sábado, 3 de diciembre de 2011

Para ella que tiene su propio punto de encuentro

Tal vez nunca lo he comentado aquí, pero me llegan a mi correo varios mails de distintas personas, anónimos y conocidos relatándome como se han sentido identificados - o no- con algunos de mis posts, también me llegan correos de gente pidiendo que les narre mis experiencias sobre miles de cosas, relaciones a larga distancia, romances conflictivos, relaciones tóxicas, temores, miedos y despechos...correos que a veces respondo de manera privada y otras tantas los contesto aquí, en este blog...sin contar que también me llegan correos del tipo ''coye sería bonito que esto estuviera en tu blog'' haciendo alusión a algún texto/imagen/frase que tiene relación con alguno de los temas que este espacio busca tratar.

Usualmente esos correos son los que menos reviso, tiene que ser en exceso bueno como para que yo decida usarlo aquí, tal es el caso de las imágenes que van adjuntas con algunos de mis posts... también tengo un Tumblr, en el que más que un espacio como este es un retazo de miles de cosas sin sentido que me han conmovido en distintos grados y que voy nutriendo de material de aquí, de allá... resulta que en uno de esos mails me enviaron un texto sobre la distancia, distancia reflejada en un amor marcado por boletos aéreos, o algo similar... me pareció precioso/adecuado/ y lo colgué en el Tumblr, así de simple. 

Sin ninguna agenda paralela, sin ninguna mala intención. Lo subí como he subido quotes y fotos que me han llegado o que he encontrado en la web.

Resulta que el post tiene dueña. O autora, como prefiero llamarlo, y la chica se puso en contacto conmigo porque estaba -evidentemente- molesta, cabreada, o como quieran decir, con toda la razón del mundo. 

No es bonito encontrarse textos de uno rondando por ahí. 

Como ustedes saben, porque me leen, me siguen en las demás redes sociales, yo escribo todo lo que publico aquí, y no tengo necesidad alguna de andarme aprovechando de las líneas de otro.

 Así que lo más rápido que pude me comuniqué con ELLA, la autora del post - como la llamaré de ahora en adelante-, tumbé la entrada en el Tumblr, le pedí disculpas. Por Twitter, por Facebook, por un comentario en su blog. 

Le expliqué lo que había sucedido, dejándole en claro que no había ningún tipo de mala intención y le notifiqué además que ya la entrada había sido eliminada. Me disculpé de nuevo, porque era lo correcto y porque no existía de mi parte ningún tipo de ''dolo'' como decimos los abogados.

El punto es que ella contó su versión de la historia en su blog, versión que luego edulcoró con mi ''derecho a réplica'' que no ha de ser mucho una réplica cuando es una disculpa, en sentido lato.

Un post genial sobre la solidaridad en los bloggers, si me permiten, pero un post que insiste en dejar un juicio de valor en mi contra, dejando en entredicho no solo mi capacidad para narrar historias, sino mi carácter de ser o no solidaria para con estas situaciones, además ELLA pedía en su propio post que esto no pasara a ser un ring de boxeo, bastante gracioso que ELLA lo pida cuando yo me disculpé e hice -en sus propias palabras- lo que ella quería que era remover la entrada, más sin embargo, ELLA - por más que deslinkeó mi blog - sigue dejando en evidencia todo esto que les narré.

Así que este es un post para ELLA:

Apreciada ELLA:

No sé que tanto sepas de la palabra ''disculpa'', pero lo que yo sé es que cuando alguien la utiliza de manera genuina sirve para saldar discusiones, malos entendidos, conflictos. Yo te la escribí en varios medios, con segundos de diferencia, con toda la honestidad del mundo, porque sí quise disculparme contigo, disculparme por un error que en Derecho asociamos a la negligencia, sí. Fui negligente, recibí un correo, vi un texto bonito, se me arrugó el corazón y lo mandé directo a Tumblr... y he ahí mi grave error, yo debía haber revisado si una letrica de ese post ya existía en la web, pero no lo hice.

 Y me arrepiento, VAYA QUE SI ME ARREPIENTO.

Pero luego hice lo correcto, te contacté por todos los medios y eliminé la entrada. Además te pedí, de manera sincera, que por favor le bajaras a la campaña en mi contra cuando de verdad yo no actué de mala manera.

Pediste dentro de tu post que no hiciéramos esto un ring de boxeo. 

Y estoy de acuerdo, pero si algo he aprendido a lo largo de todos estos años de despechos, malas relaciones y dramas es que uno tiene que saber cuando retirarse de la batalla y cuando manterse firme en una posición. 

Y yo me mantengo firme con mi disculpa, sí, pero también voy a defender eso que yo llamo ''mi integridad/dignidad''. Que es lo que me permite decirte que si tu crees que no sé de solidaridad bloggera pues pregúntale a Miss Alice quién le avisó que le estaban plagiando el blog, o a Ardi! cuando ha tenido momentos difíciles quién ha estado allí a solo un inbox de distancia, o a Escribe Tu Nombre Aquí, cuántas veces no le he dicho que deje la flojera y posteé. 

He sido solidaria, y lo han sido conmigo. Revisa aquí, en mi blog, los comentarios de Nina, Toto, Ardi, Gba, Saúl, Myself todas y cada una de las veces que me han hecho mierda el corazón y la vida, ellos de una u otra forma han jalado mis orejas y me han dicho ''jeva controla tu nota'' de todas las maneras posibles.

Entonces, ELLA no me vengas con el tema de la solidaridad, ni del dogma judeocristiano de la culpa, cuando yo, a pesar de mi negligencia HICE LO CORRECTO. LO QUE TU QUERIAS. Lo hice sin aspavientos, sin pretender que me pusieras una medalla y me abrieras chance en tu blog roll. Lo hice porque es LO QUE SE DEBE HACER.

Y es ''chimbo'' como dirías tú, que seas incapaz de darte cuenta. Que además me aconsejes que sufra, para ver si así logro escribir mejor, o algo por el estilo. Es chimbo que pidas que esto no pase a mayores, cuando yo te hice una solicitud de lo más normal para que retiraras cualquier material en mi contra en tu blog y tú insistas en mantenerlo.

Es tú blog, es cierto... y tú eliges que publicas. Eso también es cierto, pero si crees en el periodismo, como haces referencia en tu blog, sabes de algo que se llama ética, y si eres tan humana como para pregonar la solidaridad, deberías entender una disculpa, y permitirle a alguien que no te agravió con mala intención continuar con sus cosas, sin tener que devolver una cachetada como esa, sin tener que marcarme con ''la letra escarlata'' de la vergüenza, sin tener que dejar un juicio de valor sobre mí o sobre mi blog... 

Y de verdad apreciada ELLA, si hablamos de sufrir/vivir/ tener o no talento para escribir, paséate por mi Carta de Amor de Montblanc, por mis textos de política en PlantaBaja, por mi entrevista en Guayoyo en Letras, por mis tweets, por Mujeres del Siglo21, por mi Tumblr... 

Un fuerte abrazo, y ojalá que aprendas de esto. Tanto como yo.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Obvio.

A veces hay que señalar lo obvio. Dejar en claro aquello que es, a todas luces evidente, pero que uno insiste en negar cueste lo que cueste. Asumir, de una vez por todas los sentimientos y empezar a actuar en consecuencia. Sin pretender que no sucede nada. Porque estoy harta de fingir, porque estoy cansada de creer que tú no te das cuenta. Que eres incapaz de mirar aquello que está delante de ti. De mirar-me y verte como te veo. Como te he visto desde hace tiempo, aún con todo el temor que me produce verte así. Porque estoy agotada de pretender que no lo sabes. Porque me cansa sobremanera este ser tu cuando-donde incompleto, este vaivén constante en el que no sé en qué terreno estoy parada. Porque me molesta creer que no sabes que me gustas, porque me niego a creer que no me encuentras atractiva. Porque tienes miedo. Porque tal vez mi curiosidad es más grande que tú miedo. Porque quiero que te importe. Porque sé que sabes que cuando me miras así se me rompen las costuras. Porque tengo todo este tiempo esperándote con una deuda en los labios. Porque soy yo misma cuando estoy contigo.Porque siento que hemos declarado una tregua entre tú soledad y mis asuntos. Porque quiero estar allí. Estar y ser. Serestar. Porque quiero que lo intentes. Que te des una oportunidad y que sepas que es seguro intentarlo conmigo. Que no hay nada peligroso en mis formas, que solo es serio cuando escribo de ello, como ahora. Que no tienes nada que perder. Porque es hora de que declares un armisticio entre tu razón y tus sentidos. Porque quiero que sepas que conmigo puedes sentir y pensar. Y que a veces, cuando quieras puedes dejarte llevar.

lunes, 3 de octubre de 2011

Montañas rusas afectivas

Y te fuiste, y no tuve el coraje para verte partir.

Siempre se me han dado mal las despedidas, y sabes de sobra que cuando me pongo nerviosa hablo de temas inconexos, y cruzo y descruzo las piernas y no sé que diablos hacer con mis manos aún cerradas de tanto apretar. 

Sabes que me muerdo el labio inferior tratando de no hablar de más y de no decir cosas que -honestamente- ninguno de los dos quiere escuchar.

Porque sí, ambos lo sabíamos... esto era transitorio, temporal... todo lo contrario a perenne o ad perpetuam.

Pero el hecho de que lo supiese con anticipación no me hizo manejarlo, ni me ha hecho más fácil el superar-lo.Ni el superar-te.

Sabes de sobra que soy adicta al autosabotaje y a los comportamientos autodestructivos, y que tú no ibas a ser la excepción. Por más especial que fuese, que fueras... que eres, mi instinto destructor y vicioso no iba a calmarse con tu partida.

Y te fuiste sí, y yo comencé mi festín de locuras y excesos.

De fiestas hasta la madrugada, de tragos, de vestidos cortos, de cantar a todo pulmón, de labios rojos. De besos apurados contra la pared de un antro, de llanto escondido, de manoseos impropios.

Caí en un zapping afectivo lleno de encuentros casuales e intermitentes, de sexo sin sentimientos, de ''nomeimportanadasolovoyadivertirme''.

Te fuiste y fue como si me hubiera antojado de subirme a una montaña rusa ebria e intoxicada de barbitúricos, y que mi carrito de velocidades fuese un hombre -el menos indicado para este momento- y yo sabía que las montañas rusas me ponen indispuesta y me dan ganas de vomitar, y cuando me bajo termino hecha mierda y maldiciendo el momento en el que decidí subirme a una... pero es que coño... 

Esos 30 segundos que dura el paseíto a toda velocidad por las alturas es tan intoxicante y orgásmico que me hace querer subirme, una y otra vez... hasta que tu vuelvas, o llegue alguien que me impida subirme a ella y me lleve de la mano a una atracción más segura dentro de la Feria del Amor...

Pertenecer.


Y allí estábamos los dos, después de habernos ido de fiesta toda la noche decidimos ir a su casa a seguir bebiendo nuestras soledades.

Nos sentamos en las tumbonas de la terraza a contemplar Caracas, silenciosa y dormida. Como si estuviera en el medio de una sobredosis y hubiera caído sedada en un trance. Más allá de la ventana solo se veía el Ávila y una que otra lucecita de algún farol encendido.

No recuerdo cuánto tiempo estuvimos así, en silencio mirando la inmensidad de la ciudad, mansa y dormida, como una mujer después de hacer el amor. Ninguno de los dos quería hablar, por miedo a romper la magia del momento. Por temor a decir aquello que sentíamos pero que no tenía caso sacar a colación.

Pasaron los minutos y los dos seguíamos así, callados, viendo los vasos de ron sudar encima de la mesa, mientras nosotros aspirábamos ese humo tóxico y sanador de nuestros cigarrillos. 

Voltée a verlo, no sé si por instinto o por esa necesidad imperiosa de fusilarlo en mis pupilas, como si fuera a quedarme ciega y quisiera preservar su rostro -así, allí- en mi memoria visual. 

Él se atrevió a romper el silencio. Sin mirarme,me dijo:

“Necesito pertenecer a algún lugar”.

Le hacía falta un territorio, como si no encontrase su propia geografía. Yo sólo pensaba en toda su libertad. En que no formaba parte de nada, en que no estaba malditamente atado a ningún punto cardinal, a que no dependía de un huso horario. Sabía que al no tener sitio no podía apegarse a nada, ni abandonar nada, ni extrañar nada.Era inmune a las ataduras, y a los verbos asociados a la nostalgia, a la melancolía. No tendría que vivir el exilio o el regreso, no sería protagonista de bienvenidas/despedidas, no viviría del hasta luego, ni del adiós.Yo envidiaba su vida de nómada, su desapego. El no ser de aquí ni de allá, su carencia total de cuando-donde, su incapacidad para creer en los adverbios de lugar. Lo envidiaba,envidiaba sus encuentros fugaces, casuales e intermitentes. Envidiaba la mordacidad en la que vivía y la no dependencia de nadie. Yo soñaba con llegar a un lugar sola, a un sitio donde no esperar ni aguardar por nada ni nadie, yo solo deseaba estar y ser sin tener que padecer los embates del adiós. 

Pero él anhelaba un espacio del cual irse y al cual llegar.

Yo lo escuchaba y sólo quería no pertenecer.

Público.Privado.

Y pasaron no sé cuántos días, y allí estaba yo. Sorprendida de no verme los ojos llorosos ni los kilos de menos. Asombrada de mi reflejo en el espejo, liso, sin señales algunas de tristeza. 

Nunca antes me había encontrado así, en una aparente calma libre de tensiones y sufrimientos. Mucho menos me había encontrado en paz después de una ruptura. (Sí es que había algo que romper, o si es que de verdad algo ya estaba roto entre los dos, no lo sé)

Lo recuerdo muy bien, terminamos de una manera extraña, entre la cobardía y el miedo que le tengo a las despedidas. Entre la confusión de no saber donde estaba parada, yo había perdido el norte y cualquier otro punto cardinal. 

Lo había perdido a él... sin quererlo, sin buscarlo

Es verdad, siempre volvemos al mismo tema; mi mal criterio a la hora de elegir hombres. Aunque a este no lo elegí, ni lo rechacé... todo es tan confuso que se desdibuja en mi mente el momento en el que decidimos estar juntos. Porque lo estuvimos, en todo el sentido de la palabra y sin tener que rendirle cuentas a nadie, sin estatus, sin ataduras...

Y él se fue, como era evidente que sucedería... tal vez por eso la situación se me hizo más manejable. No lo sé. Mentira, no lo manejé para nada bien.

Pero me levantaba y entraba a la ducha y me bañaba tranquila, salía de la regadera, me vestía como siempre y el espejo me devolvía un rostro libre de lágrimas. Cuando me ponía los lentes de sol no era para ocultar unas ojeras enormes ni unas pestañas empapadas de tanto llorar, era solo para añadirle un accesorio a mi look, para protegerme la vista del sol del verano. 

No tenía que usar maquillaje para camuflajear mi propio drama.

Y salía de mi casa y mi vida seguía transcurriendo en esa especie de tiempo inhumano de los relojes, y recibía llamadas y mensajes de texto y contestaba mails de amigos preocupados por mi reciente despecho, pero no les contaba de mi tristeza ni de la falta que me hacía, por lo que nuevamente me sorprendía. 

No tenía ganas de hablar de él, ni bien ni mal, era como si estuviese muerta por dentro, o con los sentidos tan aturdidos de tanto sentir, que ya no tenía tiempo para otra cosa.

 A veces me descubría mirando por la ventada distraída y se me olvidaba él y su rostro y no entendía nada más.

Tal vez es que después de tantas rupturas el alma se acostumbra y ya no hay espacio para el duelo.

Y los días seguían pasando, a veces me iba a tomar unos tragos con algunos amigos y entre rones y rones volvía a mi asombro, a ese limbo de no entender si es que no lo quise y por eso no lloraba o si es que ya estaba curada en salud de tantos despechos vividos. 

Durante las reuniones de trabajo me convencía de que la vida era esta, y continuaba con él o sin él. 

Inexorable, indómita y sin esperar a nadie la vida seguía su curso.

Entonces volvía a la casa, me desvestía y aseguraba mi cabello en una cola alta, me enfundaba en la pijama, abría el freezer y sacaba un tarro de helado. 

Me sentaba en la terraza, en el muro de la ventana a mirar la ciudad durmiendo mientras comía directo del pote. 

Así, en silencio, en la soledad de mi casa sabía que yo ya no era de llorar en público, y que mi única manera respetable de llorar era comer helado en privado.




domingo, 21 de agosto de 2011

Quiero contarte cuentos.


Quiero contarte cuentos.
(para que no te olvides de mi).

Llevo bastante tiempo escondiéndome detrás de una cantidad de personajes que me invento.

Tal vez los creo para sentirme más interesante, para no ser solo ”la chica que escribe”

Para poder esa que es lo suficientemente buena como para presentar en tu casa y lo suficientemente tranquila como para poder estar con ella. O tal vez los creo para sentirme atractiva, para ser como esas ”femme fatale” de las historias. Para ser la mujer seductora que logra todo lo que quiere, en tacones y además se queda con el chico de la película. O quizás es que me creo un personaje que me permita ser más que la chica simpática de lentes y look Tina Fey. No lo sé.

El caso es que estos personajes existen, y me hacen sentir un poco menos sola.

Creo que la culpa la tienen -en parte- todos los libros y películas que me han enseñado a creer en las casualidades, en la magia, en la ficción y en el destino. Supongo que -a veces- es más fácil escribir sobre lo que anhelo, sobre como me gustaría ser si pudiera nacer de nuevo, o sobre aquello que he querido hacer/decir y por cobarde no he hecho.

Sé que si viajásemos al pasado y dejásemos el miedo a un lado todas las casualidades de las que escribo tendrían cabida. En serio.

Pero estamos aquí, y no en el pasado, por lo que todo esto son puras conjeturas. Y odio que solo sean eso, conjeturas.

Lo que pasa es que durante mucho tiempo he creído -ciegamente- en las historias que leo, en las películas y en alguna que otra canción en la que me he visto reflejada, y es verdad, son cosas que solo ocurren en los mundos de ficción. Pero eso no impide que yo no quiera un poco de esa felicidad para mí.

Yo creo que ahora podría enamorarme de cualquiera que cometiera la insensatez de regalarme un libro, de contarme un cuento. De tomarme de la mano y llevarme como se lleva a un ciego por un museo, de cerrarme los ojos y describirme con palabras alguna pintura. 

Podría enamorarme de alguien que me llevara a bailar y me dejara desatarme como las diosas.

Pudiera enamorarme de alguien que un buen día me llamó y decidió llevarme por ahí, sin ruta planificada, por el solo hecho de querer estar conmigo. 

Y le diría, a ese alguien que es la excepción a la reglaLa excepción a todas mis reglas, incluso a aquella que reza ”prohibido enamorarse”

Por eso digo que podría enamorarme de cualquiera, pero ”cualquiera” no ha llegado aún.
Así que tengo a mis personajes, para ser yo en todos y cada uno de ellos.

Porque todos están llenos de ese ”yo no se qué” que me hace interesante, que me hace distinta, que me llena de ”magia”, por eso es que escribo. Para crearme, para entenderme… para tratar de conocerme y conocerle.

Y mis personajes tienen 3 cosas en común. Me enseñaron a sonreírle al pasado. A vivir el presente. Y a no planear el futuro.

sábado, 20 de agosto de 2011

Quédate.

Quédate allí...


disfrutando de tu vida





libertad.


Quédate allí...


-donde no existe explicación-





nos sobran teorías del amor.


Quédate allí,


en el punto


donde todo comenzó.

(G. ''Quédate'')

lunes, 1 de agosto de 2011

El comienzo del final

El amor suele empezar así, de la nada. 

Nace en un gesto, una llamada, un beso... se empieza a sentir al minuto uno de la primera cita o en la hora número dos del primer año junto a alguien.

 El amor tiene mil maneras distintas de empezar

Viene acompañado de un sinnúmero de síntomas que lo delatan, el corazón acelerado, las mariposas en el estómago, las canciones románticas, las sonrisas inapropiadas, los suspiros espontáneos... los nervios y ese yo no se qué que se aloja entre el pecho, el pulmón izquierdo y las piernas a medio cerrar/abrir.

Así como empieza, intempestivo, imprevisto, incontrolable... así es como suele irse

A veces se va en la mitad de un bofetón, después de una gritería inmensa, luego de algún desengaño, después de un par de discusiones y unas cuántas lágrimas. A veces el amor se marcha dando un portazo y otras tantas se va en un acto de cobardía, en un mensaje de texto o en una nota casi suicida en la mesa de noche del desdichado de turno.

El amor empieza y termina, de miles de maneras distintas. Hay tantos comienzos/finales, tantos saludos/despedidas como enamorados hay en este mundo.

Es verdad, yo no tengo idea de como empieza el amor, hasta ahora solo he especulado basándome en uno que otro comienzo amoroso que he tenido, y ¡bah! que tampoco sé a ciencia cierta como termina. Creo que eso depende de cada amor. 

Lo único que sé, es que el amor nunca suele irse limpiamente, sin aspavientos. 

El amor se va como los tornados, los terremotos, dejando tras de sí una estela de residuos y desechos que son imposibles de obviar.

El amor, cuando decide irse, deja un montón de basura, deja un desastre lleno de rencores, malos rollos, malos entendidos, discusiones, problemas, esperanzas, momentos y sobre todo recuerdos. 

El amor al irse deja recuerdos, buenos, malos, regulares... deja recuerdos en todos lados, en la mente, en el corazón, en la gaveta del escritorio, en la computadora de la sala, en la contestadora... deja fotos, portarretratos, cartas, canciones... películas. 

El amor es incapaz de llevarse consigo su lastre

Porque el amor cuando decide irse ni siquiera se lleva una muda de ropa. Caprichoso se levanta, abre la puerta y se larga, pretendiendo que uno se quede atrás mirando el apartamento del corazón inundado de recuerdos. 

El amor se larga y espera que uno solo se haga cargo de todo lo que éste deja atrás.

Además el amor suele terminarse en tiempos distintos, con diferente intensidad. 

El amor se acaba de manera distinta para cada miembro de la ahora disoluta pareja. Uno sufre, el otro tal vez se siente aliviado. Uno queda con mucho tiempo desocupado, y otro gana libertad. Uno queda con más seguridad y otro lleno de dudas. Uno queda más hundido, y el otro con un poco más de fuerza... 

Solo sé que hay que estar muy seguros de que el amor se ha ido antes de tirar la toalla.

 Uno tiene que asomarse por la puerta y ver realmente que el amor salió, que no tiene ni un ápice de ganas de volver, que se fue para no regresar jamás. Porque si algo sé es que no hay nada peor que limpiar el apartamento del corazón de los despojos del amor, haber roto las cartas, las fotos, los recuerdos, y que el amor se presente luego, a derribar la puerta para reclamar sus cosas. Para reclamarnos.

Porque a veces el amor se va y se instalan la decepción y la desolación, y luego éste no tiene como volver a incluirse en nuestra vida.

Pero lo único cierto es que cuando el amor se va del todo, viene la desintoxicación, el reconocimiento, la sanación, que a veces es producto de horas de catarsis o de sesiones románticas  con el sacaclavos de turno, eso depende, pero la desintoxicación llega, y de repente el amor y su desastre ya no forman parte de nuestra vida...

Y así, sin darnos cuenta todo vuelve a empezar.

jueves, 28 de julio de 2011

Allí. Así.

Quiero quedarme,

allí

y

así...

contigo.


miércoles, 20 de julio de 2011

Pretensiones.

Ella solo quería sus labios. Nada más. No tenía pretensiones románticas con él, ni finales de cuentos, ni múltiples citas. Ella solo quería besarlo, no involucrarse emocionalmente con él. Nada de te quieros, ni llamadas, ni reportes. Solo besos, caricias y nada más. Solo buscaba besarlo, lo buscaba para besarlo…hacía todo para besarlo. Para que él la besara, para sentir sus labios, su aliento, y sus manos en su cuerpo. Deseaba el roce de sus besos. Ella no lo quería, ni lo necesitaba, ni buscaba conocerlo. No pretendía saberse su árbol genealógico, ni sus canciones favoritas, ni sus miedos. No le interesaba nada de él, salvo sus labios. Ella no quería enamorarse, eso lo tenía claro. Solo quería besarlo y tenerlo allí, para cuando la necesidad atacara. Empezó volviéndose adicta a sus besos, y poco a poco un deseo se apoderó de ella, el deseo de que esos labios fueran suyos y de nadie más. Y empezó a pensarlo a deshoras. E hizo lo que era de esperarse, le escribió un mensaje y tuvieron una cita. Y otra, y otra… y empezaron a verse de día, delante de la mirada de la gente. Ya no era algo clandestino, ni puramente físico. Y ella lo miró y le tomó la mano en público, en la mitad de la calle, y se atrevió a besarlo de manera tímida. Ya no había lujuria, ni deseo… había cariño. Ella, que había jurado no querer a nadie. Ella que siempre estaba tan ‘’en control’’ de todo, había bajado la guardia… Él lo supo, siempre lo supo. Sabía que sería él el encargado de doblegarle las fuerzas, de quitarle las fronteras. Y ya no eran solo besos, eran llamadas, y mensajes, y conciertos… eran momentos y conversaciones, datos y anécdotas. Ella le contaba de sus miedos y sus locuras, y él la escuchaba con verdadera atención. Y empezaron los reportes, los ‘’escríbeme cuando llegues’’. Las indirectas sobre sexo se volvieron ‘’tengo ganas de dormir contigo’’. Los manoseos impropios se volvieron abrazos. Las sesiones de besos se volvieron tardes de películas en el sofá. Se empezaron a querer, así sin darse cuenta. Los ‘’no vamos a involucrarnos’’ se transformaron en cenas familiares, parrillas con amigos y salidas en grupos. Empezaron las confesiones, los ‘’te hecho de menos’’ y los ‘’quisiera que estuvieras aquí’’. Él dejó de decirle ‘’ella’’, para decirle cosas bonitas, como ‘’belleza’’. Ella empezó a incluirlo en su vida, en sus planes, comenzó a extrañarlo. Se sintieron ‘’pareja’’ aún sin serlo. Y él tuvo miedo. Y ella empezó a sentirse segura. 

Ambos tienen tan buena memoria, que ya saben como acabará todo.

miércoles, 13 de julio de 2011

Confesión Mil y tantas, o ME GUSTAS.

Me gustas tú y la forma en la que esto se está desarrollando. Me gusta tu manera de mirarme de reojo, y tus Vans marrones. Me gusta tener que esforzarme y poner de mi parte para todo, para impresionarte y para subirme a tu carro. Me gusta desordenar tu pelo mientras voy de copiloto. Me gusta la forma extraña en la que sostienes mi mano cuando vamos por la calle. Me gusta el modo que tengo de encajar dentro de tus brazos. Me gustan tus manías y lo fácil que es leerte los gestos. Me gusta versionar los mensajes que envías en las palabras que sé que sientes pero que no te atreves a decir. Me gusta tu espontaneidad y lo cómoda que estoy a tu lado, como si estuviéramos siempre en pijamas y descalzos. Me gusta que todas nuestras citas valgan la pena. Me gusta referirme a ti y a mi, y no andar por ahí pretendiendo ‘’nosotros’’. Me gusta no llevar la cuenta, pero saber que ya ha pasado tiempo. Me gusta tener tú conversación siempre abierta en el teléfono y acompañarte a hacer diligencias por la ciudad. Me gusta el tono en el que dices mi nombre. Me gusta recordar que a los pocos días de conocernos te vi dormir por primera vez, e inexplicablemente no fue producto de una sesión de sexo. Me gusta saber que piensas en mí. Me gusta ir contigo sin rumbo fijo. Me gusta darte los buenos días y esperar que seas mi despertador. Me gusta el hecho de que crees en la gente por encima de todas las cosas. Me gusta como tratas a los niños y a tus perros. Me gusta cuando me haces sentir incluida delante de la gente. Me gusta que no tengamos que ponerle etiquetas a esto, porque nos sentimos bien y porque no hace falta decirle a más nadie, que ya bastante evidente es que estamos juntos en esto. Me gusta esto tanto como me gustas tú. Me gusta lo mucho que sabes sorprenderme. Me gusta lo bien que te ves con camisas de vestir y lo bien que sé abotonártelas. Me gusta como nos quedan los lentes de pasta y el hecho de que nos vemos bien juntos. Me gusta que en todos nuestros planes siempre se ven definidos nuestros gustos. Me gusta esta ecuación ganar-ganar que somos. Me gusta saber mucho de fútbol y que te rías de mis momentos de varón. Me gusta como besas y como me besas. Me gustas tú, y tu casa y sus hormigas.Me gusta no tener fotos contigo, pero si tenerte fusilado en mis pupilas. Me gusta desvelarme contigo, sin ti, pensando en ti. Me gusta besarte en el medio de la calle, aprovechando los semáforos con cronómetro, me gustan los besos de luz amarilla y de 75 segundos de semáforo de la principal de la Castellana. Me gusta ser tú referencia y tu ‘’summer affaire’’. Me gusta ir a conciertos contigo, y que me abraces en el medio de la multitud para protegerme, me gusta bailar contigo en la mitad de una canción de Masseratti2LTS, me gusta compartir un cigarro contigo. Me gusta abrazarnos mientras vemos películas y después de no-verlas. Me gustan nuestros lunes de Stand Up, nuestros miércoles de Flamenco, nuestros viernes de Rock y cualquier vaina, nuestros días de rutinas y diligencias, nuestros sábados de Playa y conciertos. Me gustan nuestras tardes de fútbol, y de películas a larga distancia. Me gusta que seamos así de inteligentes y que siempre tengamos de que hablar. Me gusta quién eres y quién soy, y me gusta que sigamos siéndolo aún estando juntos.

Vaya, en resumen. Me gustas tú. Me gusta esto. Ya lo dije.

sábado, 9 de julio de 2011

Juegos

Tú y yo jugando este  jueguito malsano.

Llegaste y colocaste tú tablero, yo traté a duras penas de imponer mis reglas. El destino se encargó de darnos las fichas y el dado. 

La vida hizo la primera jugada y juntos avanzamos un par de casillas.

Imprudente como siempre no consulté el reglamento antes de coger el dado y lanzarlo, antes de besarte en la segunda casilla y antes de desvestirme en el sexto movimiento.

Me negué a leer las reglas del juego por temor a no jugar.

Así que heme aquí, sentada en mi esquina de la mesa, moviéndome más por instinto que por estrategia.

Avanzo cuando me tocas, retrocedo si te desganas. Pido tiempo fuera para que me eches de menos, me reincorporo a besarte y veo si con eso me acerco a la meta. 

Poco a poco, entre cita y cita vamos sumando puntos, vamos restando complejos.Vamos moviendo el tablero, de la mesa a la cama, de la cama al suelo, del suelo al carro.

Mientras tanto te muestro mi perfil más honesto, que contigo no quiero tener pokerface.

Guardé el comodín de las palabras para tener algo que decirte, aún cuando sé que ese momento puede no llegar nunca. Marqué una de mis cartas para que la conserves cuando te vayas.

Te quité las tarjetas de ‘’salir de la cárcel’’, para tenerte prisionero en los paréntesis de mis piernas.

Me diste como privilegio el beneficio de la duda, te di como garantía la excepción a mis reglas.

Nuestro juego supone una puerta entreabierta entre tú boca y mis ganas, nuestro juego presume que estamos en igualdad de condiciones.

Tu tablero es una calle ciega. Un laberinto sin salida en el que quiero adentrarme.

Y ambos estamos frente a frente, evaluando nuestras jugadas.

 Temerosos a la remota posibilidad de que la incertidumbre se transforme en goce, que el goce se vuelva felicidad, que la felicidad venga a interrumpir el juego y que alguno se vea forzado a abandonar la partida.

jueves, 7 de julio de 2011

Miedos.

Si le tienes miedo al pasado puedes estropear el presente.

Así dijiste.

El tema está en que yo, honestamente no le tengo miedo al pasado, ni al tuyo ni al mío.

Yo, a lo que si le tengo miedo es a que decidas invertir tu tiempo –mi tiempo, nuestro tiempo- en recordar tú pasado, a desear ciertas cosas de tu pasado.

 Porque yo no puedo competir contra eso.

Y es verdad, no tengo porque competir contra algo que ya ni siquiera es parte de tú vida no tengo porque desgastarme tratando de superar algo que bueno o malo ya pasó, pero siento que el hecho de que inviertas un segundo en pensar en tú ayer, -en un ayer donde yo no estaba- es una falta de consideración para conmigo, que solo puedo ofrecerte un hoy, y unos cuántos mañanas.

Lo que menos quiero es que se estropee el presente, créelo. 

Que con bastantes fantasmas luché para tener al menos un poco de presente contigo, pero creo que si yo estoy sobreviviendo a la puta incertidumbre y aprendí a vivir un día a la vez contigo sin darme tanta mala vida lo mínimo que merezco es que creas en esto

Sea esto lo que sea.

Que creas un poco y que no recurras a tú ayer para matar las horas. Que no bebas en nombre de un pasado que ya no te acompaña, que creas en esto lo suficiente como para llamarme hoy, mañana y así sucesivamente.

Y te repito, yo no le tengo miedo al pasado.

 Yo lo único que temo es a que tu te quedes pensando en eso y te ausentes de mi presente.





lunes, 4 de julio de 2011

Nuestra utopía. Existe.

Algunas noches como esta me pongo a pensar en cosas como que prefiero pasarme la vida leyendo un buen libro en algún banco de una plaza, o caminando con los pies metidos en el mar. A veces quiero ser como cualquier heroína de película gringa llena de conflictos emocionales y poseedora de un look desastroso. Una heroína llena de ganas de salvar el mundo, de salvarte, de salvarse…

Conforme pasan las horas veo que aquí –sin ti-, todo está en calma. Quisiera gastarme los minutos bailando en alguna plaza o contigo en la mitad de un concierto callejero en vez de estar perdiendo horas de mi vida en una peluquería tratando de ser ‘’más bonita’’.Que sepas, que desde que te vi me gustan más los besos inesperados y los abrazos de oso que aquellas demostraciones de cariño perfectamente planeadas.

 Prefiero las caricias inapropiadas por debajo de la mesa y las miradas de reojo a esas técnicas de conquista de macho alfa en algún bar. Las conversaciones inteligentes, las citas de autores, películas y canciones me excitan mucho más que un manoseo carente de sentido. Y si bien es cierto que le tengo un miedo descomunal a los aviones, a veces sueño que tomo un par de ellos para verte, a ver si así abarco el trecho que separa mi soledad de tu vida. Prefiero hacer una película contigo, a ver alguna historia romántica juntos en el sofá de tu casa.


Prefiero que me dejen marcas de constelaciones en la espalda a tumbarme en la grama a ver las estrellas y pedirles deseos uno tras otro. Todos los días tengo la necesidad imperiosa de perderme entre páginas de libros, historias, histerias y caracteres de algún texto a medio terminar.

Necesito perderme en alguna página que me enseñe a pretender que no voy a quererte. Quiero que sepas que para mi la soledad no es más que una libreta llena de garabatos. Y que quiero leerte las historias que hago con ellos. Quiero regresar a tu casa con el mar en la piel, las manos llenas de ganas y el corazón confiando en un par de sueños, limpia de voz y repleta de silencios. Prefiero el sonido de tu voz del otro lado del teléfono, y mis gemidos pegados a tu oído deseando tenerte aún más cerca.

He dejado –al menos por ahora- de coleccionar desengaños propios y ajenos, he retomado el amor por mirar a los ojos, y acariciarte sin tener pena. Quiero hacerte un rompecabezas de recuerdos y dejarte una estela de ropa en el piso de tu cuarto. Quiero que recuerdes mi risa ese día de verano, el abrazo contemplando el mar y yo mirándote dormir.


Me gusta hablar de todo, y reírme por nada. Me gusta que sepas que la fórmula mágica es ‘’vivir y dejar vivir, y que si el mundo se acaba que nos pille juntos, en algún bar’’. Cierro los ojos y me dejo llevar, y sueño que un día las hormonas le ganen la batalla a todos mis miedos. Para que tengamos cenas sin fin, cuyo plato principal sean tus besos y el ron sea nuestra bebida de los viernes.

Y que hagamos un viaje largísimo por carretera, para tomar fotos y acampar juntos, y llevar en mi maleta sueños en forma de ropa interior. Ir los dos en la camioneta con rumbo a lo desconocido, haciendo una parada en la libertad… Susurrándote: ‘’si se te acaba la gasolina, me muero’’ y riéndome cada vez que te grite: ‘’vamos a morir’’. Tomándote fotos improvisadas y buscando alguna que sea lo suficientemente espontánea para hacerla nuestra foto de perfil.
Quiero dormirme con tu mano acariciando mi pelo, tu boca besando mi espalda, dejando un testimonio de tu visita en mi nuca. Declarando con besos que ‘’estuviste allí’’.

Y amanecer dando gracias a la tecnología por acercarnos, y salir a la calle de la mano, que el verano puede durar más que un par de meses.

Toma mi mano, abróchate el cinturón, cojamos este avión y vayámonos a dónde no se llega tarde, nunca.

jueves, 30 de junio de 2011

Conversaciones insomnes.

Ayer, mi insomnio vino a hablarme, de ti y de mí…

Me dijo que estaba un poco extraviada, como construyendo mi propio punto de inflexión. Le sonreí y le confesé que andaba perdida, y que esa sensación lejos de asustarme me gustaba, tal vez más de lo que debería gustarme.

Pasaron unos minutos y le pregunté si tenía algo que decirme de ti, se mostró esquivo y solo me dijo ‘’él lo está disfrutando’’. Le devolví la mirada y asentí con la cabeza, ‘’eso ya lo tenía claro’’ –le dije-.

Al cabo de unas horas de charla, se aventuró a preguntarme de qué iba esto, si era feliz a tú lado y contigo –que son dos cosas distintas-. Lancé un suspiro, y le dije que sí… y comencé a entretejerle una serie de anécdotas reales e imaginarias, como que no dejo de soñar con tus manos y que la playa ya no será lo mismo el día en que te vayas.

Me acomodé en la cama para hacerle sitio, y le conté lo mucho que me gustas, y que a veces me imagino como sería perdernos en algún lugar, o amanecer juntos en un campamento lejos de todo y de todos.

Mi insomnio no paraba de hacer caras, y de cuando en cuando me decía ‘’va a llegar un día en el que duermas con él y yo ya no tenga cabida aquí’’.

Vi como se le escapaba una lágrima, sonreí con un poco de complicidad y le dije, ‘’pase lo que pase tú estarás aquí, que sé de buena fuente que ahora es que me vienen noches en vela sin él’’.

Seguí mi narración emocionada, contándole las ganas que tengo de caminar de la mano contigo en alguna playa solitaria, de sentarnos en la arena y hacernos fotos de perfil. Que tengo necesidad de tus besos y de tus abrazos. Le hablé de los conciertos, de esa sensación de sentirnos solos pero rodeados de todo el mundo, de los silencios compartidos, de los te quiero que aún no decimos, y de las ganas…

Le confesé que tengo miedo, que me tengo miedo, que nos tengo miedo.

Que tengo miedo de quedarme prendada de ti, y que tengo miedo de que nos queramos.

Tengo miedo de mí sin ti y de este cuándo-dónde en el que estamos.

Con mi risa nerviosa le dije que el miedo estaba porque no sabía si mi ‘’me gustas’’ era similar al tuyo, que ya estoy cansada de no estar en la misma página, pero que sabía –al menos- que tú y yo estamos en el mismo libro.

Me quitó el cabello de la cara, y me dijo, ‘’están en el mismo libro, y no dudes que están escribiendo a dos voces la historia de esta página’’.

Le pedí disculpas, sabía que para él no era fácil escuchar esta historia, sabía que él seguía a mi lado hasta que alguien lo reemplazara… sabía que estaba harto de mis historias de amor y de nuestra soledad compartida. 

Sabía que mi insomnio quería irse, pero que no quería dejarme sola, que son sentimientos muy diferentes.

‘’Uno puede tener ganas de irse de algún sitio, eso es comprensible… pero eso no indica que uno quiera dejar al otro sumido en una soledad impuesta y no deseada’’.

Lo abracé, y le dije al oído… ''anda, déjame que te acompañe que no es tiempo de andar solo''.

Me soltó, y dijo: ‘’duérmete, que ya mañana vienen por ti’’.

Desperté y ya el insomnio se había ido, me había dejado una nota en la mesa de noche que decía ‘’volveré el día en que él se vaya’’.

Y estoy aquí, aferrada a que ese día no llegue nunca.








martes, 28 de junio de 2011

Vine a hablar de ti.


Vine a hablar de ti.

De tú manera tan peculiar de saber cuando estoy disimulando, de la música que te gusta oír y que a más nadie parece gustarle. Vine a hablar de ti, de esa cualidad innata de pedirle más a la vida, de esa fobia confesa a la mediocridad.

Vine a hablar de ese modo de mirar que tienes, que me desviste sin pudor. Vine a hablar de tú tono de voz y de cómo te ríes en silencio cuando sabes que estoy a punto de decirte una imprudencia.

Vine a hablar de lo experto que eres haciendo los cambios del carro con una sola mano, para poder sujetar la mía cuando manejas. Vine a hablar de lo bien que cumples tu rol de despertador cuando tienes que levantarme para ir a algún sitio.

Vine a hablar de tú amor por los niños, por los perros y por las actividades al aire libre.

Vine a hablar de tu premisa de ‘’vivir y dejar vivir’’ que tanto me gusta.

 Vine a hablar de tu drama circundante, ese que está siempre presente y del que no quisiera hablar más nunca.

Vine a hablar de tus propuestas de citas, de las colas que te has aguantado para verme. De los primeros besos tímidos, de los pines que nunca llegan. De las películas a larga distancia.

Vine a hablarte de los conciertos a los que me llevas, de las canciones que cantas a todo pulmón, de la vez que te quedaste dormido en la playa, de lo perfecta de tu espalda, de lo bonitas que son tus manos.

Vine a hablar de los dos en esa playa medio solitaria, de lo natural que se siente todo. De lo mucho que disfrutas mi compañía.

 Vine a hablar de ti, y de mí… y de lo maravilloso que es que contigo esté yo, y no ella.

Vine a hablar de tu cuarto y de tu carro, que han sido cómplices de todos estos encuentros. Vine a hablar de tus conocidos y ventajas en aquel bar, de todas las veces que me preguntas ‘’ ¿estás bien?’’, de los cigarros de doña que a veces te toca fumar.

Vine a hablar del hecho de que no te apene presentarme a tus amigos, de que aún quieras agarrarme la mano en público. Vine a hablar de ti abrazándome por la espalda mientras oíamos a Masseratti2LTS.

Vine a hablar de lo bien que besas, de lo mucho que me gustas, de lo caduco que siento que es todo esto.

 De tu escasez de palabras y tu exceso de acciones. De que aún a pesar del poco tiempo sepas complacerme.

Vine a hablar de lo relajado que eres. De tu sistema de creencias en el que todo está bien porque todos los días valen la pena. De los emoticonos que pones en nuestras conversaciones y que yo suelo interpretar en frases elaboradas que sé que piensas pero que no dices. Vine a hablar de los reportes, de los ‘’ya llegué’’, ‘’voy saliendo’’, ‘’baja’’ que sueles escribirme un día sí y uno no.

Vine a hablar de las veces que me has dicho que deje la inseguridad allí, al lado de la ropa que me quitas, que esto se siente bien y que no hay porque preocuparse.

Vine a hablar de tus ganas de hacer el verano un poco más largo.

lunes, 20 de junio de 2011

Dar, recibir-

Es mejor dar que recibir. Al menos eso es lo que creo; por eso yo quiero dando, porque no concibo otra manera de querer.

Y sí, es una posición absurda y hasta incomprensible, porque nadie va a apostarle a una situación en la cual no pueda sacar alguna ventaja. Porque nadie va a arriesgarse para no recibir nada a cambio. 

Nadie da sin recibir, porque somos en esencia interesados.

Por eso es que sé que esto va a funcionar. Porque yo estoy dispuesta a dar, a darte un romance sin dramas, sin conflictos, y tú estás dispuesto a recibir mis besos, mis comentarios inesperados, mis sonrisas inapropiadas... en fin, estás dispuesto a recibir-me.

Quiero que sepas entonces que esto va en un esquema ganar-ganar, esquema que solo tenemos que entender  tú y yo. 

Un esquema de juego en el que tú pretendes no involucrarte y en el que yo finjo que no voy a quererte.

Porque mi interés no es que te quedes, no. Mi interés es más sencillo, es que te interese estar a mi lado hasta que el avión realice su último llamado.

Y que sepas pues, que ''voy a volver a esperarte, aunque no vuelvas del todo''.

sábado, 18 de junio de 2011

Adverbios.

Déjame ser tu adverbio de lugar.


Tú aquí. Mi allá.

viernes, 17 de junio de 2011

Cuenta ascendente, más nunca regresiva.


Uno, el segundo que tomó propiciar el encuentro.
Dos las veces que algo interfiere con nuestros planes de vernos.
Tres, las ‘’citas’’ que hemos tenido.
Cuatro, las madrugadas de sueño invertido en hablarte de mi vida.
Cinco los meses que tengo imaginándote a distancia.
Pero ahora estás aquí.
Y ‘’Si quieres, hacemos el verano algo más largo''

Seis los textos –sobre ti- que he dejado a medio terminar.
Siete, las letras que te nombran.
Ocho los pecados que cometo cuando intento no besarte.
Nueve son los segundos que me tardo en responderte.
Diez los lunares escondidos en mi espalda deseosos de las caricias de tus manos.

Once aquellos mensajes clandestinos enviados.
Doce, las señales que te di antes de besarte.
Trece las canciones que escuchamos en ese concierto gratuito.
Catorce las miradas de reojo que te lancé ese domingo.
Quince las cervezas que separaban mis ganas de tu cuerpo.

Diecisés las veces que te dije que te quería conmigo.
Pero ahora estás aquí.
‘’Si quieres, hacemos el verano algo más largo''.

Diecisiete películas que quiero compartir contigo.
Dieciocho los planes que tengo para ambos.
Diecinueve días estuvo ella tratando de perseguirte.
Veinte las anécdotas intercambiadas entre cervezas y gotas de lluvia.
Veintiuno, los años que tengo cumpliendo en la misma fecha.
Veintidós los motivos que quiero darte 
para que me digas que
 ahora estás aquí…

Y que quieres hacer el verano algo más largo.