Vine a hablar de ti.
De tú manera tan peculiar de saber cuando estoy disimulando, de la música que te gusta oír y que a más nadie parece gustarle. Vine a hablar de ti, de esa cualidad innata de pedirle más a la vida, de esa fobia confesa a la mediocridad.
Vine a hablar de ese modo de mirar que tienes, que me desviste sin pudor. Vine a hablar de tú tono de voz y de cómo te ríes en silencio cuando sabes que estoy a punto de decirte una imprudencia.
Vine a hablar de lo experto que eres haciendo los cambios del carro con una sola mano, para poder sujetar la mía cuando manejas. Vine a hablar de lo bien que cumples tu rol de despertador cuando tienes que levantarme para ir a algún sitio.
Vine a hablar de tú amor por los niños, por los perros y por las actividades al aire libre.
Vine a hablar de tu premisa de ‘’vivir y dejar vivir’’ que tanto me gusta.
Vine a hablar de tu drama circundante, ese que está siempre presente y del que no quisiera hablar más nunca.
Vine a hablar de tus propuestas de citas, de las colas que te has aguantado para verme. De los primeros besos tímidos, de los pines que nunca llegan. De las películas a larga distancia.
Vine a hablarte de los conciertos a los que me llevas, de las canciones que cantas a todo pulmón, de la vez que te quedaste dormido en la playa, de lo perfecta de tu espalda, de lo bonitas que son tus manos.
Vine a hablar de los dos en esa playa medio solitaria, de lo natural que se siente todo. De lo mucho que disfrutas mi compañía.
Vine a hablar de ti, y de mí… y de lo maravilloso que es que contigo esté yo, y no ella.
Vine a hablar de tu cuarto y de tu carro, que han sido cómplices de todos estos encuentros. Vine a hablar de tus conocidos y ventajas en aquel bar, de todas las veces que me preguntas ‘’ ¿estás bien?’’, de los cigarros de doña que a veces te toca fumar.
Vine a hablar del hecho de que no te apene presentarme a tus amigos, de que aún quieras agarrarme la mano en público. Vine a hablar de ti abrazándome por la espalda mientras oíamos a Masseratti2LTS.
Vine a hablar de lo bien que besas, de lo mucho que me gustas, de lo caduco que siento que es todo esto.
De tu escasez de palabras y tu exceso de acciones. De que aún a pesar del poco tiempo sepas complacerme.
Vine a hablar de lo relajado que eres. De tu sistema de creencias en el que todo está bien porque todos los días valen la pena. De los emoticonos que pones en nuestras conversaciones y que yo suelo interpretar en frases elaboradas que sé que piensas pero que no dices. Vine a hablar de los reportes, de los ‘’ya llegué’’, ‘’voy saliendo’’, ‘’baja’’ que sueles escribirme un día sí y uno no.
Vine a hablar de las veces que me has dicho que deje la inseguridad allí, al lado de la ropa que me quitas, que esto se siente bien y que no hay porque preocuparse.
Vine a hablar de tus ganas de hacer el verano un poco más largo.

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