jueves, 28 de julio de 2011

Allí. Así.

Quiero quedarme,

allí

y

así...

contigo.


miércoles, 20 de julio de 2011

Pretensiones.

Ella solo quería sus labios. Nada más. No tenía pretensiones románticas con él, ni finales de cuentos, ni múltiples citas. Ella solo quería besarlo, no involucrarse emocionalmente con él. Nada de te quieros, ni llamadas, ni reportes. Solo besos, caricias y nada más. Solo buscaba besarlo, lo buscaba para besarlo…hacía todo para besarlo. Para que él la besara, para sentir sus labios, su aliento, y sus manos en su cuerpo. Deseaba el roce de sus besos. Ella no lo quería, ni lo necesitaba, ni buscaba conocerlo. No pretendía saberse su árbol genealógico, ni sus canciones favoritas, ni sus miedos. No le interesaba nada de él, salvo sus labios. Ella no quería enamorarse, eso lo tenía claro. Solo quería besarlo y tenerlo allí, para cuando la necesidad atacara. Empezó volviéndose adicta a sus besos, y poco a poco un deseo se apoderó de ella, el deseo de que esos labios fueran suyos y de nadie más. Y empezó a pensarlo a deshoras. E hizo lo que era de esperarse, le escribió un mensaje y tuvieron una cita. Y otra, y otra… y empezaron a verse de día, delante de la mirada de la gente. Ya no era algo clandestino, ni puramente físico. Y ella lo miró y le tomó la mano en público, en la mitad de la calle, y se atrevió a besarlo de manera tímida. Ya no había lujuria, ni deseo… había cariño. Ella, que había jurado no querer a nadie. Ella que siempre estaba tan ‘’en control’’ de todo, había bajado la guardia… Él lo supo, siempre lo supo. Sabía que sería él el encargado de doblegarle las fuerzas, de quitarle las fronteras. Y ya no eran solo besos, eran llamadas, y mensajes, y conciertos… eran momentos y conversaciones, datos y anécdotas. Ella le contaba de sus miedos y sus locuras, y él la escuchaba con verdadera atención. Y empezaron los reportes, los ‘’escríbeme cuando llegues’’. Las indirectas sobre sexo se volvieron ‘’tengo ganas de dormir contigo’’. Los manoseos impropios se volvieron abrazos. Las sesiones de besos se volvieron tardes de películas en el sofá. Se empezaron a querer, así sin darse cuenta. Los ‘’no vamos a involucrarnos’’ se transformaron en cenas familiares, parrillas con amigos y salidas en grupos. Empezaron las confesiones, los ‘’te hecho de menos’’ y los ‘’quisiera que estuvieras aquí’’. Él dejó de decirle ‘’ella’’, para decirle cosas bonitas, como ‘’belleza’’. Ella empezó a incluirlo en su vida, en sus planes, comenzó a extrañarlo. Se sintieron ‘’pareja’’ aún sin serlo. Y él tuvo miedo. Y ella empezó a sentirse segura. 

Ambos tienen tan buena memoria, que ya saben como acabará todo.

miércoles, 13 de julio de 2011

Confesión Mil y tantas, o ME GUSTAS.

Me gustas tú y la forma en la que esto se está desarrollando. Me gusta tu manera de mirarme de reojo, y tus Vans marrones. Me gusta tener que esforzarme y poner de mi parte para todo, para impresionarte y para subirme a tu carro. Me gusta desordenar tu pelo mientras voy de copiloto. Me gusta la forma extraña en la que sostienes mi mano cuando vamos por la calle. Me gusta el modo que tengo de encajar dentro de tus brazos. Me gustan tus manías y lo fácil que es leerte los gestos. Me gusta versionar los mensajes que envías en las palabras que sé que sientes pero que no te atreves a decir. Me gusta tu espontaneidad y lo cómoda que estoy a tu lado, como si estuviéramos siempre en pijamas y descalzos. Me gusta que todas nuestras citas valgan la pena. Me gusta referirme a ti y a mi, y no andar por ahí pretendiendo ‘’nosotros’’. Me gusta no llevar la cuenta, pero saber que ya ha pasado tiempo. Me gusta tener tú conversación siempre abierta en el teléfono y acompañarte a hacer diligencias por la ciudad. Me gusta el tono en el que dices mi nombre. Me gusta recordar que a los pocos días de conocernos te vi dormir por primera vez, e inexplicablemente no fue producto de una sesión de sexo. Me gusta saber que piensas en mí. Me gusta ir contigo sin rumbo fijo. Me gusta darte los buenos días y esperar que seas mi despertador. Me gusta el hecho de que crees en la gente por encima de todas las cosas. Me gusta como tratas a los niños y a tus perros. Me gusta cuando me haces sentir incluida delante de la gente. Me gusta que no tengamos que ponerle etiquetas a esto, porque nos sentimos bien y porque no hace falta decirle a más nadie, que ya bastante evidente es que estamos juntos en esto. Me gusta esto tanto como me gustas tú. Me gusta lo mucho que sabes sorprenderme. Me gusta lo bien que te ves con camisas de vestir y lo bien que sé abotonártelas. Me gusta como nos quedan los lentes de pasta y el hecho de que nos vemos bien juntos. Me gusta que en todos nuestros planes siempre se ven definidos nuestros gustos. Me gusta esta ecuación ganar-ganar que somos. Me gusta saber mucho de fútbol y que te rías de mis momentos de varón. Me gusta como besas y como me besas. Me gustas tú, y tu casa y sus hormigas.Me gusta no tener fotos contigo, pero si tenerte fusilado en mis pupilas. Me gusta desvelarme contigo, sin ti, pensando en ti. Me gusta besarte en el medio de la calle, aprovechando los semáforos con cronómetro, me gustan los besos de luz amarilla y de 75 segundos de semáforo de la principal de la Castellana. Me gusta ser tú referencia y tu ‘’summer affaire’’. Me gusta ir a conciertos contigo, y que me abraces en el medio de la multitud para protegerme, me gusta bailar contigo en la mitad de una canción de Masseratti2LTS, me gusta compartir un cigarro contigo. Me gusta abrazarnos mientras vemos películas y después de no-verlas. Me gustan nuestros lunes de Stand Up, nuestros miércoles de Flamenco, nuestros viernes de Rock y cualquier vaina, nuestros días de rutinas y diligencias, nuestros sábados de Playa y conciertos. Me gustan nuestras tardes de fútbol, y de películas a larga distancia. Me gusta que seamos así de inteligentes y que siempre tengamos de que hablar. Me gusta quién eres y quién soy, y me gusta que sigamos siéndolo aún estando juntos.

Vaya, en resumen. Me gustas tú. Me gusta esto. Ya lo dije.

sábado, 9 de julio de 2011

Juegos

Tú y yo jugando este  jueguito malsano.

Llegaste y colocaste tú tablero, yo traté a duras penas de imponer mis reglas. El destino se encargó de darnos las fichas y el dado. 

La vida hizo la primera jugada y juntos avanzamos un par de casillas.

Imprudente como siempre no consulté el reglamento antes de coger el dado y lanzarlo, antes de besarte en la segunda casilla y antes de desvestirme en el sexto movimiento.

Me negué a leer las reglas del juego por temor a no jugar.

Así que heme aquí, sentada en mi esquina de la mesa, moviéndome más por instinto que por estrategia.

Avanzo cuando me tocas, retrocedo si te desganas. Pido tiempo fuera para que me eches de menos, me reincorporo a besarte y veo si con eso me acerco a la meta. 

Poco a poco, entre cita y cita vamos sumando puntos, vamos restando complejos.Vamos moviendo el tablero, de la mesa a la cama, de la cama al suelo, del suelo al carro.

Mientras tanto te muestro mi perfil más honesto, que contigo no quiero tener pokerface.

Guardé el comodín de las palabras para tener algo que decirte, aún cuando sé que ese momento puede no llegar nunca. Marqué una de mis cartas para que la conserves cuando te vayas.

Te quité las tarjetas de ‘’salir de la cárcel’’, para tenerte prisionero en los paréntesis de mis piernas.

Me diste como privilegio el beneficio de la duda, te di como garantía la excepción a mis reglas.

Nuestro juego supone una puerta entreabierta entre tú boca y mis ganas, nuestro juego presume que estamos en igualdad de condiciones.

Tu tablero es una calle ciega. Un laberinto sin salida en el que quiero adentrarme.

Y ambos estamos frente a frente, evaluando nuestras jugadas.

 Temerosos a la remota posibilidad de que la incertidumbre se transforme en goce, que el goce se vuelva felicidad, que la felicidad venga a interrumpir el juego y que alguno se vea forzado a abandonar la partida.

jueves, 7 de julio de 2011

Miedos.

Si le tienes miedo al pasado puedes estropear el presente.

Así dijiste.

El tema está en que yo, honestamente no le tengo miedo al pasado, ni al tuyo ni al mío.

Yo, a lo que si le tengo miedo es a que decidas invertir tu tiempo –mi tiempo, nuestro tiempo- en recordar tú pasado, a desear ciertas cosas de tu pasado.

 Porque yo no puedo competir contra eso.

Y es verdad, no tengo porque competir contra algo que ya ni siquiera es parte de tú vida no tengo porque desgastarme tratando de superar algo que bueno o malo ya pasó, pero siento que el hecho de que inviertas un segundo en pensar en tú ayer, -en un ayer donde yo no estaba- es una falta de consideración para conmigo, que solo puedo ofrecerte un hoy, y unos cuántos mañanas.

Lo que menos quiero es que se estropee el presente, créelo. 

Que con bastantes fantasmas luché para tener al menos un poco de presente contigo, pero creo que si yo estoy sobreviviendo a la puta incertidumbre y aprendí a vivir un día a la vez contigo sin darme tanta mala vida lo mínimo que merezco es que creas en esto

Sea esto lo que sea.

Que creas un poco y que no recurras a tú ayer para matar las horas. Que no bebas en nombre de un pasado que ya no te acompaña, que creas en esto lo suficiente como para llamarme hoy, mañana y así sucesivamente.

Y te repito, yo no le tengo miedo al pasado.

 Yo lo único que temo es a que tu te quedes pensando en eso y te ausentes de mi presente.





lunes, 4 de julio de 2011

Nuestra utopía. Existe.

Algunas noches como esta me pongo a pensar en cosas como que prefiero pasarme la vida leyendo un buen libro en algún banco de una plaza, o caminando con los pies metidos en el mar. A veces quiero ser como cualquier heroína de película gringa llena de conflictos emocionales y poseedora de un look desastroso. Una heroína llena de ganas de salvar el mundo, de salvarte, de salvarse…

Conforme pasan las horas veo que aquí –sin ti-, todo está en calma. Quisiera gastarme los minutos bailando en alguna plaza o contigo en la mitad de un concierto callejero en vez de estar perdiendo horas de mi vida en una peluquería tratando de ser ‘’más bonita’’.Que sepas, que desde que te vi me gustan más los besos inesperados y los abrazos de oso que aquellas demostraciones de cariño perfectamente planeadas.

 Prefiero las caricias inapropiadas por debajo de la mesa y las miradas de reojo a esas técnicas de conquista de macho alfa en algún bar. Las conversaciones inteligentes, las citas de autores, películas y canciones me excitan mucho más que un manoseo carente de sentido. Y si bien es cierto que le tengo un miedo descomunal a los aviones, a veces sueño que tomo un par de ellos para verte, a ver si así abarco el trecho que separa mi soledad de tu vida. Prefiero hacer una película contigo, a ver alguna historia romántica juntos en el sofá de tu casa.


Prefiero que me dejen marcas de constelaciones en la espalda a tumbarme en la grama a ver las estrellas y pedirles deseos uno tras otro. Todos los días tengo la necesidad imperiosa de perderme entre páginas de libros, historias, histerias y caracteres de algún texto a medio terminar.

Necesito perderme en alguna página que me enseñe a pretender que no voy a quererte. Quiero que sepas que para mi la soledad no es más que una libreta llena de garabatos. Y que quiero leerte las historias que hago con ellos. Quiero regresar a tu casa con el mar en la piel, las manos llenas de ganas y el corazón confiando en un par de sueños, limpia de voz y repleta de silencios. Prefiero el sonido de tu voz del otro lado del teléfono, y mis gemidos pegados a tu oído deseando tenerte aún más cerca.

He dejado –al menos por ahora- de coleccionar desengaños propios y ajenos, he retomado el amor por mirar a los ojos, y acariciarte sin tener pena. Quiero hacerte un rompecabezas de recuerdos y dejarte una estela de ropa en el piso de tu cuarto. Quiero que recuerdes mi risa ese día de verano, el abrazo contemplando el mar y yo mirándote dormir.


Me gusta hablar de todo, y reírme por nada. Me gusta que sepas que la fórmula mágica es ‘’vivir y dejar vivir, y que si el mundo se acaba que nos pille juntos, en algún bar’’. Cierro los ojos y me dejo llevar, y sueño que un día las hormonas le ganen la batalla a todos mis miedos. Para que tengamos cenas sin fin, cuyo plato principal sean tus besos y el ron sea nuestra bebida de los viernes.

Y que hagamos un viaje largísimo por carretera, para tomar fotos y acampar juntos, y llevar en mi maleta sueños en forma de ropa interior. Ir los dos en la camioneta con rumbo a lo desconocido, haciendo una parada en la libertad… Susurrándote: ‘’si se te acaba la gasolina, me muero’’ y riéndome cada vez que te grite: ‘’vamos a morir’’. Tomándote fotos improvisadas y buscando alguna que sea lo suficientemente espontánea para hacerla nuestra foto de perfil.
Quiero dormirme con tu mano acariciando mi pelo, tu boca besando mi espalda, dejando un testimonio de tu visita en mi nuca. Declarando con besos que ‘’estuviste allí’’.

Y amanecer dando gracias a la tecnología por acercarnos, y salir a la calle de la mano, que el verano puede durar más que un par de meses.

Toma mi mano, abróchate el cinturón, cojamos este avión y vayámonos a dónde no se llega tarde, nunca.