A veces creo que es cierto, que todo encuentro casual es una cita. Que lo que opera en nuestras vidas no es más que la casualidad moviendo esos hilos invisibles que hacen que nos topemos con ciertas personas, a determinadas horas, y en lugares específicos. Quizás es que de tanto leer a Kundera y a Cortázar me he vuelto más fantasiosa y menos pragmática. O tal vez es que prefiero creer en la casualidad a pensar en que inconscientemente me toca encontrarme contigo para terminar de darle cierre a esto, para bajarle el telón a esta obra que no se estrenó jamás. Para acabar con este amor que no pasó del intento. O lo que yo llamo casualidad no sea más que el karma cobrándome tantos desengaños, tantas jugarretas pasadas, tantas historias de una noche.Creo, que todo lo que ha sucedido entre los dos, en ese espacio en el que tus silencios solapan mis preguntas, mis reproches. Coño, definitivamente los recuerdos escogen insólitos momentos para aparecer. Como tú. Después de todo este tiempo de no verte ni en mis sueños, de no tenerte fusilado en las pupilas tienes 48 horas apareciéndote -casualmente- en los sitios que frecuento, en el ascensor, en el pasillo donde -antes- nunca coincidíamos, en la mesa con mis amigos. En el jodido andén del metro. Con 6 millones de habitantes, ¿cuáles son las probabilidades de verte tan seguido en el metro?. En serio. ¿Por qué?. ¿Por qué ahora?. ¿Por qué así?. Porque ahora debo probar que no me importas. Que seguí adelante. Que eres eso, un recuerdo de algo que no se concretó.Que no eres más que uno de mis tantos lugarescomunes. -Porque sí, cuando las cosas me duelen, suelo escribirlas todasjuntas, como las ganas que te tuve, como los encuentros entre los dos, como todo aquello que sucedió entre el ''mucho gusto'' y el posterior ''seamos amigos''-. Quiero creer en el poder del diálogo, en que esta serie de casualidades que la vida urde para encontrarnos en tantos terrenos son la última prueba, en que no nos quedará más que fingir que todo entre ambos es tan ridículamente fácil que podemos unir fuerzas y lograr grandes cosas juntos. Como el equipo que nunca fuimos. Como la pareja que ya no seremos. El único consuelo que tengo -al menos por ahora- es que luego me encuentres, de frente, cuando menos me merezcas, y dirás, con ese tono de voz tan ronquito que usas cuando quieres golpear con una verdad inmensa; ''un día entenderás por qué lo hice. Es lo único que puedo decirte''. Y yo, sonreiré, sabiendo que mientras más excusas me inventes, te inculparás cada vez más y más, demostrando casualmente que tu cobardía es tu cualidad más atractiva.
Road to Hollywood: Episode II
Hace 6 años

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