
Todas las historias deben tener protagonistas, y éste caso no es la excepción. El sujeto X (o mi amigo) y su gato Manolo, técnicamente no es su gato, más bien es el gato de su familia.
Por cosas de la vida Manolo llegó hace como seis meses al hogar de mi amigo, una casa llena de plantas de ésas grandes y llenas de problemas domésticos llamados RATONES, por ironías de la vida Manolo -llamado así por la afición de mi amigo de nombrar a cuánto bicho llega a su casa como torero español- odiaba a los ratones, les temía y para nada podía cazar a uno. Pero nadie se había preocupado por eso, era un detallito insignificante (o al menos ése era el consuelo de mi amigo).
Al cabo de los meses el gato Manolo fue mostrando su verdadero yo, que no era más que un híbrido entre ''Hello Kitty'' y un gatico made in ''Los Aristogatos'' de Disney, Manolo, con su cola esponjada cuál secado en Sandro, Manolo el que debía ser el cazador con nombre varonil descubrió que ''botaba las plumas'', o las bolas de pelo.
Fue un choque total de caracteres dónde mi amigo el Sujeto X tuvo que acostumbrarse a salir a defender al minino de las peleas con gatos callejeros los cuales miraban a mi amigo con su mejor expresión de ''saca a tu mariquita de aquí antes de que lo volvamos gatarina''. Y mi amigo abnegado debía recoger al Manolo para depositarlo en su lugar favorito, el clóset de tacones de su mamá.
Si el gato hablara creánme que cantara algo de Gloria Trevi.
Poco a poco Manolo nos sorprendía con su comportamiento, ronronea apenas lo rozas y mira las manos de los visitantes con deseo. Su miau es armónico, agudo, a lo ''The Nanny''.
Pobre gato, no sabe ir al baño en el amplio patio trasero, sino que como ''señorita'' usa su cajita de arena. Es de gustos exquisitos, sólo ingiere Gatarina y prefiere quedarse mirando la calle por la ventana y tomar largas siestas embellecedoras. Sin contar que su hobbie favorito es montársele a cuánta persona intente sentarse en la sala del hogar de la familia X, ahí si abandona todo raudo y veloz para tener una sesión de acurrucamiento.
Yo que lo había visto todo nunca me había imaginado esto. Fin de mundo como diría mi abuela, y es que definitivamente hasta los gatos se mariquean.

Jajaja, que gracioso el gato Manolo, que señorito. Habría que hacer un cambio con los mios que son unos auténticos salvajes.
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