
Toda historia de amor y todo cuento de hadas empieza con un ella y un él que de una manera u otra están destinados a estar juntos.
En las historias para niñas de tipo convencional, nuestro él es un caballero de brillante armadura que llega de manera inesperada a salvar a nuestra ella, que es siempre-siempre una damisela en apuros. Nuestro él es un tipo buenmozo y de buenas intenciones, nuestra ella es a veces una princesa encubierta, o una chica preciosa con un talento común, todas las ellas cantan lindísimo y son buenas con los animalitos de las praderas.
Nuestro ''él'' salva a nuestra perfecta ''ella'' de las alimañas del mundo fantasioso, de brujas, duendes, ogros, esto ocurre normalmente con un ''beso de amor verdadero'' y culminado el roce de labios viven felices ''para siempre''.
Pero yo decidí vivir al margen de las respectivas ardillas y conejos, de las canciones de amor en la pradera y me encontré viviendo mi cuento de hadas atípico.
Ella y él son completamente distintos, desde las edades hasta las formas que ambos tienen para mirar el mundo con los mismos cristales pero desde distintas ópticas. El con su metodismo exacerbado, con sus cigarros Belmont que lo acompañan a todas partes, con su manía de controlar todo. Ella con la improvisación como carta de presentación, con sus temores absurdos, con sus sueños irrealizables y su autosaboteo.
Ella usualmente lo arriesga todo, con sus múltiples cualidades y con sus maneras ilógicas de demostrar su afecto. Ella, la siempre-siempre equivocada y la nunca-nunca en la cama de otro.
Él y sus ganas de saber que todo vale la pena, él, que prefiere ser previsivo y cumplir agendas de felicidad.
Ella y él, y su comienzo furtivo. Ella y él y los besos en la Plaza del San Ignacio. Ella y él y un vuelo a Ciudad de México. Ella y él y las pirámides de Teotihuacán. Ella y él y la boda de su hermano, la promesa de ser ''los próximos'', la navidad pasada. Los sueños compartidos y las pesadillas discutidas.
Las fotografías, los papelitos intercambiados, las risas, las lágrimas. Las caricias irremplazables, los caminos surcados esquivando la ropa de ambos. Las horas de mirarse a los ojos y sentir que el mundo va lento.
Las familias de ambos, la indecisión de ella y los temores de él que surgen siempre como los ogros y las brujas de los cuentos de hadas. Los ''breaks'', los celos, los errores de ella, las aspiraciones a veces excesivas de él.
Las ganas acumuladas y las fuerzas para luchar de ambos. La consabida frase de ella ,'' estamos juntos en esto''.
Él y su no puedo seguir luchando en vano, ella deseando que todo mejore.
Los buenos recuerdos, los mensajes importantes. Los planes a futuro, los viajes planeados...el felices por ahora y el juntos para siempre. La promesa de hacer un México cada día, las cuentas conjuntas, las llamadas, las salidas.
Sus pecas de la espalda, las manos temblorosas, los vestidos arrugados, la toalla en el piso del cuarto, las maneras de vestirlo y desvestirlo. Ella aprendiendo a amar, él enseñado todo lo que sabía.
Ella y él y el intercambio sabio de consejos. Ella es solo la princesa del sueño encantado de él. Él ha sido dibujado por ella en miles de posts imaginarios y publicados, ella y él y la creencia ciega de que el amor todo lo puede.
El recuerdo, el deseo de cambiar el destino. El amor verdadero.
Y ella y su propuesta:
''Déjame que te acompañe que no es tiempo de andar solo''.
Él contesta:
''Gánate de nuevo mi compañía''.
Ella y éste post que busca ser un cuento de hadas, atípico y todo, pero cuento de hadas al fin.
Ella no sabe si tiene que caer alguna estrella, si hay que hacer un milagro para convencerlo a él, terco y calculado, pero enamorado. Él solo espera que ella cambie, pero sin dejar de ser ''la princesa de sus sueños encantados''.
Ella y él solo tienen como motor el amor y los buenos recuerdos, las batallas ya ganadas, el terreno conquistado...
Ojalá ella y el aprendan de éste cuento y en un próximo post no sabe ella si lejano o cercano, pueda escribir el final feliz...
p.s: La portada de éste cuento de hadas sería como las fotos del calendario Campari, para no irnos por lo convencional.