lunes, 4 de julio de 2011

Nuestra utopía. Existe.

Algunas noches como esta me pongo a pensar en cosas como que prefiero pasarme la vida leyendo un buen libro en algún banco de una plaza, o caminando con los pies metidos en el mar. A veces quiero ser como cualquier heroína de película gringa llena de conflictos emocionales y poseedora de un look desastroso. Una heroína llena de ganas de salvar el mundo, de salvarte, de salvarse…

Conforme pasan las horas veo que aquí –sin ti-, todo está en calma. Quisiera gastarme los minutos bailando en alguna plaza o contigo en la mitad de un concierto callejero en vez de estar perdiendo horas de mi vida en una peluquería tratando de ser ‘’más bonita’’.Que sepas, que desde que te vi me gustan más los besos inesperados y los abrazos de oso que aquellas demostraciones de cariño perfectamente planeadas.

 Prefiero las caricias inapropiadas por debajo de la mesa y las miradas de reojo a esas técnicas de conquista de macho alfa en algún bar. Las conversaciones inteligentes, las citas de autores, películas y canciones me excitan mucho más que un manoseo carente de sentido. Y si bien es cierto que le tengo un miedo descomunal a los aviones, a veces sueño que tomo un par de ellos para verte, a ver si así abarco el trecho que separa mi soledad de tu vida. Prefiero hacer una película contigo, a ver alguna historia romántica juntos en el sofá de tu casa.


Prefiero que me dejen marcas de constelaciones en la espalda a tumbarme en la grama a ver las estrellas y pedirles deseos uno tras otro. Todos los días tengo la necesidad imperiosa de perderme entre páginas de libros, historias, histerias y caracteres de algún texto a medio terminar.

Necesito perderme en alguna página que me enseñe a pretender que no voy a quererte. Quiero que sepas que para mi la soledad no es más que una libreta llena de garabatos. Y que quiero leerte las historias que hago con ellos. Quiero regresar a tu casa con el mar en la piel, las manos llenas de ganas y el corazón confiando en un par de sueños, limpia de voz y repleta de silencios. Prefiero el sonido de tu voz del otro lado del teléfono, y mis gemidos pegados a tu oído deseando tenerte aún más cerca.

He dejado –al menos por ahora- de coleccionar desengaños propios y ajenos, he retomado el amor por mirar a los ojos, y acariciarte sin tener pena. Quiero hacerte un rompecabezas de recuerdos y dejarte una estela de ropa en el piso de tu cuarto. Quiero que recuerdes mi risa ese día de verano, el abrazo contemplando el mar y yo mirándote dormir.


Me gusta hablar de todo, y reírme por nada. Me gusta que sepas que la fórmula mágica es ‘’vivir y dejar vivir, y que si el mundo se acaba que nos pille juntos, en algún bar’’. Cierro los ojos y me dejo llevar, y sueño que un día las hormonas le ganen la batalla a todos mis miedos. Para que tengamos cenas sin fin, cuyo plato principal sean tus besos y el ron sea nuestra bebida de los viernes.

Y que hagamos un viaje largísimo por carretera, para tomar fotos y acampar juntos, y llevar en mi maleta sueños en forma de ropa interior. Ir los dos en la camioneta con rumbo a lo desconocido, haciendo una parada en la libertad… Susurrándote: ‘’si se te acaba la gasolina, me muero’’ y riéndome cada vez que te grite: ‘’vamos a morir’’. Tomándote fotos improvisadas y buscando alguna que sea lo suficientemente espontánea para hacerla nuestra foto de perfil.
Quiero dormirme con tu mano acariciando mi pelo, tu boca besando mi espalda, dejando un testimonio de tu visita en mi nuca. Declarando con besos que ‘’estuviste allí’’.

Y amanecer dando gracias a la tecnología por acercarnos, y salir a la calle de la mano, que el verano puede durar más que un par de meses.

Toma mi mano, abróchate el cinturón, cojamos este avión y vayámonos a dónde no se llega tarde, nunca.

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