viernes, 16 de julio de 2010

¿Para qué dejar que el miedo entre sin llamar?

Hace menos de un año le escribí una carta a la chiquilla aprensiva, llena de complejos y temores que solía ser, le dije que respirara, que se mantuviera íntegra, que todo iba a mejorar, que después de que se toca fondo solo queda escalar el abismo y salir a la luz nuevamente, que después de caer tan bajo lo que queda es pararse, sacudirse el polvo y empezar a caminar. Le dije que era normal tener miedo y que el camino de vuelta a ser ella misma estaba lleno de obstáculos, de muros y de soledades, pero que el paisaje y la vista desde el punto más alto valían la pena. Le dije que se aferrara a la escritura y a la música como si fueran su tabla de náufrago y que dejara las ganas de huir y el autosaboteo de lado, que no era necesario magnificar los errores y lapidarse por no ser del todo buena.

Hoy, hace menos de un año le grité con un poco de rabia que estaba harta de tener que rescatarla siempre, y nos peleamos, ella por su pesimismo exacerbado y yo por mis ganas a veces traicioneras de salir adelante. Durante un tiempo sentí que había sido muy dura, pero hoy le digo que era la manera para que ambas pudiéramos salir de esto de la única forma que conocemos, con éxito. Discúlpame por haberte anulado y haberte mantenido a raya en más de una ocasión, porque aún cuando mi mano izquierda quiere darte libertad y considera tu drama divertido por intervalos de tiempo, mi mano derecha controladora siente que debe ponerte un bozal de cuando en cuando.

Hoy,hace poco menos de un año dejamos las dos de huir por cualquier cosa y comenzamos la titánica tarea de asumirnos, de entender que el optimismo y el escapismo son dos fases que nos unen y nos separan y que el abismo entre las dos tiene como característica positiva que siempre podremos construir un puente para cruzarlo y reencontrarnos. Aprendimos a tolerarnos y a saber cual era el momento de cada una, dejamos de sentirnos anuladas a base de medicamentos y máscaras para sobrevivir y entendimos que el disfraz de víctima a ninguna de las dos le luce, y ya sabes que odiamos sentirnos atrapadas en una ropa que no nos gusta, ni nos favorece.

Estuve sola mucho tiempo, y te pido disculpas por no haber creído en que eras necesaria y que este reto era tan tuyo como mío, pero sabes que muchas veces te culpo de los embates del destino y de la mala suerte. Hoy te pido que volvamos a ser una, y a entender que si debemos separarnos es por el bien de ambas, a las pruebas me remito.

Quiero agradecerte tantas cosas, entre ellas que tú a pesar de todo no tienes miedo a equivocarte, a amar en demasía, a hacer el ridículo, a ser libre y decir exactamente lo que sientes, como lo sientes y cuando lo sientes. Sabes que adoro tu espontaneidad y tú efervescencia, y que me río de eso aunque nos metas en problemas por ser políticamente incorrecta. Gracias por no editarte, por enseñarme el valor de cambiar y reinventarme, por hacerme sentir que no siempre tengo que jugar por las reglas, y por imponerme –a pesar de mis luchas- el dogma judeocristiano de la culpa como motivación en caso de emergencias.

Hoy, descubrí que somos un buen dueto. Que así como yo soy orgullosa, prepotente, y mantengo el tipo somos la mejor versión de mi misma que podía desear. Sin tu risa de hada y mis miradas encendidas, sin tu pesimismo y mis cuestionamientos, sin tu creatividad y sin mi autoritarismo estaríamos perdidas…

2 comentarios:

  1. Me encanta lo transparente que eres al escribir como lo haces, sin esperar que nadie lo lea, parece mas bien una forma de hablar contigo misma, lo que me hace creer que a traves de tu blog conosco a la parte mas franca de ti, seguire leyendo tus post... saludos! Espero algo de locura e irreverencia en el proximo, pero sin caer en mascaras. ;) ya atrapastes a otra amiga lectora..

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  2. Gracias por pasearte por aquí y disculpa mi demora en contestar. Sí, este blog es una conversación abusrda y catártica entre todos mis yo, entre mi alter ego que se arriesga en desnudarse ante unos lectores desconocidos y en ese yo que soy día a día que teme desnudarse ante ella misma.

    Espero seguir recibiendo tus comentarios, sin importar si un día quieres escribirme que ya estás harta de mis cursilerías, aquí se acepta de todo, menos la mala ortografía.

    Un abrazo

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