Ella solo quería sus labios. Nada más. No tenía pretensiones románticas con él, ni finales de cuentos, ni múltiples citas. Ella solo quería besarlo, no involucrarse emocionalmente con él. Nada de te quieros, ni llamadas, ni reportes. Solo besos, caricias y nada más. Solo buscaba besarlo, lo buscaba para besarlo…hacía todo para besarlo. Para que él la besara, para sentir sus labios, su aliento, y sus manos en su cuerpo. Deseaba el roce de sus besos. Ella no lo quería, ni lo necesitaba, ni buscaba conocerlo. No pretendía saberse su árbol genealógico, ni sus canciones favoritas, ni sus miedos. No le interesaba nada de él, salvo sus labios. Ella no quería enamorarse, eso lo tenía claro. Solo quería besarlo y tenerlo allí, para cuando la necesidad atacara. Empezó volviéndose adicta a sus besos, y poco a poco un deseo se apoderó de ella, el deseo de que esos labios fueran suyos y de nadie más. Y empezó a pensarlo a deshoras. E hizo lo que era de esperarse, le escribió un mensaje y tuvieron una cita. Y otra, y otra… y empezaron a verse de día, delante de la mirada de la gente. Ya no era algo clandestino, ni puramente físico. Y ella lo miró y le tomó la mano en público, en la mitad de la calle, y se atrevió a besarlo de manera tímida. Ya no había lujuria, ni deseo… había cariño. Ella, que había jurado no querer a nadie. Ella que siempre estaba tan ‘’en control’’ de todo, había bajado la guardia… Él lo supo, siempre lo supo. Sabía que sería él el encargado de doblegarle las fuerzas, de quitarle las fronteras. Y ya no eran solo besos, eran llamadas, y mensajes, y conciertos… eran momentos y conversaciones, datos y anécdotas. Ella le contaba de sus miedos y sus locuras, y él la escuchaba con verdadera atención. Y empezaron los reportes, los ‘’escríbeme cuando llegues’’. Las indirectas sobre sexo se volvieron ‘’tengo ganas de dormir contigo’’. Los manoseos impropios se volvieron abrazos. Las sesiones de besos se volvieron tardes de películas en el sofá. Se empezaron a querer, así sin darse cuenta. Los ‘’no vamos a involucrarnos’’ se transformaron en cenas familiares, parrillas con amigos y salidas en grupos. Empezaron las confesiones, los ‘’te hecho de menos’’ y los ‘’quisiera que estuvieras aquí’’. Él dejó de decirle ‘’ella’’, para decirle cosas bonitas, como ‘’belleza’’. Ella empezó a incluirlo en su vida, en sus planes, comenzó a extrañarlo. Se sintieron ‘’pareja’’ aún sin serlo. Y él tuvo miedo. Y ella empezó a sentirse segura.
Ambos tienen tan buena memoria, que ya saben como acabará todo.

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