Hay sensaciones que son difíciles de emular, de repetir y que a pesar de eso quedan vívidamente grabadas en dos de los lugares más difíciles de todo ser humano, en la memoria táctil y en la razón.
Ésas sensaciones van desde sentir deslizarse por el cuerpo un suave vestido negro largo Chanel de terciopelo hasta la textura de un Tiramisú. Es recordar como bajan las burbujas de champaña por la garganta y como pica un buen tequila en la punta de la lengua. Es sentir el roce de un río gélido en Cuyagua después de un largo día de sol. Es saber diferenciar entre miles de labios aquellos que pertenecen a la persona que amas.
Ojalá fuéramos más piel que neuronas, a ver sí así nos atrevemos a sentir un poco más.
Es increíble como podemos olvidar nombres y caras, lugares y personas, pero aún así hay sensaciones que perduran a lo largo de los años. El roce de una mano amiga sobre el cabello en un arranque de ternura, el frío del piso del cuarto de baño al salir de una ducha caliente, la suavidad de una caricia. Lo áspero de una chemisse nueva, lo resbaloso de la piel de un delfín cuando nadas con él en un océano abierto.
La ligereza de un ramo de flores, la fineza de un papel escrito por alguien importante. Lo poroso de un billete ganado con el sudor de nuestro trabajo, el olor de un perfume apto para la seducción. El roce de una barba de descuido masculino en el cuello antes de un beso. La sensación de la arena de una playa cualquiera entre los dedos de unas primas cómplices de todo. La desesperación producto de una despedida absurda e INCOMPRENSIBLE. La satisfacción de ver un amanecer maravilloso en la entradita de una carpa.
El miedo de la primera vez, el apuro de hacer las cosas. Las prisas para alcanzar un vuelo, los nervios antes de dar el sí. El envoltorio de un regalo al romperse, las ganas de aplastar todas las burbujitas del papel protector de algunos objetos.
El roce de un cigarrillo con las manos, el frío de un copa de vino blanco. La concentración que requiere ganarse algo en la vida, la angustia que genera no poder decir verdades a tiempo...La presión que ejercen un par de zarcillos nuevos, el roce del cabello húmedo sobre la espalda desnuda. La ansiedad que despierta un viaje. La necesidad que se produce en el corazón para poder ver a alguien. La nostalgia que producen las despedidas. El temblor que se produce en las manos a la hora de anudar una corbata a alguien a quien sólo quieres desvestir. Lo gomoso de un jelly-shot en plena rumba, el calor de la gente a la hora de bailar, el cuero de unos tambores en un repique en Choroní.
Sensaciones, emociones. Percepciones y visiones. Ojalá usáramos más la piel y los sentidos y dejáramos olvidados la razón, el temor y el sentido común, al menos por lo que queda del año.

"La necesidad que se produce en el corazón para poder ver a alguien."....... Ahora sabes por qué leo tu blog, porque dices todo lo que yo no me atrevo a publicar.
ResponderEliminarCariños,
ardi!
"El temblor que se produce en las manos a la hora de anudar una corbata a alguien a quien sólo quieres desvestir" hermosa imagen Bea, entre muchas!
ResponderEliminarBesos...
Hola! primera vez que paso por aquí.
ResponderEliminarMe encantó este post... A veces no apreciamos las sensaciones, las dejamos pasar como algo más, sin darnos cuenta que al fin y al cabo son las responsables de regalarnos emociones y momentos que nos confirman que respiramos.
Ojalá sí, pudiéramos sólo sentir sin darle tantas vueltas a la cabeza.
Saluditos!!!