domingo, 2 de agosto de 2009

Veinte velitas para una sola torta.


No sé si cuando vine al mundo ya tenías 5 meses esperándome, solo sé que desde que aprendí a ir al baño solita y a avisarle a la maestra que tenía una urgencia TÚ has estado allí, desde las camisas rojas del Pre-escolar hasta la última camisa blanca que usamos en Primaria, entre los Doritos del recreo y los intercambios de lonchera, entre los primeros amores y los castigos colectivos cuando te portabas mal y yo accedía a echarme la culpa para que no pasaras los recreos solo.


Y fuiste un recuerdo tangible, no de esos implantados con fotos e historias, tú fuiste la primera mirada dentro del Agustiniano Cristo Rey y la última llamada durante la tarde de hoy. Fuiste el mejor amigo, y el primer contacto que tuve con el enamoramiento adolescente, fuiste el hermano y el cómplice, fuiste la risa estruendosa y las primeras lágrimas. Fuiste la ira contenida y el apoyo constante.


Yo para tí he sido tantas cosas que es imposible enumerarlas y a pesar de todo hemos sobrevivido al paso de los años. A los cumpleaños en distancias distintas, a las enfermedades maternas, a las malas decisiones, a las locuras...


Ya son veinte años. Veinte velitas para una sola torta, dos décadas y muchos momentos.


No sé si recuerdas, pero el primer día de septiembre del año 2002, en mi primer celular Telcel -para la época no existía MOVISTAR- yo estaba vistiéndome para el primer día del bachillerato, para cruzar el portón azul que separaba la primaria de las hormonas, las batas de laboratorio, la cantina de gente grande y el ''no más diario agustiniano'' y recibí el mensaje de texto más doloroso de mi vida. Decía: ''Hola Bea, es Stefano, te escribo del celular de mi mamá, es para que sepas que no iré hoy al colegio.'' Y quedé consternada, pero supuse que te daba flojera el primer día, hasta que poco a poco fui dándome cuenta que no te llamaban en ninguna lista, y pensé que sería una confusión, hasta que llegué a casa y te llamé donde tu mamá la que pronunció la frase más dura que la oí decir a lo largo de los años:


''No, Stefano no volverá al colegio porque estudiará bachillerato en el Champagnant''. (Imaginarás mi cara cuando tranqué el teléfono- que todavía era de esos de ruedita, de esos donde marcar a un número era una tarea titánica-). Pues si, no tuviste el valor de decírmelo. Y aún así yo estuve allí, me volví hasta barra del equipo de Kickingball del colegio, con el fin de verte en el Champagnant, nuestras eternas rivales. Y te veía, al menos una vez al mes. Todos los viernes que había partido.


Y nos acostumbramos. A la distancia y al teléfono. Y crecimos.


Y vinieron los problemas familiares y el apoyo incondicional, las llamadas, los mensajes de texto. Creo que me sé TODOS los teléfonos de casas donde has vivido y cada celular que has tenido. Y llegó la pubertad y tus novias locas,las que me odiaban, las que nos distanciaron. A las que en secreto y a voces odiaba. Y seguimos allí, amigos, hermanos. Imposibles.


Y entonces empezamos a vernos menos, como a poner lejanía, y nos veíamos en marchas y en toques, en locales y en sitios random. Siempre con la efusividad de dos locos enamorados, de dos amigos perfectos, y el ritual era el mismo, yo te gritaba desde el otro lado de la calle, tu corrías y me cargabas, y estábamos abrazados más tiempo del que se considera legal para sólo dos amigos. Y no importaba. Disfrutábamos cada abrazo porque sabíamos que esa sensación debía durar hasta que volviéramos a vernos.


Y un día, en mi cumple dieciocho te apareciste, en la puerta del local donde estaba. Y me sentí viva y adulta, fue el mejor momento de mi vida. Porque hiciste TODO por ir, y eso valía cada segundo de verte, con tu sweater con capucha y tus pecas, con esos ojos verdes que me parten la cordura y mi racionalidad.


Y aquí estoy, riéndome frente a la pantalla y botando lágrimas como tonta, porque no sé que regalo darte mañana, porque DEBO verte y porque sin tí, lo que soy no tiene sentido.


Gracias por ser el superhéroe que la vida me dió a escoger.


Apio verde tu yu.//


No hay comentarios:

Publicar un comentario