Está bien. Lo admito, abandoné el blog.
No fue un abandono total o como diría mi libro de Civil '' un abandono liberatorio de la cosa'', porque nunca podría abandonarlo del todo, pulsar la tecla borrar y eliminar las entradas de este blog. Sería como eliminar una parte de mi misma y eso sería cobarde.
Pueden llamarme incumplida, inconstante, o como les de la gana, pero es que hay momentos en los que las emociones son tantas que se me anestesian los dedos y me es imposible teclear; hay épocas en las que el dolor llega y anula mis palabras y luego, la felicidad llega de pronto y me distrae.
Lo admito, dejé de bloggear por vaga. Porque en este tiempo en el que estuve en modo stand by me perdí, no por decisión propia, sino porque el destino se encargó de cortar los nexos con mi fuente de inspiración y vistió a mis musas con un tono negro.
Dejé de bloggear porque el insomnio fue expulsado de mi lado y llegó La Parca con su cara desdibujada a demostrar mis miserias más humanas. Ella me hizo pasar períodos de tiempo fatal, de ese que transcurre en los relojes y los calendarios tratando de asir-sin éxito- la mano de mi versión de Úrsula Iguarán. Ella, con su sabia maldad me hizo pasar tardes enteras pidiéndole a Dios un milagro que no llegaría.
Y en vez de dejarme al menos al insomnio, que me obligaba a drenar tecleando, me dejó a la desesperanza como compañera de cuarto, a la tristeza como el maquillaje que me cubre el rostro, y a las excusas como único consuelo.
Y ahora es la negación la que me devuelve la mirada cuando me veo en el espejo. Y es el recuerdo dulce de la agonía el que me despierta en las mañanas, y eres tú, Mamama quien desde el vacío que nos dejaste por casa, me intenta reconciliar con mis valores y mis oraciones de niña.
Ahora entiendo porque en las películas los entierros se hacen bajo la lluvia más torrencial, porque en medio del dolor son las sombras las que nos protegen. Verte allí en ese esplendor florido del Cementerio Del Este y justo en un día de las madres, me parecía grotesco, y así lo protesté.... creo que lo que más pesar me dió no fue que murieras, sino que yo no pudiera expresarte mejor lo que eres para mí.
Y ahora siento que todo se me acumula en la espalda como un lastre pesado, como un conocimiento siniestro que intenta hallar una explicación médica a una situación netamente emocional.
Pero volví al blog, después de mucho pensarlo, después de muchos clicks errados al navegador. Heme aquí tecleando, con un dolor entre el corazón y el pulmón derecho que no me dejan escribir mis historias de amor usuales y me hacen decantar por esta letanía de tristezas.

maravillosas las palabras que tecleamos porque en ellas resumimos potentes sentimientos
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