lunes, 11 de junio de 2012

Ser-estar.


Antes, encontrármelo era tan común como respirar. Era solo cuestión de conjugar azar y buena suerte, para verlo allí, en el vagón del metro, con la misma expresión que tenía la primera vez que lo ví, de pie, en la puerta de la 422. En el punto donde todo comenzó. (Dónde debí decirle, 'quédate allí'). 

Hoy, lo único que quiero es gritarle; ''Quédate allí, disfrutando de tu vida y libertad''.

Tal vez no supe conjugar mis ofertas con sus demandas. O quizás no le dí suficientes razones para quedarse. Tal vez me faltó mirarlo a los ojos y decirle: ''quédate''. Quizás, mis argumentos no eran los indicados. Tal vez no es de esas personas capaces de quedarse siempre en un lugar. 


Él quería irse. Yo quería verlo llegar, volver. Él no iba a quedarse. Yo no iba a seguirlo. Él no era. Yo sí estaba. Él no era para mí. Yo si estaba dispuesta a serlo, para él.

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