No recuerdo muy bien como ocurrió todo. Mentira, lo recuerdo a la perfección, es solo que mi lóbulo temporal y mi memoria intentan jugarme trucos para ver si así logro vencer al maldito insomnio. Insomnio que se ha transformado en el único acompañante masculino de todas mis noches.
Lo recuerdo muy bien, por su culpa hace más de quince días que duermo, más no descanso. Hace más de quince días lo cambié a el por este insolente insomnio. Ahora sé que me cuesta horrores dormir sola y que para llenar tu vacío tuve que invitar al insomnio a compartir mi cama, a ocupar ese espacio entre la pared y mi espalda.
Imagínate lo difícil que fue enseñarle a mi insomnio a dormir en ''cucharita'', a roncar ocasionalmente, a imitar la pose extraña que toma tu mano cuando se coloca en mi costado, a respirar suavemente y a transferir el calor de tú cuerpo al mío. Ha sido una tarea titánica, tan dificultosa que sigo sin dormir bien.
He intentado por todos los medios conciliar el sueño, dejar de pensar en esa primera noche en la que dormimos juntos. Olvidarme por un rato el temor que me producía amanecer al lado tuyo y dejar de recordar la seguridad que me generaba verte despertar en las mañanas. Creo que tendré que dejar de usar tus pijamas a ver si así recupero las horas de sueño que he invertido en pensarte.
No sé si lo recuerdas, pero una vez me preguntaste que se sentía dormir a tú lado. Te miré y fruncí el ceño, intentando hallar una frase perfecta, un adjetivo calificativo que describiera todo lo que me pasa en esos instantes en los que tu cuerpo se amolda a las sabanas. Respiré hondo y te dije: ''es indescriptible esa sensación que me produce verte yacer al lado mío, sentir tu respiración apacible y tu mano rozar mi cabello, es algo tan natural que me produce una paz enorme. Justo antes de abandonarte al sueño, te incorporas solo lo necesario y me besas, me das un beso tierno, casi casi ritualístico. Como si fuera un requisito para dormir bien. Luego, me abrazas con fuerza y te duermes.''
Dormir contigo es sentir que el mundo se detiene, o que al menos gira más despacio sólo para no interrumpir tu sueño profundo. Dormir contigo me genera una paz inigualable,una paz que cuando no estás no siento, y que no puedo conseguirla sin dirigirte al menos un último pensamiento nocturno.
Me acostumbré tanto a tí que ya no ocupo el centro de la cama, sino que inconscientemente me acomodo de lado, justo en el lado izquierdo del colchón, enrollada entre las sabanas dejando el espacio para que llegues y me abraces, para poder sentir tú respiración calmada en la parte posterior de mi cuello, para sentir tu brazo bajar por mi muslo izquierdo de manera delicada como saludo de ''buenos días''.
Entonces dime, ¿que carajo debo hacer para decirle al insomnio que se vaya y te deje regresar?.

El insomnio es como una droga. También sirve para llenar la ausencia y el miedo a olvidar.
ResponderEliminarEn fin.
Quizás durmiendo te llegue el insomnio...
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