dijo:

Eres una mina rara. ''Una mina brava. Que cuando no la tenés, la lloras. Y cuando la tenés, la querés tirar por la ventana''.

Con esa frase retrató la imposibilidad manifiesta de amarnos. De estar juntos. Dando la estocada final citándome algo de ''Ciudad en Celo'', una película argentina. Mezclando en una sola línea el dolor que me produce no tenerle, con las ganas de ir a Buenos Aires a rescatar lo que por derecho me pertenece.

 Aislándome de una vez por todas, construyéndome una cárcel de palabras, para dejarme así, enjaulada, sola y en celo.

lunes, 23 de julio de 2012

Conjugar.


¿Y si, solo esta vez, conjugamos al mismo tiempo el verbo amar? (sin ''peros'' que valgan)

martes, 17 de julio de 2012

La venganza de los recuerdos

Los recuerdos escogen siempre el peor momento para aparecer. Para recordarme lo que fue. El pasado regresa dispuesto a atormentar. A jugar con el pensamiento, con el corazón, a revolverme todo aquello que creí superado. Los recuerdos nunca juegan limpio, ni siguen las reglas. Tienen siempre un as maldito bajo la manga, una canción, una frase, un gesto que los acompaña. 

Tus recuerdos son necesarios y hasta repulsivos. Y esa combinación me da tanto miedo que no me quiero atrever siquiera a alborotarlos. Pero me conoces, y sabes que se me da muy bien eso de tontear con el pasado, de reincidir, de acercarme peligrosamente al fuego a ver si jugando me quemo, si vuelvo a sentir algo de una vez por todas.

Sí el pasado y tus recuerdos me dan la razón y me obligan a quedarme quieta. A dejar todo exactamente como estaba o si por el contrario se alían para que reescribamos la historia, nuestra historia.

Porque sé que te herí, que bastante daño te hice cuando elegí el polvoteo continuo, en vez de estar a tu lado lo más que pudiese. Pero creo que tú, me hieres ahora, con la venganza de tus recuerdos. Con esa manía de enredarme la existencia, con tu aparecer sin dar previas señales, con tu constante forma de inundarme los sentidos.

El asunto es que tus recuerdos disfrutan enredándome la vida de esa manera tan perversa. Y creo, querido, que gracias a ti me pasaré media vida intentando descifrar qué es el amor para mí.

martes, 10 de julio de 2012

Adiós?

Tengo tan buena memoria que ya sé como acaba esto.

Conmigo, sin saber decirte adiós.

Contigo, siendo el campeón mundial de las despedidas.

viernes, 22 de junio de 2012

Carta.


Fulano;

Quería decirte que me faltaron demasiadas cosas contigo. 

Que nunca nos fuimos de viaje, ni caminamos de la mano por Caracas. Que DF nos quedó pequeño. Que no te llevé a Morrocoy. Ni fuimos a comer a CONOS, que no pude demostrarte que cocino mejor que tú. Quise volver a dormir contigo, no una, sino miles de veces. Quise secuestrarte un día para así demostrarte que éramos un buen equipo. Me faltó enseñarte todo lo que he escrito, y escribirte todo aquello que no se me ha ocurrido aún. Quise pasear de la mano contigo, y que no volteases nervioso a ver si conocías a alguien. Tampoco te mostré mi lugar favorito para escribir, ni te conté porque tengo una relación amor-odio con el romanticismo.Tan solo tuvimos 7 días de felicidad plena, un par de meses llenos de encuentros cercanos del tercer tipo, una cantidad ridícula de conversaciones insomnes y un final abierto, de pésima película húngara que aún no tiene secuela. Quise enseñarte mi mundo, pero no tuvimos el tiempo justo para hacerlo. Quería que me apretaras de noche, justo antes de dormir, y que pudiera arroparme con tu sweater. Quise creer en la posibilidad de hacer ''un México cada día''.Quería intercambiar cuentos graciosos de todos los amigos en común. Quería mirarte en mitad de una fiesta y que con solo una mirada entendieses. Quería que necesitaras besarme cada día, y que si alguna vez no podías, enloquecieras. Quería más razones para no olvidarte, para seguir siendo como un perro fiel, viejo y descolocado. Quería quedarme a tu lado, perdiendo el tiempo, que nada importase, que me ataras con una cuerda que apretara demasiado. Quería ser tu tabla de náufrago, tu salvación y tu condena. Quería ser tu diversión de viernes por la noche, y tú tranquilidad de tarde de domingo. Quería que me abrazaras después de hacerlo, que me miraras a los ojos aún estando desnuda. Que no me soltaras. Que repitiéramos y no saliéramos de ese huracán. Que solo fuera para cambiar de posición o lugar. Quería sentir que hasta Portugal se quedaba pequeño para nosotros. Quería un nosotros. Quería una delimitación de lo nuestro que nos separase de ''todo lo demás''. Quería que te dieras cuenta. Que podríamos haber sido ''a kick ass couple'', poniéndotelo en inglés. Que me dedicases algo de tu tiempo, que me permitieras entrar a tu vida por la puerta de enfrente. Quería sonreírle a la gente y decir ''es que nosotros nos adoramos'', así en principio y partícipe del verbo adorar

Quiero creer que ''nos amaremos'', aunque sea eso el futuro incierto de la primera persona del plural. Quiero pensar que podremos ser nosotros otra vez, en otro sitio.Pero aquí solo estás ''tú'' siendo solamente la segunda persona en esta conjugación verbal. Y más acá estoy ''yo'', la primera persona dentro de esta vasta soledad.

martes, 19 de junio de 2012

Frases Sueltas XX

Ahora mismo debería de tener tu cara entre mis rodillas.
Debería estar gritando -dame más-
Pero hace frío, y no estás.

Acariciando otro fracaso se fue,
todo lo nuestro de golpe.
¿ahora quién se esconde?


casualidades

A veces creo que es cierto, que todo encuentro casual es una cita. Que lo que opera en nuestras vidas no es más que la casualidad moviendo esos hilos invisibles que hacen que nos topemos con ciertas personas, a determinadas horas, y en lugares específicos. Quizás es que de tanto leer a Kundera y a Cortázar me he vuelto más fantasiosa y menos pragmática. O tal vez es que prefiero creer en la casualidad a pensar en que inconscientemente me toca encontrarme contigo para terminar de darle cierre a esto, para bajarle el telón a esta obra que no se estrenó jamás. Para acabar con este amor que no pasó del intento. O lo que yo llamo casualidad no sea más que el karma cobrándome tantos desengaños, tantas jugarretas pasadas, tantas historias de una noche.Creo, que todo lo que ha sucedido entre los dos, en ese espacio en el que tus silencios solapan mis preguntas, mis reproches. Coño, definitivamente los recuerdos escogen insólitos momentos para aparecer. Como tú. Después de todo este tiempo de no verte ni en mis sueños, de no tenerte fusilado en las pupilas tienes 48 horas apareciéndote -casualmente- en los sitios que frecuento, en el ascensor, en el pasillo donde -antes- nunca coincidíamos, en la mesa con mis amigos. En el jodido andén del metro. Con 6 millones de habitantes, ¿cuáles son las probabilidades de verte tan seguido en el metro?. En serio. ¿Por qué?. ¿Por qué ahora?. ¿Por qué así?. Porque ahora debo probar que no me importas. Que seguí adelante. Que eres eso, un recuerdo de algo que no se concretó.Que no eres más que uno de mis tantos lugarescomunes. -Porque sí, cuando las cosas me duelen, suelo escribirlas todasjuntas, como las ganas que te tuve, como los encuentros entre los dos, como todo aquello que sucedió entre el ''mucho gusto'' y el posterior ''seamos amigos''-. Quiero creer en el poder del diálogo, en que esta serie de casualidades que la vida urde para encontrarnos en tantos terrenos son la última prueba, en que no nos quedará más que fingir que todo entre ambos es tan ridículamente fácil que podemos unir fuerzas y lograr grandes cosas juntos. Como el equipo que nunca fuimos. Como la pareja que ya no seremos. El único consuelo que tengo -al menos por ahora- es que luego me encuentres, de frente, cuando menos me merezcas, y dirás, con ese tono de voz tan ronquito que usas cuando quieres golpear con una verdad inmensa; ''un día entenderás por qué lo hice. Es lo único que puedo decirte''. Y yo, sonreiré, sabiendo que mientras más excusas me inventes, te inculparás cada vez más y más, demostrando casualmente que tu cobardía es tu cualidad más atractiva.

martes, 12 de junio de 2012

Incertidumbre.

No quiero vacaciones compartidas. Ni citas programadas. Ni sucumbir al ''misionero''. Ni llamarte ''cariño''. Ni darte los buenos días-noches-madrugadas. No quiero llorar cuando te vayas. Ni reír como loca si regresas. No quiero dejar de ser quién soy, ni pienso pedirte que te amoldes a mí. No voy a caer en el estira y afloja de las relaciones de pareja. No pienso instaurar rituales entre los dos. Ni hablar de aniversarios, ni regalitos cursis.Yo no espero más de ti, tú de mí, ni hablar. No quiero tener tu foto en mi buró, ni un swéater tuyo en el armario. No quiero ser tuya. No quiero conjugar verbos en plural. No pienso sentarme a completarte el sudoku, ni voy a dedicarte canciones en la radio. No quiero que combinemos nuestros atuendos cuando vayamos juntos a algún lado. No voy a decirte ''novio''. No quiero creer en títulos. No voy a tomar tu mano. Ni a besarte como descontrolada. No voy a pedirle a la vida que nada te pase. No pienso darme cuenta de tus errores. Ni voy a ensalzar tus virtudes. No voy a gritarle al mundo que te quiero. Ni voy a contar los minutos que paso a tu lado. No pienso nombrarte copiloto de mi risa. Ni dueño soberano de mi cuerpo. No quiero incluirte en todos mis planes, ni dejarte de lado, por completo. No quiero escudriñar en tus miedos, ni revolver en la caja del recuerdo. No pienso buscar en ti lo que no se me ha perdido. No quiero que te acuerdes de todo lo que hemos pasado. No necesito que le cuentes a tu entorno lo importante que soy en tu vida. No ambiciono mucho, tan solo quiero experimentar contigo,
 la incertidumbre de vivir.

lunes, 11 de junio de 2012

Instantes.

Experto como era en frases trampa me dijo un ''adiós'' que parecía una invitación a seguir jugando ese jueguito malsano en el que se da-se pide-se entrega la vida, que un ''esto se acabó''.

A su lado aprendí que la poesía une cuerpos, que los lunares se hicieron para descubrir dibujos, que hay cosas de las que es mejor no hablar.

Juntos no éramos más que un par de soledades fingiendo acompañarse. Fanáticos confesos de eso que llamamos ''instantes''. Para mí la vida eterna dura solo un rato; para él la vida son instantes que desperdiciamos aceptando compromisos.

Yo le juré un presente, un hasta luego, y un último polvo, con la promesa de que nuestra despedida sería como lanzarnos de una azotea e ir saludando en cada piso. Un adiós lento, lentísimo, tortuoso, colmado de chow, de bautizo con trago en la cara, de escena de celos en mitad de un bar, digna de alguna película de Almodóvar. 

Este telón se cierra. Comienzan a aparecer los créditos de nuestro cortometraje. Mientras el público se levanta de sus sillas, con cara de haber presenciado una pésima película húngara, yo te espero aquí, para darte mi más sentido bésame.

Ser-estar.


Antes, encontrármelo era tan común como respirar. Era solo cuestión de conjugar azar y buena suerte, para verlo allí, en el vagón del metro, con la misma expresión que tenía la primera vez que lo ví, de pie, en la puerta de la 422. En el punto donde todo comenzó. (Dónde debí decirle, 'quédate allí'). 

Hoy, lo único que quiero es gritarle; ''Quédate allí, disfrutando de tu vida y libertad''.

Tal vez no supe conjugar mis ofertas con sus demandas. O quizás no le dí suficientes razones para quedarse. Tal vez me faltó mirarlo a los ojos y decirle: ''quédate''. Quizás, mis argumentos no eran los indicados. Tal vez no es de esas personas capaces de quedarse siempre en un lugar. 


Él quería irse. Yo quería verlo llegar, volver. Él no iba a quedarse. Yo no iba a seguirlo. Él no era. Yo sí estaba. Él no era para mí. Yo si estaba dispuesta a serlo, para él.

domingo, 10 de junio de 2012

Palabras prestadas: no te pude retener

A veces tengo que recurrir a palabras prestadas, porque las que tengo para darte/decirte/gritarte no son suficientes. Estas, son de Vanessa Martín, española, compositora, cantante. Te las dejo, como una última carta a lo que nos faltó.



Nos quedó irnos de viaje,
compartir locuras nuevas...
Nos quedó aquel tatuaje
de tus manos en mis piernas...


Nos faltaron desayunos,
y caricias en la mesa...
Te faltó mirarme a solas,
y pedirme que volviera...


No te pude retener, entre tanta multitud... 
Tu cuerpo quería más vivir, y yo vivir en ti, sin más...
Tu cuerpo quería más vivir
y yo vivir en ti, sin más...


Nos quedó un par de canciones
que bailar sin más vergüenza...
Nos sobraban tentaciones
y dejarnos de apariencias...


Nos faltaba el compromiso,
nos quemaba la impaciencia...
De buscarnos sin permiso,
anda y vístete,
que ya no llegas...


No te pude retener,
entre tanta multitud
tu cuerpo quería más vivir
y yo vivir en ti, sin más...

sábado, 26 de mayo de 2012

Quizás.

Te me has ido desdibujando y ya no me tiembla el pulso si te veo. Tampoco es que eres un completo extraño, no nos engañemos, pero ya no está ese dolorcito instalado en el pulmón izquierdo, ya no cruzo/descruzo las piernas si te veo. No tengo encharcadas las pupilas, ni incendiada la mirada. Ya no me castigo escuchando a Sabina, ni reviso el vagón de Metro exhaustivamente antes de subirme, no te evito, más no frecuento los sitios donde sé que puedes estar. Llámalo cobardía, yo prefiero llamarlo autodeterminación. Todavía no recupero mi dignidad, pero ahí voy, dando ''baby steps'' para superar ese yo no sé qué que tuvimos y no duró. No lo niego, a veces intento pensarte, pero estás tan borroso en mi memoria que lo que tengo son fragmentos inconexos que no dan ni para un buen café, ya no eres el tema recurrente de mis charlas, ni mi ensoñación predilecta a la hora de conciliar el sueño.No recuerdo cuando nos besamos por última vez, ni lo que tenía puesto el día en que me desnudaste.No sé de que color sosn tus ojos, ni el tono de tu voz.No te pienso con detalles. No te extraño a ti, pero no voy a mentirte, echo de menos el sexo. ¡Qué buen polvo eras, condenado!. Pero el deseo solo no te bastó, y yo me merezco algo que dure más que un buen orgasmo. Y es ridículo, sí, que yo, la soltera cotizada, acostumbrada como estoy a mis encuentros casuales e intermitentes esté sumida en el más absoluto celibato. Créeme, no es por ti, es solo que estoy redescubriéndome. Que si tan solo quisiera orgasmos, ya sé como conseguirlos por mi misma. Yo necesito romance, cariño, complicidad. No te culpo, eso también quiero dejártelo claro. El problema -al menos esta vez- fui yo. Yo y mi empeño en idealizarte, en volverte mi tabla de náufrago, en inventarte cualidades y tratar de encasillarte en ese molde de ''lo que busco en un hombre''. Eres tan solo un niño grande, y eso está muy bien, estás en todo tu derecho a serlo, y te luce, y es oportuno que lo seas ahora. Me cansé de las medias tintas, de las ambivalencias. Yo ya no estoy para acumular ''quizás''. 

miércoles, 9 de mayo de 2012

Pasar la página.

Y sí, ayer creía firmemente en que podíamos ¿volver a comenzar?... En que podría dejar de lado tanto ego y orgullo y darte el chance, esperarte, entenderte y todos esos verbos asociados. Pero hoy, en mitad de un día nefasto, de lluvia y sentimientos encontrados, de ganas de espetarte a la cara tus cuatro verdades, descubrí que  no vale la pena. Y no, no es que tú no valgas la pena, es que perder el tiempo ya no es una opción para mí. Porque no tengo abriles, ni mayos que entregarte. Porque sigo adelante, como he seguido desde hace 2 o 3 semanas, ya ni llevo la cuenta. Y porque me miré al espejo, y descubrí que no soy solo una tipa guapa, que tengo tanto para dar, que es imposible entregarme sin recibir nada a cambio. Gracias a ti, entendí que mi teoría de 'es mejor dar que recibir' no era más que una auto-justificación para conformarme con las migajitas que el susodicho de turno me tirara. Porque entendí que por más sed que tenga no me gusta lamer las esperanzas directo del piso, y porque hoy, un ser humano, desde el otro lado del charco me escribió un texto de esos que sacan lagrimitas de felicidad. Porque él, sin conocerme sabe describirme. Y no solo eso, así como él, hay tantos otros, y otras, que saben que valgo más que este convenio tácito de esperarte. Porque hasta ella, que vive en su mundo de poesía y felicidad me dijo que no tengo porque mendigar nada, a nadie, nunca. Porque antes, había un él que me dedicaba canciones en catalá, que pretendía constituirme hasta una hipoteca, y yo lo dejé ir, por ti... que ni siquiera tienes un hoy que ofrecerme. Porque me cansé, de ti y de esto. De la espera. De la apatía. De la omisión. De fingir normalidad. De pretender. De aceptar. De resignarme. De conformarme contigo. De no valorarme. De tratar de convencerte de que valgo la pena. De esforzarme por llamar tu atención. Me cansé, de rogar, de insistir,de esperar. Porque la espera pasa, y pesa. Y porque ya, a estas alturas se con certeza lo que me corresponde y lo que no me merezco.  No seré rencorosa, ni falsa, te agradezco el abrirme los ojos, el retarme día a día. Los momentos divertidos, los chistes internos, la complicidad temporal. Te doy las gracias, sinceras por la empatía, por los piropos fuera de lugar, por esas malas mañas. Por desearme en la justa medida. Por huir, y no quedarte. Por la honestidad que se esconde tras de tus silencios. Por hacerme practicar mi 'pokerface'. Por enseñarme que uno tiene que saber perder y retirarse.Resulta hasta curioso saber que compartes inicial con el hombre que más he querido, y al que más daño le he hecho. Creo que esto tiene que llamarse KARMA, o algo similar. Que sepas pues, que no me queda más remedio que darle cierre a este capítulo, porque sí, tú y yo estamos en el mismo libro, pero a partir de hoy no estamos en la misma página.

martes, 8 de mayo de 2012

Finales abiertos, ¿nuevos comienzos?

Y sí, he estado en esta situación, antes. En la incómoda posición de esperar, de esperar-te. De dar el espacio/tiempo necesario para que el otro se decida. Para que me elija o me deje ir. El problema es que usualmente el otro tiene los pantalones lo suficientemente puestos como para hacérmelo saber de una manera frontal. Sin tapujos. Porque estoy lo suficientemente grandecita como para aceptar un ''vamos a intentarlo'' o un ''adiós, que te vaya bien''. El rollo, es que te creía con más cojones, más hombrecito, menos niño. Creí firmemente que pasara lo que pasara ibas a tener el coraje de decirme todo. Porque ese era el pacto principal, la médula espinal de todos nuestros encuentros; el ''ser honestos'', así dijiste. Y yo no encuentro tu honestidad por ninguna parte. He tratado de justificar lo injustificable pensando en tu falta de experiencia, en que no sabes como manejar esto, en que no tienes ni la más remota idea de lo que quieres. Porque la omisión es también una elección, porque el silencio es la más elocuente forma de mentir. Porque a falta de cuando-donde estoy volviendo lentamente a mi vida de antes. Al zapping afectivo. Porque creí que juntos podíamos aprovechar tu recreo emocional para descubrirnos poco a poco. Para salir, conocernos. Para ser. Para estar. Para aceptar cualquier cosa que pudiese pasar. Porque me gustabas (me gustas) lo suficiente como para bajar la guardia y dejarte entrar. Porque contigo creí que existían posibilidades ilimitadas para ser feliz. Porque eras mi Golden Ticket, mi salvoconducto, mis ganas de creer en las relaciones de pareja. Porque tenía fé. O porque me cegué tanto que perdí los papeles, no lo sé. Es cierto, te dije que no quería una relación -aún- pero que tenía que tener las reglas claras, porque no hay peor sensación que creer que uno está parado en un terreno donde realmente no se está. Porque te dije que no me molesta follar. Ni salir contigo. Pero que necesito saber a ciencia cierta si tan solo follamos o qué. Porque hay límites y fronteras que no se deben cruzar. Porque me gusta tener el control. Porque necesitaba saber a donde íbamos. Porque se me enreda la conjugación verbal con la esperanza -evidente- de que recuperemos lo que sea que teníamos.Porque mezclo el pasado con el presente y juego a que seas mi pretérito imperfecto. Porque te hecho de menos, y estoy siendo repetitiva. Porque no es cuestión de perder la dignidad, ni la autodeterminación, pero es que me gustas tanto que hasta puedo dejar mi pose de mujer de avanzada para sentarme contigo y resolver esta indefinición. Porque se supone que esta debería ser la despedida, el ''no voy a perder más mi tiempo en esto'', el ''yo soy tremenda mujer y no puedo seguir así'', el discurso perfecto de ''hay muchos otros que si me valoran'', pero es que los OTROS no son TÚ, y tú ya me jodiste la bicicleta. Que hace dos fines de semana que veo a ''otro'', y me entra la culpa porque no puedo estar con ''él'' porque no te llega ni a los talones, y este es UN HOMBRE, hecho, derecho, valiosísimo, pero yo te tengo metido entre ceja y ceja, y solo quiero estar contigo. ¡Que buena vaina, carajito!. En mala hora me creí el cuentico, el caminar de la mano, el dormir juntos, el jugar a la casita, a la cocinita y a sus derivados. Porque soy malísima fingiendo demencia, porque estamos haciendo cosas que juramos que no íbamos a hacer, porque si te veo me acelero. Porque si no te veo el día va lento. Porque estoy perdida de cursi. Porque me importas. Porque me da arrechera tener que escribirte todo esto, una vez más. Porque se me cruzan los cables, y los apellidos y me vuelvo quinceañera. Tan quinceañera que estoy escribiendo esto, que técnicamente era el ''esto se acabó'', y ahora es un ''vamos a intentarlo''. Un final que grita; volvamos a empezar.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Nunca Jamases.


Le soñé unas manos precisas, grandes, de esas capaces de cincelar desperfectos en un cuerpo cualquiera y descubrir una diosa griega. Le soñé una paciencia eterna, como de mañana en los polos, y una mirada de esas que detienen el tiempo y la rotación de la Tierra. Le soñé unos labios suaves, de esos que piden guerra a gritos.

Le soñé una piel clarita, como de primer rayo de sol en la aurora, lisa como el borde del cristal de la ventana. Le soñé una barba descuidada, de esas que si se rozan con mucha fuerza rasgan y dejan marquitas contra la piel finita del pecho. Le soñé un carácter fuerte, de esos que pueden controlarse y descontrolarse al ritmo de los latidos del corazón. Le soñé una capacidad innata de querer/ser querido.

 Le descubrí desnudo, siendo un potencial choque de trenes. Le soñé una espalda llena de pecas, esperando ser unidas para descubrir un dibujo. Le soñé un sabor a ron, a ayer, al sexo que se fue… a risa engavetada en la despensa. Le soñé un pasado conflictivo, y miles de mañas, como lo mucho que tarda en amanecer. Como el whisky seco. Como su caballerosidad desmedida, y su autocontrol. Como ese talento inútil para irse por la tangente. Le soñé una cantidad exagerada de temores, de preguntas.

Le soñé, y mientras lo soñaba fue mío. Solo mío. Enredado entre mis sábanas, en mis dedos, entre mis piernas, como Peter Pan siendo niño perdido en ese País de Nunca Jamás que se esconde en mis muslos.

 Me derretía su mirada que escondía un ‘’que te voy a decir a ti que ya no sepas’’. Se reía de mis gestos y muecas, de mis tonterías. Me hacía sentir capaz de elevarme unos centímetros del suelo.

Y los viernes, me hacía el almuerzo y me invitaba a pecar a su lado. A cumplir con algunos de los siete capitales, con la gula y la lujuria. Con un poquito de pereza. Con esas ganas de generarle envidia a los demás mortales que no tenían comida en la mesa y un par de piernas tibias de postre.

No sé que más puedo contarles, tan solo sé que si pudiesen vernos por un huequito, y descubrieran nuestro ridículo universo sentirían celos, unos celos bíblicos de tener algo parecido al cielo en ese breve espacio que congrega a dos cuerpos que solo quieren conocerse palmo a palmo. Si lo viesen dormir sobre la almohada, querrían quedarse a vivir allí/así.

 Es un tipo de esos que si en algún momento tuvo papeles, pues conmigo los perdió todos. Y lo digo con conocimiento de causa, porque lo he visto perder cosas que ni sabía que tenía. Podría decirles como huele su piel, y ese espacio cóncavo entre su mandíbula y su cuello donde mi lengua juega a provocarle malos pensamientos.

Pero nada de lo que les cuente se compara a tenerlo al lado. A oírle respirar de noche, y negar que ronca en la madrugada. Al calor de su espalda, a la frialdad de sus manos en mis nalgas, al sabor de sus besos en mis labios. Al tono de su voz cuando dice mi nombre completo. A mis gemidos en sus oídos, a sus mordiscos en mis hombros.

ÉL no es más que el Paraíso, las palabras se le quedan cortas, y a mi me tapan todo, y a él no le gusta verme tan vestida.

Cuando lo conocí, fui incapaz de determinarlo. ¡Bah! Que estoy mintiendo, que le puse el ojo apenas lo escuché hablar, que quise provocarlo, tenerlo, exponerle mis teorías más descabelladas, hacerlo cómplice de mis sueños, lascivias. Volverlo copiloto de mi risa. Que el tipo, era un puto espectáculo, la mezcla perfecta de irreverencia, elegancia y mal rollito. Con una mueca por sonrisa que gritaba a los cuatro vientos ‘’he venido a joderte los planes’’.

Lo recibí con mi cara de ‘’sé mucho más de lo que aparento’’. Me vió con su mejor gesto de ‘’ que gane el mejor’’. Le sonreí con una risa burlona de esas que claman ‘’atrévete. Rétame. Rompe todos mis esquemas’’.

Y sí, por un breve momento fuimos un par de yonquis, sumidos en la adicción de sentir, sin pensar. Dejándonos llevar, sin pensar en nada más. Volviendo siempre a nuestro Nunca Jamás; pero lo malo de todo sueño, es que en algún momento alguien quiere crecer, y volver a la realidad.

martes, 1 de mayo de 2012

Te podría decir...

Te podría decir que no estoy esperándote, que aún no consigo un buen sitio para marcharme de una vez. Te podría decir que no me afectas para nada. Te podría decir que aprenderé a quedarme contigo. Te podría decir que no extraño tus besos y esos gestos a los que me malacostumbré. Te podría decir que nada de lo que digas/hagas podrá cambiar esto. Te podría decir que me dueles, y que me confieso como la romántica perdida que soy. Te podría decir que te entiendo, que sé lo que haces y que tiene sentido. Te podría decir que me resignaré a lo que decidas. Te podría decir que voy a volver a esperarte, aunque no vuelvas del todo. Te podría decir que lo que haces me agrada tanto como para quedarme a tu lado. Te podría decir que eres el indicado. Te podría decir mil mentiras para lograr que me elijas. Te podría decir que trato de comprender porque no quieres verme. Te podría decir que estoy tranquila contigo/sin ti. Te podría decir que soy feliz en esta indefinición. Te podría decir que somos amigos y nada más. Te podría decir que podemos ser amigos, e incluso todo lo que queramos. Te podría decir que no tienes porque esforzarte conmigo. Te podría decir que no añoro nuestras charlas en la madrugada, ni nuestros besos en la calle. Te podría decir que me luce la clandestinidad. Te podría decir que no te quiero, pero que aún así te echo de menos. Te podría decir que extraño tus manos en mi espalda, tus labios en mi cuello y mi ropa interior en el suelo de tu cuarto. Te podría decir que he aprendido la diferencia entre follar y hacer el amor. Te podría decir que no quiero tener una relación. Te podría decir que me gustaría quedarme contigo, varada en esta tierra de nadie, donde no hay nada resuelto. Te podría decir que no sé jugar a este juego. Te podría decir que no sé más de lo que aparento. Te podría decir que eres el primero. Te podría decir que no pienso en ti, y que no tienes el poder de desarmarme en un instante. Te podría decir que después de ti, nadie. Te podría decir que mañana veremos el modo,pero nunca te quedas conmigo, ni tampoco te marchas del todo.Te podría decir todo esto y más, pero tu nombre no cabe en mi porvenir.

miércoles, 25 de abril de 2012

Con ganas.

Ella sabe que tiene un pasado y mucho delito, aunque ahora vaya por la vida intentando ser una mujer diez, bien portada, carente de toxicidad y malas conductas.

Ella, está clara en que siempre ha estado en el banquillo de suplentes, con la camiseta perfectamente puesta y los tacos amarrados, lista y dispuesta para jugar así sea por medio tiempo. Esperando y planeando con premeditación y alevosía la excusa perfecta para colarse en algún colchón.

Ella desea con ansias ser la titular. Desea esa falta de misterio que radica en acostarse siempre con el mismo hombre, y que aún así nunca falte la magia encima de la cama.

Ella quiere que la quieran con ganas.

 Ella está harta de la sequía, de la falta de cariño, de la cotidianidad, de los planes tiernos. Ella tiene mucho sexo, folla como quiere, cuando quiere, con quién quiere, pero el coger no representa ya ninguna satisfacción más que el disfrute físico. Ella quiere algo que dure más que un buen orgasmo.

Ella entiende, que a su edad ya no está dispuesta a tantas renuncias, a tantos ensayo-error ni mucho menos a tanta pérdida de tiempo. A tanto desgaste inútil, a tanto tira y encoge. A ese sí,pero no. No, pero sí. Pero si está dispuesta a pasar por todas las fases de la conquista, por hacerse desear, por poner tierra de por medio cuando sea necesario. 

Ella quiere querer, y que la quieran.

Ella piensa, que con EL, el asunto es distinto. Es que EL tiene miedo de que lo abandonen, y por eso se inventa ocupaciones, y excusas para no entregarse, para no enloquecer a la par de Ella. Que si el tiempo, el espacio, los motivos, las razones. Que no sé, que es muy pronto, que ''honestamente no quiero una relación'' y demás gilipolladas.

 EL, y su mala maña de no hablar claro están haciendo que ella, poco a poco quiera volver a su vida de antes, al zapping afectivo, a las montañas rusas emocionales, a las malas decisiones.

Ella es como tú, como yo, como casi todo el mundo. EL, pues no es tan diferente tampoco. Ambos son utópicos, enamoradizos, inseguros, volubles, solitarios, cariñosos, desesperados por encontrar a alguien sin confundir nunca amor-con compañía. 

Ella sabe que el amor es difícilisimo, que requiere entrega, respeto, compromiso, trabajo. Que amar es algo así como una profesión de alto riesgo y un acto de fé. 

EL sabe que el sexo es fácil. Que se consigue en todas partes.

Ella, a diferencia de EL, sabe que para que el sexo sea fácil hay que decir la verdad. Nada de te quieros, ni de abrazos, ni de ternura. Nada de salidas, ni planes. Solo verdades crudas y rudas, mensajes directos. Sin promesas ni expectativas. EL no se imagina lo que es ser así de honesto, no sabe muy bien lo que es apagar la luz y prender los sentidos, lo que es entregarse a las ganas sin justificaciones.

Ella quiere la verdad, en dos frases. ¿Quieres, cuándo?. Que para el amor, y sus asuntos, bastan la literatura y la ficción.



lunes, 23 de abril de 2012

Yo quiero.

Yo quiero enamorarme. Como quinceañera. Como desbocada. Como si el amor fuese el aire, y si no respiras te mueres. Necesito enamorarme. Y cometer locuras, y ser cursi. Como postal de Hallmark, como edredón con faralaos, como pantaleticas rosa de encajes finos. Así. Con la piel, los nervios, los sentidos. Quiero enamorarme y sentir que el corazón late rápido y el tiempo va ridículamente lento. Quiero ver películas y sonreír como tonta. Y hacer discos compactos y pendrives llenos de música pavosa. Y susurrar ''te quieros'', y escribir post-its con marcadores de colores. Y negarme a tener apodos. Y discutir por tonterías. Y tener pequeños detalles, y grandes escapadas. Y dejar de follar para ''hacer el amor'' y que él me haga. Que nos haga. Como si amar no fuera un verbo, sino una necesidad fisiológica, como comer, dormir,pensar. Quiero que haya un él (tú) y que sus piezas imperfectas encajen en mí como un rompecabezas surrealista. Y quiero citas locas y divertidas. Y quiero cenas elegantes y cogerte con premeditación y alevosía. Y quiero besos en público, y caminar de la mano. Quiero aniversarios y pataletas por tu olvido. Quiero mensajes de buenos días/noches/tardes/madrugadas. Quiero verte con los ojos cerrados, y sentirte con las manos abiertas. Quiero saberte cierto. Tangible. Mío. No, corrijo, no quiero saberte mío porque uno solo tiene lo que no amarra, y porque no me gustaría ser dueña de nada. Quiero conjugar en plural. En nosotros. En tí, en mí, conmigo,contigo. JUNTOS . LOS DOS. Que es verdad, y que no te pido nada de lo que yo no me pueda hacer cargo. Que pido espacio para compartir contigo. Como dos personas que quieren descubrirse. Que quieren quererse hasta que se pueda. Porque yo quiero escribirte cosas en braille y unir los lunares de tu espalda. Porque quiero correr por la casa descalza y molestarte mientras cocinas. Porque quiero que seas parte de mi mundo. Como si fuésemos una pareja. Porque me veo bien bonita siendo la novia de alguien, te lo aseguro. Porque te comprendo, y no te juzgo, y no te celo en exceso. Porque extraño caminar contigo a mi lado. Porque cuando juego a sostenerte la mirada el viaje en metro dura solo un instante. Porque creo que el mundo se detiene para que la gente se bese, porque los semáforos con contador se crearon para que nos demos besos de 60 segundos. Porque me gustan los besos, tus besos, y cuando nos besamos. Porque la espera del ascensor de tu edificio se vuelve una fiesta si nuestros labios están jugando a ganarse la batalla. Las cosas tardan tiempo porque necesitan que la gente se caiga a besos. Y yo necesito todo eso, más todo lo que tenemos ahora, como la confianza, el respeto, las bromas tontas. Los ''descarada'' que me espetas todos los días. Los ''jodidos'' que te suelto cuando juegas a hacerte el difícil. Y creo que hasta ahora he dejado de lado todo porque estoy dejándonos fluir, porque no quiero presiones, ni presionar-te (nos), pero tampoco quiero desnaturalizar al amor, porque creo firmemente que tiene que haber efusividad. Porque hay cosas que hacen al amor, amor, y a las ganas, tan solo ganas. Porque mi pose de mujer moderna no va a permitirme seguir siendo la sustituta. Porque ser la sustituta, cuando se es alguien como yo, apesta, aprieta, deja marcas, y no me luce.Porque quiero, que si el amor llega a venir me pille contenta, me pille contigo. Y sé que no es algo que se planifica, que no es prender/apagar un suiche, pero que uno tiene que atreverse, bajar la guardia, relajarse, y sentir. Que el amor tiene mucho de ''dejarse llevar'' escrito por ahí en la letra chiquitica del contrato. Porque te deseo, porque me gustas, porque creo que te pareces bastante a lo que busco, a lo que quiero que me encuentre. Porque me pareces un tipo increíble, y no me avergüenzo de sentirlo así. Porque no me da la gana de cortarle a estas maripositas las alas. No me da la gana. Porque merecemos ser felices. Porque no cuesta nada intentarlo. Porque no hay nada que perder. Porque ya venimos con la cuenta en números rojos y un poquito de equipaje emocional. Porque si no resulta, ¿qué es una raya más pa' un tigre?

sábado, 21 de abril de 2012

Descubrimientos

Sentada en la mitad de tu habitación, en ese breve espacio de 2 x 3, entre tu cuerpo, el mío, la ropa y las demás cosas lo entendí. Estás asustado. Estás ridículamente confundido. Negado a ser y estar. A ser quien eres en realidad, y a estar conmigo sin preocuparte por más nada. Tienes ganas de mí, pero las ganas no lo son todo. Las ganas, el deseo, la pasión, se extinguen, merman. Y si no hay amor, el deseo por si solo no basta. Lo descubrí de la manera más pendeja -como suelen suceder esas cosas-. Un descubrimiento de lo más tonto, pero revelador. Gracias a mi torpeza milenaria me di cuenta. Me levanté a tomar el vaso de agua de tu escritorio, y no sé cómo hice pero tumbé un portarretrato, a la hora de colocarlo en su sitio y disculparme por haberlo tirado, justo al lado derecho -donde van las cosas que importan- estaba otro, similar al que acababa de tumbar. Un portarretrato sencillito, de madera oscura, con una foto dentro. De ustedes. Sí, de tí y de ella. De los dos. Una foto que para mi, representa tanto. Como que aún la quieres, que no estás listo para soltarla, que todavía la recuerdas, que extrañas cosas de ella. Que sigues pensando en 'ustedes'. Que tienes esa puerta abierta de par en par. Que necesitas, espacio, tiempo y soledad. Que no quieres tener esta conversación. Que coger nos viene bien, pero complica un poco las cosas. Niño, que follar causa cariño. Que nos estamos acostumbrando. Que honestamente no eres del tipo folla-amigo. Que me gustas. Que te gusto más de lo que admites. Que solo sabes estar en una relación monógama y comprometida. Que eso es justo lo que yo quiero, pero que tú sigues sin salir de la tuya. Que es cierto, estás soltero, pero no estás disponible -que son dos vainas distintas, y que deben coincidir, eventualmente-. Que estás distante, pero no ausente. Que ser y estar no son lo mismo, pero se conjugan juntos. Que se está y se es. Que estás confundido, y que eres alguien importante -todavía- para ella. Que aún le respetas la cara. Y la antigüedad. Y que eso está bien, y es normal, que no te juzgo, pero que  yo necesito respuestas. Y más que respuestas necesito acciones. Que sé que eres un tipo reservado. Y me gustas así, pero una cosa es serlo, y otra es rondar en el hermetismo, que eso solo le funciona a las bolsas Ziploc, y a los tupperware esos que impiden que la comida se ponga piche. (Es cierto, estoy sonando ordinaria y burda, pero es que se me cruzan los cables, y los apellidos, y tengo las hormonas alborotadas). Que intuyo que tienes tus razones, que han de ser por demás válidas, pero yo tengo mi tiempo, y mi cuerpo, y mis emociones también, y que he apostado fuerte. Que hasta me he permitido ser cursi, como quinceañera garabateando nombres en cuaderno de biología. Que mi postura de mujer de mundo, del siglo 21 y demás pendejadas me gritan que estoy haciendo el ridículo. El tonto. El papelón de la vida. Que estoy siendo más cliché que esas películas donde el chico se tropieza con la chica, le tira encima un jugo y terminan en un beso cinematográfico digno de Notting Hill. Que mi sensatez me grita ''pobre pendeja'', y mi cinismo me recuerda que ''nunca se supera al primer amor''. Que tengo que lidiar con este rollo. Conmigo, con ella, contigo, con ustedes. Que ni siquiera sé si tendré que lidiar con ''nosotros''. Y eso me jode, y me aterra en la misma medida. Y te confieso, yo soy un potencial choque de trenes. Un beautiful disaster. Que tengo mi carácter, y mi pinta de femme fatale, y un orgullo del tamaño de una catedral. Y tengo muy mal rollito y malas pulgas, pero que no soy mala gente. Que tengo una cantidad de cualidades por descubrir y por mostrarte. Que necesito que me des el chance. Que te dejes conquistar. Que me gustan los besos en público, y caminar agarrada de la mano. Que a veces quiero decirte que te aprecio, que te quiero, pues. Que me gustaría cantarte canciones ridículas y obligarte a ver películas cargadas de testosterona. Que no te aferres a algo que por muy bueno/malo que haya sido, ya pasó. Se acabó. Que estoy yo aquí y ahora. Que no tienes más nada que perder, que mientras piensas el tiempo se me agota. Y te digo, no estás listo para ser amigo con derecho de nadie, que estás acostumbradísimo a la monogamia, y a tener todo fríamente calculado. Que yo estoy harta de ser la persona sustituta, y que contigo no voy a jugar ese rol. Que si solo vamos a follar, no necesito tu ternura, ni tus ''cuídate/mosca por ahí''. Que de eso me encargo yo, que no tienes ningún compromiso conmigo. Que si eso es lo que va a suceder, pues no te apegues.Que llevo muchísimo tiempo entrenándome en esas lides, pero que vengas ahora a romperme mis esquemas me cabrea. Porque no es tu culpa, porque yo lo permití. Porque tenía que haberte montado en un jodido taxi después del polvo número tres. Y despedirte en la puerta con un ''gracias''. Y chao-chao. Pero no, se te ocurrió la brillante idea de quedarte. Y no solo eso, nos pareció tierno dormir juntos. Varias veces, en distintas camas, con o sin follar previamente. Y me prestaste tu pijama, y me regalaste dos primeras citas. Y me acompañaste en el Metro, y además te preocupaste por mí. Entonces, ¿te das cuenta?. Ajá, ahí es donde se nos jodió la bicicleta. Porque estamos en el mismo libro, escribiendo la misma página a dos manos, y no sabemos como escribirla, porque estamos en la indefinición más completa de la nada. Porque estamos y no somos. O somos y no estamos, qué sé yo. Que -hasta ahora- lo único que quiero que sepas es;

que podemos ser amigos,
e incluso
todo lo que queramos.

martes, 17 de abril de 2012

Discutir se parece a follar.

La culpa es de la lluvia, sí, y del jodido cambio climático. De este calor húmedo que es imposible de tolerar. Sí, en efecto la culpa la tiene el clima, y mi empeño exacerbado en discutirlo todo. Digamos que si hubiésemos estado en otras condiciones, tal vez en unos sólidos 10 grados Celsius, con la brisa helada pegándonos en la cara sin clemencia, en mitad de primavera, y yo no hubiese estado tan ridículamente intensa las cosas hubieran sido distintas. Y sí, es cierto, tengo también la mala maña de no dar muchas explicaciones, me declaro culpable de eso y de mis creencias equivocadas y anacrónicas. De espetarte sin ningún tipo de tacto el consabido ”El fin justifica los Medios”. Claro, si yo fuese distinta no estaríamos juntos en este momento. Aunque no es que estemos juntos en sentido estricto, ¡bah!, que estoy divagando. Ya sabes que cuando me pongo nerviosa hablo de temas inconexos. Y estoy nerviosa, porque no estás, corrijo, porque estás aquí pero lejos. Distante. Casi ausente.Y porque acabamos de discutir, que normalmente es una de mis actividades favoritas, pero que odio practicar contigo. Discutimos, sí, por pendejadas, pero eso no le quita el carácter de ”discusión” al asunto. Discutir es una de esas cosas que no podemos hacer solos, lo que es prueba evidente de que estamos juntos, o de que al menos podemos discutir. Follar. Follar es otra de las cosas que no podemos hacer solos. Estoy divagando de nuevo. El punto es que no quiero discutir por tonterías, pero quiero que follemos sin necesidad de inventarnos alguna excusa. Que quiero que dejemos de discutir y solucionemos nuestras diferencias de la mejor manera que sabemos. Uno encima del otro,uno detrás del otro, o como sea. Pero que ideemos un mecanismo eficaz y alternativo para resolver nuestros conflictos, que yo no dejaré de ser una ”caprichosa, terca de mierda”, y tú no dejarás de ser ”un obstinado del coño”. Que a los dos nos encanta tener la razón y ganar, y que eso nos asegura un futuro colmado de pequeñas/grandes discusiones, pero que sepas, que lo mejor de discutir no es el último argumento. 

Es el sexo de revancha o reconciliación que se tiene después.

sábado, 14 de abril de 2012

Parejas.

Ella es de esas mujeres que no necesitan de un estatus civil para vivir. Que no se siente 'la novia de', 'la cita de', 'la pareja de'. Tal vez no necesita esa confirmación tangible de lo que sea que esté haciendo con ese EL -de turno-, más sin embargo, Ella, tan liberal como es, detesta una sola cosa: la indefinición de la nada.

O lo que es lo mismo, el no saber a ciencia cierta qué es lo que está haciendo con él. ¿Contradictorio?, pues no, digamos que Ella necesita tener las reglas claras. Necesita la paz de saber sobre que tiene derecho, y sobre que cosas no. Quiere saber esas tonterías típicas de las relaciones humanas, tipo ¿te llamo?, ¿te sujeto la mano en público?, ¿puedo dormir contigo?. ¿Tengo la potestad de tomar la iniciativa?. ¿Saldremos algún día o solo quedaremos en tu casa/la mía para follar?.

Nada del otro mundo; pues. 

Ella, tan creída y ambivalente como es. Tan incrédula y con tan poca fé, necesita de una u otra forma esa seguridad tácita que da el saber donde se está parando. Ella, requiere siempre tener las reglas del juego a la mano, para decidir, si apuesta fuerte o si se retira -con dignidad- de la partida.

Claro, así como no cree en los estados civiles, cree también que hay muchísimas cosas que no se pueden hacer solas. Como doblar una sábana, de esas tipo matrimonial. Como discutir. Como sujetar una escalera, y subirse a la vez. Por consiguiente, ella cree en las parejas, estén juntas, revueltas. Pero cree en las parejas. En esas parejas que tienen la complicidad y la química tan marcada, que pareciese que hasta tuvieran ritmo/cadencia. Cree en las parejas sincronizadas como si de un equipo de neurocirujanos se tratara. Cree en las parejas capaces de reírse y amarse en la misma medida. Cree en esos dúos, que tal vez no sean tan dinámicos, pero que funcionan a la perfección que sus imperfecciones les permiten.

Dicho todo esto, Ella cree que -hasta ahora- ellos,esa combinación de ''Ella/EL'' que no se ha transformado -aún- en ''NOSOTROS''se parece a un pantalón de liga.

 Sí, no así de burdo, pero sí. 

Lo que tienen ellos no es más que un cómodo pantalón con liga, que se ensancha y se estrecha en la medida de los sueños/aspiraciones/deseos de cada uno. Un pantalón con liga que aprieta solo lo necesario, que solo deja marcas pequeñitas -pero marcas al fin y al cabo-. Un pantalón con liga que les queda a la perfección, porque el pantaloncito es unisex.

Ella está consciente de que el pantalón con liga suele cansar, y que a veces la liga se gasta de tanto estira/encoge, tan solo espera que el pantalón cumpla con su función temporal, que es brindarle comodidad a los dos hasta que decidan, de una vez quién lleva la falda, quién el pantalón, y en que tipo de relación van a estar.

viernes, 13 de abril de 2012

Preguntas.Respuestas.

Hay tantas preguntas que quiero hacerte. Tantas respuestas que -necesito-quiero saber. Tantas interrogantes que se me acumulan aquí, entre el pecho y el pulmón izquierdo. Tantas dudas que no quiero que resuelvas. Mis temores, mis lascivias, tus fantasmas. Mi presente, tú pasado, ¿el futuro?.

Quiero caerte a preguntas, tanto como quiero envolverte la vida en besos. Quiero que me saques de mis dudas, tanto como deseo que me desnudes todos los días. 

Quiero saber, y que me digas. Pero por más audaz que sea, le temo a algunas de tus respuestas, así que esperaré a que estés desnudo, cansado y medio dormido para preguntarte, casi en un susurro;

¿Qué harás cuando descubras que el follar causa cariño?.

jueves, 12 de abril de 2012

Recuento.

Apenas es abril y yo ya no tengo ni uno de esos para ti. Ni para mi, ni para nadie. Apenas es abril y yo ya he llorado, he reído, he querido con ganas. He tenido ganas. Me han tenido ganas. Las he saciado. He sufrido por estupideces. He abrazado en el metro. También he desviado la mirada, me han mentido, he cambiado de rumbo. He dejado infinidad de cosas para mañana. Besé, me besaron de vuelta. Me negaron un beso. Se despidieron de mí en una central de autobuses. Viví un temblor. Me utilizaron. Tuve miedo, me indigné. Le hice la cruz a alguien. Conocí gente increíble. Canté como loca. Volví a México, usé falda. Me la levantaron, husmearon en ella. Dejé que pasara el temblor, pero temblé con él. Estuve con toneladas de gente equivocada. Me equivoqué, perdí a un amigo por mi orgullo. Me gané un premio. Vi a uno de mis alumnos lograr su sueño. Aplaudí a rabiar en un auditorio. Perdí el glamour, el pudor, y una de mis perlas en un cuarto ajeno. Rompí un vestido. Estuve allí para alguien que tomó una muy mala decisión. La apoyé, no la juzgué, y ahora hoy, ella no me habla. No me importa. No le odio. Perdoné, seguí perdonando, perdoné hasta que me dolió la dignidad. Volví a hablar con el Anticristo. Ya no lo considero el Anticristo. Estoy empezando a creer que la gente cambia. Yo no, la gente, en general, puede cambiar. Corrijo, hay gente que cambia. Punto. Escribí cosas geniales y babosadas. Dejé de escribir por floja. Aprendo día a día un poco de vainas nuevas. En clase, y fuera de ellas. Aprendí a mirar todo desde otra óptica, y a bajarle dos. Intento día a día no pecar tanto. Perdón, día a día peco de palabra y obra. No voy a pecar por omisión -nunca- que la pasividad engorda y no me luce. Me corté el cabello, corto. Dos veces. Me solté el moño. Me creí invencible. Me escoñeté. Reincidí. Tomé demasiado alcohol. Fumé de nuevo. Lo dejé, me odié por haber vuelto a fumar.Hice locuras. Me reí de ellas. No me avergoncé de ninguna. No hubiera hecho las cosas de otra manera. Un chico me utilizó, pero le salió muy bien la jugada, ahora es un don nadie, y yo salgo con alguien más. Alguien que es más y mejor de lo que me esperaba. Y sí, he escrito sobre él. Y se lo he mostrado. He estado desnuda más tiempo del que sea saludable. Me harté. Me autosaboteé. Dije que nunca volveré a ser como antes, pero tampoco voy a permitir que cualquier cosa me cambie/engañe. Jugué como una niña. Me piropearon. Piropée. Me gané una camisa en un concurso de piropos. Descubrí mi talento insólito para echar los perros. Cené y bebí con un embajador. Nos dimos a la fuga. LLegué ebria a una fiesta-formal. Viví sola. Estuve en una ciudad ajena, completamente sola. Hice lo que no hacía desde hace 3 años y algo, caminé de la mano con alguien, en México.Estoy sumida en una un-relationship. Me gusta, y me aterra en la misma medida. Permití que fueran caballeros conmigo. Me hice la pendeja. Fui la liberal. Se me salió la clase, el ghetto, y se me cruzaron los apellidos. Miré con otros ojos a la península ibérica. Le dije ''hasta luego'' a los judíos. A los jodidos. A los músicos, a todo aquello que huela a ''recogelatas chic''. Me tomé una cantidad de ''fotos postal''. Me hicieron 2 sesiones de fotos. Fui a la casa de Frida. Lloré. Y me recité versos de la Chavela. Escribí sobre eso. Me negué a publicarlo. Tuve la iniciativa. Me bañé con alguien. Bueno, casi. Abandoné el sentimiento de culpa. Me encontré con él en el metro. El metro es más entretenido cuando juego a sostenerle la mirada. Nos damos besos, y besos de semáforo con contador, que son dos vainas distintas. Me compré un vestido de leopardo. Sí, ajá, leopardo; leo-par-do. Me veo bella, y vintage. Dejé de subestimarme. Me dijo que sé más de lo que aparento. Ella dice que soy bonita, como saberse los matices del blanco. Él, en cambio, le pidió a Dios que me bendiga la cara. Por cada gesto/emoción que se me nota en la cara, el me lleva dos pasos de ventaja.Me permití ser cursi, como edredón con faralaos. Ahora no dejo que nada me quite la calma. Estoy siendo mejor hija y eso me satisface. Aprendí que a veces es mejor estar en paz, que ser feliz. Entendí que odio las reglas y las limitantes. Me quedé dormida en una playa. Dejé atrás mi feminismo exacerbado. Creo que quiero un novio. O no. Me peleé con Caracas, le escribí, me ignoró, pero hoy vi el Ávila y todo se me pasó al verlo. Me estoy explicando mejor. Fui agradecida. LLoré. Estuve sola en un temblor. Me le lancé encima a alguien, me rebotaron. Me dejaron un morado en un brazo. Un ''enamoretón'' le dijeron. Recordé que el amor, ni el cariño, tienen porque doler. Encontré un lugar donde soy más valiente. Estoy feliz conmigo misma. Bajé los brazos, y pedí una tregua. Evité a la gente dañada y dañina. Creí en la magia, y en los juegos. Extrañé a mi abuela, y a mi nono. Perdí un vuelo. Me detuvieron en inmigración. Me vieron pinta de mula. Se preocuparon por mí, vía twitter, FB, sms. Me sentí sola, en medio de un poco de gente. Dormí con alguien. DORMIR, sin desvestirse, sin hacer nada, solo dormir. Me fui a la cama con un pijama ajeno. Ayudé a empacar un poco de maletas. Canté en un karaoke. Lo hice bastante bien. Me tuve miedo. Fui insolente, prepotente y arrogante. Discutí con mi modelo a seguir. Le gané la discusión. Hoy él me respeta, y yo le trato bien. Sigo permitiendo que me llamen por mi apodo, menos a él, que le queda tan bonito llamarme por mi nombre completo. Recordé de nuevo que no hay imposibles. Solo eventos matemáticamente improbables. Entendí que Dios, o el destino o el cosmo, escribe muy derecho sobre líneas torcidas, y a veces, hasta inexistentes. Bailé en la lluvia. Borré gente innecesaria del blackberry. Me deshice de los malos recuerdos. Hoy en día sé que el pasado es un sitio increíble para visitar de cuando en cuando, pero no es un buen sitio para quedarse a vivir. Pues sí, me ha sucedido todo esto, y apenas es abril.

domingo, 8 de abril de 2012

Esto se parece mucho a ''temblar''.

Aquellas malas decisiones, como combinar cervezas y un postre para compartir. Como los almuerzos y las frases punzantes del último-penúltimo-primer día.Como decir ''sí'' a un plan en el que eventualmente le van a romper el corazón. Como las miradas de ''quédate allí, en la puerta de la 402''. Como el autosaboteo. Como las ganas acumuladas, como esos besos eternos que duran lo que tarda en cambiar un semáforo con contador. Como imaginarte salido de un cuento, como si fueras un desliz. Como estar juntos en Berlín persiguiendo cometas en interiores y pantaletas. Como permitirme ser abiertamente cursi, como un edredón con faralaos. Como decirte a la cara ''no te quiero tanto''. Como todo este tiempo libre para ser feliz. Como ir de la mano en México despilfarrando toda nuestra libertad.Como caerte a besos y hacer un escándalo a plena luz de día. Como cogerte del borde del pantalón e invitarte al abismo que se forma entre mis piernas. Como no encontrarte ningún tipo de ''peros''. Como pedirte que nos vayamos por ahí, a la península Ibérica, y perdernos entre la provincia de tus padres y la isla de los míos. Como hablarnos en un dialecto inventado, como un portuñol aderezado con catalán. Como las veces en las que la tecnología nos ha dejado incomunicados. Como tus piropos y esa maña que tienes de meter a Dios en el medio de esto. Como mis vestidos nuevos.Como yo fingiendo demencia. Como vivir, como palabras que suenan a primavera, invierno, coger. Como besarte en la mitad de la calle y luego avergonzarme por ser tan cariñosa. Como los tragos que compartimos, como los secretos encerrados entre tu cuerpo y el mío. Como las llamadas perdidas de ella. Como mis negativas a volver a perderme con ellos por ahí. Como pasear descalzos, como acabar juntos. Como el contacto visual en mitad de un forcejeo erótico. Como dos barcos parados, como una lucha de titanes, como un cuento de nunca acabar. Como queriendo seguir.Como repartirnos las batallas, las desgracias y los planes. Como tu mal carácter y mi intolerancia. Como las caras que suelo hacer y no sé controlar. Como la manera en la que mis manos saben exactamente donde tocar. Como el armisticio que firmamos con saliva y que me impide desnudarte si te veo. Como las conversaciones subidas de tono. Como tu negativa a enamorarte. Como mi temor a enamorarme. Como los escasos meses que me llevas.Como yo, invitándote a usar mi ducha. Como mis zarcillos perdidos,como las manchas de labial en tus camisas.Como la forma que tengo de apretar el dentífrico,como tu neceser gris.Como los buenos momentos.Como yo oliendo como tú, como a ti. Como mis escándalos, de nuevo, mis escándalos. Como la fobia que le tenemos a los celos. Como saber que no me queda un abril para ti. Como los nuevos días para inventarnos algo. Como esa forma que tienes de tocarme con los ojos. Como las veces que te bailé cerquita, provocándote, retándome. Como el horizonte en que se vuelve tu cuerpo desnudo cuando duermes a mi lado. Como dormir. Como apagar la luz y prender los sentidos. Como cambiar te la escena y volverme humedad. Como mi iniciativa, como el muro de esa ventana. Como nosotros conquistando toda esa casa. Como las mañanas de salir a pasear con la ropa del día anterior. Como lo mal que disimulo. Como el viento subiéndome la falda. Como tú bajándome las bragas. Como tus luchas con mi sostén. Como vivir juntos un temblor independientemente de la luz. Como temblar. Sí, esta mala decisión, se parece mucho a temblar.

sábado, 7 de abril de 2012

Ella y El.

Ella sabía que lo mejor de las citas eran aquellas que no se sentía para nada como una. Nunca fue de ''citas'', en realidad. Nunca hubo alguien que la quisiera tanto como para arriesgarse a cumplir ese protocolito absurdo que Hollywood y la literatura nos han vendido a lo largo de los años. 

Era una chica para salir, sí, más no para andar en citas. 

Creía firmemente en ese mantra gringo de ''we're not dating, we're just hanging out''. Mantra que se repetía solo para salvarse de los convencionalismos sociales que envuelven el mundo de las citas.

Ella solo quería salir con alguien, reírse, compartir cuentos, cervezas,rones. Ella quería besos de semáforos con contador, y manoseos impropios debajo de cualquier mesa. Ella quería noches de baile, karaoke y rock band. Mediodías de almuerzos casuales, tardes de café, noches de vinos/whisky y estrellas.

Ella solo quería pasarlo bien. Divertirse. Sentir,sin pensar. Dejarse llevar. Ella quería alguien con quien salir y disfrutar sin preocuparse por estatus ni aniversarios, eso era lo de menos. 

Ella era de esas chicas que no le importa tanto el ''estamos juntos'', o el ''yo salgo con él'', ella sabía que si salían juntos no había necesidad alguna de publicarlo en el periódico, que la gente inventa mucho y se entromete en esas nimiedades.

EL, por su parte estaba seguro de lo que quería, y de lo que no también. Era un tipo de esos a los que una desea a medio camino entre el ''Hola y el mucho gusto''. 

A EL, le gustaba Ella, eso estaba claro. Y no solo le gustaba, sino que le tenía ganas. Ganas que por demás eran mutuas. Ganas que habían saciado ya algunas veces, pero de esas ganas que son un mar en el que por más que uno beba, siempre termina teniendo un poquitico más de sed.

EL, tan racional como era, sabía que Ella lo esperaba con una deuda aguardándole en los paréntesis de sus piernas. Ella, por su parte sabía que él siempre estaría dispuesto a brindarle una noche más.

Por los momentos, todas las piezas de EL encajaban en todas las partes de Ella, sin necesidad alguna de forzarlas. 

Estaban cortados con la misma tijera, hechos tal vez en el mismo molde, con sus diferencias y estilos muy marcados, con sus mañas individuales. 

Eran diferentes, y en cierto sentido parecidos, cada uno con sus rarezas.

viernes, 6 de abril de 2012

Ella.

Ella.

Ella y esa manía de no dar muchas explicaciones. Ni a EL, ni a nadie. Ni ayer, ni ahora, ni nunca.
Ella y la manera que tiene de impacientarse por todo.
Ella y la necesidad de saber de EL.
Ella y ese convenio tácito-implícito de esperar.
Ella y ese  autosaboteo que está a flor de piel.
Ella y el complejo de no creerse lo suficientemente buena para nadie.
Ella y su orgullo.
Ella y el talento innato que tiene para echar los perros.
Ella y esa recién adquirida timidez cada vez que EL la mira-le escribe-la besa.
Ella y su maña de escribir todo. Siempre. En el blog, en el ticket del metro.
Ella y los mensajes no tan cifrados escritos en servilletas.
Ella y su ''no le doy la mano a la gente por la calle''.
Ella y su consabida frase anti-histeria ''we're not dating, we're just hanging out''.
Ella y su historial de relaciones fallidas.
Ella y el temor de que EL sea su futuro ''ex''.
Ella y su consabida forma de -mal-disimular.
Ella y el antojo que tiene de enamorarse como una desbocada.
Ella y los recuerdos que se empeñan en ilusionarla.
Ella y las maripositas que se alojaron en su estómago.
Ella y los 19 de marzo.
Ella y la poca fé que tiene en las relaciones.
Ella y ÉL. Ellos. 
Ella y el miedo. 
Ella y el deseo alojado en los paréntesis de sus piernas.
Ella y su ''tratar de no estar mal, estar normal''.
Ella y esa forma tan ensayada que tiene de pretender que no lo quiere más de la cuenta.
Ella, como siempre dejando todo a la mitad...

sábado, 31 de marzo de 2012

Ella y el. Saber/Aparentar

El asunto con Ella es que sabe mucho más de lo que aparenta

Esa actitud de niña inexperta que adopta cada vez que EL hace acto de presencia responde solo al pánico que le tiene al amor. A enamorarse, o peor aún, a que se enamoren de ella, y que ella sea capaz de amarle de vuelta.

Ella sabe que siempre corre el riesgo de enamorarse, y que ese parapeto de mujer ''en control, carente de emociones, cero cariñosa'', no es más que una fachada a punto de desmoronarse. Una fachada que solo necesita a un EL para tambalearse.

EL, por su parte tiene miedo, un miedo que se escribe con eme de México, y de ''mejor no, gracias''. El miedo que tiene EL, está justificado, digamos que a diferencia de Ella que no cree -ni un solo poquito- en las relaciones, EL ha pasado la mitad de su vida involucrado en una relación de pareja estable, de celebrar aniversarios, de planear vacaciones juntos, pero como todo, un buen día se levantó y se vió viviendo una mentira, un parapeto pues.

Y así estaban las cosas cuando Ella y EL se encontraron, ambos cargando sus respectivos parapetos, con ganas de mandar todo al mismísimo carajo y comenzar de cero.

Y se dieron permiso, claro está, de pretender no estar tan mal, estar normal, de fingir que podían llegar a algo casual, valiéndose de esas trampas que la distancia pone en el camino de dos extraños que juegan a estar juntos, revueltos, en un código postal distinto, en un lugar donde todo está permitido.

Ella solo quería querer, creer que a las 9 o a las 6 de la tarde podían llegar a quererla, así como estaba, remendada de tantas malas relaciones, fatigada de ir de cama en cama, negada a seguir follando sin contemplación.

EL, en cambio ya había querido, y lo habían querido de vuelta, y estaba totalmente negado a querer de nuevo. 

Pero EL, sabía que Ella era una tipa diferente, con otro nombre, otro cuerpo y distintas ganas de reír.

Y sí, es cierto, ella sabe aparentar, pero con él es tan transparente que ya ninguna artimaña le resulta efectiva. Pero EL, sabe a ciencia cierta que no tienen que cuidarse las apariencias.