Buenas noches.
Pasaba por aquí y ví la luz de tu cuarto encendida, dudé por un momento sí entraba y te interrumpía, no sé cuanto tiempo estuve así, entre el umbral de la puerta, mirando por la rendija que dejas entreabierta hasta que me decidí a entrar. Pensé que a lo mejor no tenías sueño, o no podías dormir, que son cosas muy distintas. Quise saber si te apetececía que habláramos un rato.
Estuviste en silencio durante unos instantes, advirtiendo tus dudas te dije ''quédate así, por mí no te preocupes''. Puedes seguir haciendo lo que hacías, leer, pensar, mirar la luna por la ventana, puedes seguir amándote en solitario con entera libertad, sin pudor ni miramientos. Creo que tenemos la suficiente confianza como para no andar con remilgos de recién conocidos, o de extraños.
Aunque claro, si cuando te interrumpí me estabas esperando, pues mucho mejor. No sabes lo feliz que me hace sentirme esperada, entre la espera y el deseo la distancia es ínfima.
De todos modos, aquí estoy. Sentada al borde de la cama, con la pijama que más te gusta, ésa que delinea el contorno de mi silueta femenina, pero que es tan cómoda que acentúa ese carácter étereo de diosa sexual-niña mimada que solía encenderte las pasiones y los bajos instintos.
Estoy dispuesta a compartir contigo las horas que separan las locuras taciturnas del amanecer colmado de obligaciones. Estoy aquí, como cada noche. Estoy aquí, reciclando las excusas, carcomiéndome las ganas, juntando los pedazos rotos que componen la ilusión.
Aquí me tienes, con mis cuentos infantiles, con mi anecdotario viejo. Con mis frases célebres y mis versos de Whitman, con mis coplas de Serrat, con mis pensamientos destructivos y mis más profundas ensoñaciones. Aquí me tienes, con mis discos y mis libros, dispuesta a hacerte pasar un rato agradable. Sí todo eso falla sabes que puedo recurrir a las caricias, a apagar la luz y a desvestirnos, no me importa si no consigo entretenerte, porque al menos habremos estado acompañados, y a fin de cuentas la vida se reduce a buscarnos compañía.
Ambos sabemos que todo lo demás son solo trucos y pretextos para evadir la soledad.
Hoy te necesito más que ayer, aunque un poco menos que mañana.

Esperaré sentada en el borde de la cama, reprimiéndome las ganas de besarte como nunca, si así es la vida que me espera, no se si prefiera esperar hasta mañana y quitarme estas ganas o acabar con este insomnio que grita a luz de luna -muérdeme por la cintura-.
ResponderEliminar