
Lo único que ella le suplicó,
con los ojos al borde de las lágrimas,
las manos temblorosas
y el amor como mecanismo de supervivencia
bajo el cielo estrellado de cualquier bar
fue:
''Respeto y que nunca-nunca me des otro ultimátum''.
Hoy ella sigue aquí,
el bar se ha ido,
los ojos ya dejan brotar las lágrimas,
las manos intentan sujetarlo todo,
y el amor...
El amor tiene las mismas letras que ''CHAO''.

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