Y eso es lo que tienen los aeropuertos, que unen y separan a la gente, que traen consigo una melancolía de proporciones épicas. Eso, y que tú y yo estamos condenados a tomar malas decisiones, como ésta que hoy nos coloca en caminos paralelos, pero en direcciones completamente opuestas. (Al menos el destino tiene el buen tino de alejarme de ti sin tener la necesidad de verte partir).
Espérame allí, en la puerta número 6, o en la de la 402. En el mismo punto donde todo comenzó.

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