Siempre fui de las que no renunciaban a nada, hasta hoy.
Mi mano derecha al fin decidió rendirse, dejar de jugar a ser la perfecta, la que todo lo puede, la que todo lo aguanta. La que se reinventa y cambia, la que soporta y pide excusas y disculpas. La que se quita los tacones para no hacer escándalo al pisar. La que se muerde el labio inferior para no llorar en público. La que sabe dejar de desvariar y decir ''que te doy mi amor constante''.
La que decide y actúa consecuentemente, la que no molesta nunca. La que pasa siempre por debajo de la mesa, la que prefiere callar una discusión asumiendo las culpas, la que soporta cada cosa de la que se le acusa con un letrero de ''culpable''.
Renuncio a creer que traje todos los males al mundo, que le robé la tapa a la Caja de Pandora, que los polos se derriten porque mi mal humor es constante, que gracias a mi todo lo que hacemos se vuelve un intento fallido. Que soy yo la que no desmuestra nada, la que no arriesga ni gana.
Renuncio a sentir que no soy digna de tí, de que me ames. Renuncio a pensar todo para no llorar, renuncio a pasar de largo las ofensas. Renuncio a creer que olvidar lo malo y tomar lo bueno es de cobardes.
Renuncio a creer que nuestra única posibilidad está en dejarnos, en borrar el año y pico. En arrancar los 19 de los calendarios. Renuncio a sentir el miedo siempre presente de que vas a irte. Renuncio a que me etiqueten de inmadura y poco entregada a esto.
Renuncio a sentir que soy poca cosa, que siempre-siempre me equivoco. A que NUNCA estoy presente, a que te abandono en momentos difíciles, a que represento lo que más amas y lo que más te repugna en una sola persona.
Lo admito, renuncio a la mera posibilidad de dejarte el camino libre para que te vayas, para que consideres mis esfuerzos inútiles, para ser la mala relación pasada y nunca olvidada.
Renuncio a que te quedes en boceto de carta y no en la carta finalista de mis ''Cartas de amor de MontBlanc'', a que no exista una cuenta conjunta, a que las tarjetas de Navidad no digan nuestros nombres aunque odie lo cursi.
Renuncio a que nuestro futuro incierto de cuento de hadas atípico deje de existir porque un día me dormí demasiado temprano y tu insomnio decidió ese día necesitarme.
Renuncio a no entrar a la ducha contigo, a quitar la foto de la mesa de noche, a dejar de bloggearte, a no nombrarte junto a mí. A no ayudarte a escoger la ropa, a no ordenar tú cuarto, a no ver la promesa de ''un México cada día''.
Renuncio a no ''ser los próximos'', renuncio a que no hayan más canciones dedicadas y susurros cómplices, a que no hayan más caricias furtivas y encuentros intensos.
Renuncio a sentir que sin tí estoy imcompleta y escojo sentir que tú me complementas, que sí estás me consolido...
Renuncio a no besarte más, a no abrazarte, a no sentir el roce de tu barba. Renuncio a que no exista una posibilidad para lo dos.
Renuncio a que todo esto se vuelva un recuerdo etéreo y absurdo. Renuncio a humillarme más. Renuncio a que no me mires a los ojos y digas cuando te pregunten quién es la mujer de tu vida ''es ella''.
Renuncio a creer que todo ha sido en vano.
Renuncio a sentir que lo único que puedo hacer es aguardar en silencio y negligencia que un día digas ''ya no aguanto más''.

Its ok to be a teenager. No se te olvide que apenas tienes 19... De todo lo que puedas renunciar, nunca renuncies a tu derecho de ser tan madura como tu experiencia te lo permita.
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