Ser una musa, es denigrante.
Con esa frase te di la bienvenida, dejándote en claro que ese rol que habías elegido para mi me daba urticaria, que no lo consideraba ni siquiera un halago.
Te reíste de mi gesto, de mi ceño fruncido, de mi actitud de princesa ofendida, y continuaste deshaciendo la maleta, separando la ropa sucia, de los regalos que habías comprado, sin prestarme la más mínima atención.
Ibas y venías por la casa despreocupado, apenas me dedicaste una mirada te repetí;
Ser una musa es denigrante.
Con esa paciencia que te caracteriza te sentaste en el borde de la cama, me miraste, respiraste profundo para controlar la risa, piropeaste lo bien que me veo cuando estoy cabreada -como salida de película de Almodóvar- y dijiste;
-Discúlpame bonita, pero eso no lo decides vos. Eso queda parte del que te busque como musa, para pocos hombres -como yo- serás musa. Mi musa. Para otros una ninfa, para algunos un avatar precioso, y para la mayoría una más del montón.
Nunca podré ser una más del montón, así como no soy una musa. Que empeño el tuyo en inventarme papeles en tu vida.
-Pues no es así, no tienes la razón ni tienes porque tenerla. Ser o no una musa no es algo que eliges tú, es un rol que el otro, en este caso este loco que soy te ha dado en la película de su vida. Penélope no eligió ser Raimunda en Volver, Pedro, le asignó ese papel. Para mi eres una musa, la más exótica musa que ha venido a este casting en el largometraje de mi existencia frívola y carente de sentido. A veces rotas de rol, y te sorprendo musa-ninfa-anhelo-super heroína-, pero es solo a veces.
Me paré de la cama, miré por la ventana, prendí un cigarrillo, suspiré y te dije:
Es que no quiero ser una musa, las musas son intangibles. Ellas te obligan a hacer cosas, pero no quieres hacerles cosas a ellas. Yo quiero ser una mujer,tú mujer, así de simple.
Voltée a verte, con los ojos inundados de lágrimas, cansada de tener que explicarme siempre, de buscar argumentos para convencerte, para que el abismo entre los dos se acorte, para hacer un puente donde encontrarnos, para que me tomes en cuenta más allá de tus delirios de creativo venido a menos.
Seguías allí, en la cama, impertérrito, con la misma ropa con la que habías volado de regreso a casa, jugando con mi encendedor distraídamente, buscando algún otro argumento;
-Cuando decidí volverte mi musa lo hice con la doble intención de herirme y quererte. De herirme sabiendo que las musas son bellas, caprichosas y tercas, por lo que entran y salen del panorama cuando les place. Decidí hacerte musa para quererte, para forzarme a encantarte tanto como para que cortases tus alas y te quedases aquí.
Lentamente,como saliendo de un trance me miraste, te levantaste y fuiste acercándote poco a poco, mientras me acariciabas los hombros y me sujetabas el cuello con firmeza, para que no desviara la mirada,para que el café de mis ojos y el de los tuyos fuesen uno... rompiste el silencio y casi en un susurro hablaste;
-Si pretendes dejar de ser interesante, para no convertirte en musa entonces tendrás que hacer un voto de silencio, porque es la única manera en la que dejes de ser una fuente de inspiración, y aún sumida en el más absoluto silencio seguirás siendo musa.


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