sábado, 24 de julio de 2010

Recuerdos...

Recuerdo que mi primera travesura fue tirarle un cenicero a mi hermana mayor en una de esas tantas discusiones infantiles que mi papá resolvía amarrándonos ''barriga con barriga'' para luego compadecerse de nosotras y pedirnos que no peleáramos más.

Recuerdo que en mi primer día en el preescolar conocí a mi mejor amigo, fue un ''hola, me prestas tú color azul'' y justo allí hicimos click, fue una especie de convenio tácito, de sentarme durante toda esa semana en la sillita roja al lado de su silla amarilla y listo. Aún hoy somos amigos, y lo recuerdo un par de veces por día.

Recuerdo que el Bati-bati era mi helado favorito, que de allí surgió mi apodo y las calcomanías de Batichica que atesoro en un cuaderno al que llamaba ''Chismógrafo''. En ese cuadernito anotaba todo, nada que pueda compararse a un diario, pero era mi versión primitiva de éste blog, con sus manchitas de tinta, sus calcomanías y sus frases de canciones en los márgenes. Recuerdo que mi primer discman fue azul con plateado y me lo regalaron porque por un año entero la maestra no me había botado de clase, eso fue cuando estaba en 6to grado.

Recuerdo que mi primer yeso me lo pusieron porque me fracturé jugando futbolito con mi primo y sus amigos, el tenía 22 y yo unos escasos 12 años, pero el sabía que era una dura jugando y me convocaba siempre, sabía que aguantaba como ''macha'' los golpes y que para mi jugar con el era mi momento de ''buza'' del día.

Recuerdo también que la primera ropa que me compré fue con el dinero que el Niño Jesús me trajo, era de CONFETTI y era un look un poquito Avril Lavigne (patético, lo sé).

Mi primer amor adolescente se llamaba Joshua Jackson, hacía de Pacey Witter y salía en Dawson's Creek, serie que amaba y cuya banda sonora está inmortalizada en los Cd's de las 5 temporadas que me calé, -originales- que pedía como regalo en TODOS mis cumpleaños.

Mi primer beso llegó tardiamente, a eso de los 15, que fue cuando los niños se dieron cuenta que yo no era una más del combo, si no que era del sexo opuesto. Ya no era un ''psp'' (pana sin pipí) sino una niña como cualquier otra, pero a la que le tenían una confianza ciega. Recuerdo que fue en Puerto La Cruz, en la casa de mis tíos, en el porchecito donde los vecinos paran las motos, recuerdo que no lo vi venir, pero que inexplicablemente lo deseaba. Ese también fue mi primer amor de verano, y una de mis recurrencias.

Fue a los 15 también que usé mi primera y única cédula falsa para entrar a un local, fui a rumbear con mi prima la noche antes de irnos a Cuyagua, a un local llamado Galenos que tenía pinta -para ese entonces- de haber sido sacado de The OC.

Mi primera escapada llegó también con el que solía robarme los sueños y que ahora, de mutuo acuerdo es solo mi mejor amigo. Fuimos a un lugar que ya ni recuerdo, solo sé que dije que iría a acompañarlo a algún sitio y terminamos en el parque de su edificio hablando paja.

Mi primera borrachera la tuve en Puerto la Cruz, en el verano 2008. Ese verano tiene la mayor cantidad de recuerdos y blackouts juntos, por más insólito que parezca. Recuerdo hacer topless a luz de día, salir y tener aventuras a poca luz. Recuerdo tachar cosas de mi ''To do List''. Ese verano tiene las locuras más extrañas, los tragos más tempraneros y las confesiones más absurdas de toda mi vida condensadas en una Wagonier vieja, en la circunferencia de un jacuzzi y en un cd lleno de videos nunca-nunca publicados.

Mi primera pea rayando en coma etílico fue en casa de mi mejor amiga, producto de una combinación rara de tragos, el despecho típico de un novio regañón, la felicidad de haber pasado todos los parciales ''reventando la liga'' y la confianza de estar con mis mejores amigos.

Recuerdo también mi primer momento ''guarro'', de esos en los que se te suben los tragos, las miradas y las insinuaciones y terminas teniendo un affair prohibido y dirty en la pared de la casa de una de tus amigas, y justo al día siguiente amaneces tranquila y campante diciéndole a tú ratón moral que ''si no me acuerdo, no pasó''.

Mi primer viaje sola fue a México, tal vez no sea considerado por muchos como un viaje de esos que cambian vidas, pero para mí fue un viaje en todo el sentido de la palabra. Uno de esos típicos de los libros en los que la protagonista lo hace y termina cambiada, un viaje de esos en los que al volver nada es como cuando nos fuimos.

Recuerdo que tuve muchos encuentros cercanos del tercer tipo en la parte posterior de 3 carros en específico, por más cliché que esto suene.

Y aún recuerdo cuando tenía esa fluidez en la palabra, el sarcasmo a flor de piel, y las ganas disimuladas entre mi sonrisa no tan franca y mi mirada un poco pícara.









2 comentarios:

  1. Me gusta mucho este post, es de esos que hacen que uno quiera leer mas y que sin quererlo uno se encuentra contestando con las experiencias propias

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  2. que bueno que te haya gustado, a veces los recuerdos se vuelven tan universales que cualquier puede sentirlos como suyos. Un abrazo

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